Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Marín al estilo Kasparov


Comprendo el desconcierto que muchos sufren por la aprobación de la cuenta pública de Enrique Doger. La mayoría de los periodistas que se encuentran estupefactos sufren la amarga receta de su propio veneno: dejaron de hacer periodismo y se convirtieron en profetas del desastre. Un día y otro también machacaron la versión de la persecución judicial y del exterminio mediático, provocado por la ira nunca saciada de Mario Marín, quien lo perseguiría hasta el fin de los tiempos. Desde su atalaya, incluso lo veían exiliado y vestido de guerrillero, al estilo Luis Paredes. Y sin embargo, hoy hacen cuentas y los números no le salen. Nunca hubo cacería mediática –salvo la de Intolerancia- y muchos menos la persecución judicial. Hubo, sí, mucho frío y soledad. Un glaciar. Y ahora, recurren a hipótesis disparatadas para explicar el Apocalipsis que nunca llegó, a ver si les creen sus lectores.

 

Si las profecías son disparatadas, más lo son los contra-Apocalipsis. Explicar por qué no llegó el fin del mundo es hilarante. Alejandro Mondragón, en Status, afirma que la condenación no llegará por los 365 días del 2007, sino por los 45 días del 2008. Para Enrique Núñez, existe un acuerdo por el que un Doger –liberado- se comprometió a no buscar la candidatura priísta al gobierno estatal; acuerdo, según el autor de Contracara, que no será cumplido por el ex alcalde. ¿Y porque alguien tendría frenar sus aspiraciones políticas, si le han dado luz verde desde el altísimo poder?  Por último, para Ricardo Morales, el perdón del marinismo al dogerismo es una infamia que confirma lo ya confirmado: que en Puebla nunca pasa nada, a pesar de que ocurran las mayores atrocidades. Claro que de eso se viene enterando apenas.

 

No. La explicación ni es profética ni tiene que ver los hados. Si Mario Marín perdonó a Enrique Doger y autorizó a la bancada priísta a votar su cuenta pública –obligando a los diputados zavalistas a tragarse sus palabras- es simple y sencillamente por un cálculo político. El gobernador, en su cierre, ha decidido jugar un ajedrez de alta escuela, solo comparable al estilo de Kasparov, después de los movimientos que el tablero ha sufrido a lo largo del 2007, lo que obliga a mover las piezas rumbo al 2009, que en realidad ya será el 2010. Si alguno de los periodistas profetas quisieran entender lo que pasó, deberían echarle un vistazo al libro del mejor ajedrecista del mundo, Cómo la vida imita al ajedrez. O este caso, a la versión marinista, Cómo la política imita al ajedrez.

 

Va la explicación simple y llana: con el indulto a Enrique Doger, Marín ha incorporado una nueva pieza a su tablero, pero lo más importante, lo ha sujeto a las variables que el gobernador desea jugar. Para bien o para mal, con la aprobación de su cuenta pública, es casi imposible que el ex alcalde rompa con el PRI rumbo al 2010. La jugada tiene más impactos de los previstos. Primero, el gobernador se coloca como un político de palabra que cumple sus acuerdos a muerte. Y no lo hace frente a la clase aldeana ni a sus medios oficiosos. Lo hace ante la cúpula nacional de tricolor, y específicamente, ante Beatriz Paredes Rangel, testigo del honor del acuerdo que incorporó a las fuerzas dogeristas en la campaña del 2007 para apoyar a Blanca Alcalá.

 

El que lleva la mano, lleva la tras. Cumpliendo su parte, Doger ha quedado atado al marinismo que tanto llegó a criticar. Si lo hubieran perseguido, el ex alcalde con toda naturalidad hubiera reclamado ante Beatriz Paredes, y sobretodo, en el 2010 hubiera podido romper con PRI, con una mano en la cintura. Ahora ya no podrá hacerlo. Así que bien visto el movimiento, el gran perdedor de una reconciliación Doger-PRI es Rafael Moreno Valle, quien había visualizado al ex alcalde como su ariete fundamental contra del candidato priísta al gobierno. Especialmente si, como han designado los hados, fuera Javier López Zavala. Una de las opciones del senador panista era hacer a Doger candidato, por ejemplo, de Convergencia, para que desde ahí lanzara sus dardos irónicos en contra del poblano-chiapaneco. En ésas condiciones, hubiera podido quitarles al PRI –le parece bien de 5 a 8 puntos- con lo cual Moreno Valle ganaría fácil la elección prevista como cerrada.

 

Lo de Marín es una genialidad: ahora controla la variable de la ruptura. ¿Cómo podría romper Doger después de que no fue ni perseguido ni atacado, sino todo lo contrario? ¿Con que cara llamaría al voto antiPRI –o antiMarín- si ha sido beneficiario de un indulto del gobernador? ¿Cómo podría seguir acusando de corruptos a los marinistas, si la suya propia –mínima, mediana o grande- ha sido perdonada por el Altísimo?

 

Doger, aunque no le guste, es hoy una ficha del tablero marinista. Marín recapturó una pieza suelta que –en un momento dado- podría resultar peligrosa. Desactivando la rebeldía del ex alcalde, le quitó a Moreno Valle una de sus fortalezas. Doger, por el momento es una pistola descargada.

 

Pero todavía hay más variables y movimientos de los que hablaremos mañana. Y es que los políticos no atienden a las profecías, sino a sus intereses.

 



 
 

 

 
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