La decisión definitiva ya se tomó en Casa Puebla: Zavala no llegará al Congreso del Estado. El dedo supremo ya señaló a Rocío García Olmedo.


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


La reorganización del marinismo

 

Sucede hasta en las mejores familias: en los tiempos de crisis, todos se unen para sacar adelante los momentos difíciles. Sin embargo, en los días de vino y rosas las diferencias salen a flote; los chismes se vuelven discordia y la envidia desata los lazos más fuertes. Ése parece ser el destino del marinismo: la burbuja originaria colapsó en los días posteriores al 14 de febrero del 2006 para reunificarse con el objetivo de ganar las elecciones intermedias. El triunfo de cuasi carro completo, así como el carpetazo de la Suprema Corte de Justicia, dieron rienda suelta a la borrachera de la victoria. Sin embargo, la discordia amenaza a la vuelta de la esquina y la ex burbuja ya nunca regresará a lo que fue. Y todo por una razón: de forma soterrada la ambición por el 2010 ya se desató, aunque todos los actores saben que falta mucho tiempo y cualquier cosa puede pasar en esos largos dos años.

 

La ex burbuja marinista hoy tiene tres actores centrales: Javier López Zavala, Mario Montero y Valentín Meneses. El primero de ellos sufre la peor de las paradojas: aunque en su papel como Coordinador Estatal de Promoción al Voto cortó rabo y orejas, hoy simplemente no tiene dónde torear. La decisión definitiva ya se tomó en Casa Puebla: Zavala no llegará al Congreso del Estado, y por tanto no será ni líder de la fracción priísta y mucho menos Presidente de la Gran Comisión. El dedo supremo ya señaló a Rocío García Olmedo que, al frente del Congreso, culminará la revolución del empowerment femenino que inició Blanca Alcalá.

 

Que Zavala no llegue al Congreso no significa que la estima y agradecimiento que le tiene a Marín ha descendido un ápice. Simplemente es una medida de racionalidad política cuyo objetivo disminuir la imagen de un régimen de ilegalidad abierta. Además, el teórico sacrificado para que Zavala llegara al Congreso, Mauricio Hidalgo, gran perdedor por el distrito de Tecmachalco no tiene pensado en renunciar, y para sacarse de encima las presiones tiene previsto tomar un crucero a las Islas Fidji y regresar casi casi a tomar protesta.

 

Así que el marinismo tiene un gran problema hoy: ¿dónde reubicar a Zavala? Porque cualquier movimiento altera las fichas y las jugadas del gobernador. Pensemos, por ejemplo, que el destino del ex Coordinador de Promoción al Voto debiera ser regresar al gabinete. ¿Y a cuál secretaría? Pues solamente Educación Pública o Desarrollo Social, las más importantes después de Gobernación. Pero da la casualidad que ambas posiciones ya están ocupadas por sus fieles Darío Carmona y Alejandro Armenta. Y si hemos de creer en la palabra del gobernador, resulta que él se encuentra muy contento por el desempeño que han tenido. Quitar a Carmona o Armenta generaría otro problema y una discontinuidad en los programas de las secretarías.

 

¿Dónde reubicar a Zavala? Si su destino no es la administración pública, todo indica entonces que sucederá a Valentín Meneses al frente del tricolor. Una buena posición para continuar su Proyecto Z. ¿Y el compadre del gobernador? Todo indica que él sí iría al gobierno estatal para cumplir una vieja ambición de convertirse en secretario de Estado, específicamente en la SCT, con lo que Rómulo Arrendondo, quien tiene listos los proyectos carreteros del 2008, quedaría fuera de la administración, generando un nuevo problema. Vaya paradoja para Zavala y el marinismo.

 

Meneses, a decir muchos, no termina de colgarse la medalla de la victoria en las elecciones y no se decide a jugar la grande cuando tendría todas las posibilidades para hacerlo. Como no se la cree, sus aspiraciones son pocas –la SCT-, y ya se sabe que el que desea poco, poco obtiene. Algunos allegados a Vale lo impulsan a pedir un cargo de mayor importancia en lo político, y si lo lograran, el gobernador tendría otro problema.

 

Montero, por el contrario, se ha convertido en una gran solución que trajo armonía sin complacencias al interior del gabinete. Aunque en el fondo de su corazón guarda una aspiración por llegar a la gubernatura, entiende que depende únicamente de la tarea política y administrativa que Marín le ha encargado: relanzar –o reniciar- el sexenio con la depuración del gabinete, la evaluación de los funcionarios y la conciliación de metas y programas.

 

El marinismo sufre una reorganización que más bien parece transformación. A los días de vino y rosa, en los que todos tendrán un final de año tranquilo, seguirán las tensiones de la desunión en la lucha por el poder.




 
 

 

 
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