Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

11/05/2009

La batalla de puercos (no gripientos)


Quizá el mexicano común no termine por comprender la voracidad de los partidos políticos por hacerse de la mayoría en la Cámara de Diputados. ¿Tan ansiosos por legislar estarán nuestros políticos para dedicarle tanto tiempo y dinero a unas campañas que no interesan a nadie? No se trata de un ansia legislativa: una de las atribuciones fundamentales de la Cámara Baja es la aprobación del presupuesto federal, que aún en un país bananero como el nuestro, alcanza varios billones de pesos. Billones con los que se pagan sueldos de burócratas, policías y maestros, con los que mantiene a millones de necesitados a través de los programas sociales, con los que se construye carreteras, escuelas y hospitales, y sobretodo con los que se engorda el bolsillo de políticos panistas, perredistas y tricolores a través del consabido diezmo, el aceite vital que hace funcionar la maquinaria del sistema político.

 

El PAN necesita la mayoría –o alcanza por lo menos 200 diputados- para poder aprobar el presupuesto federal al gusto de Felipe Calderón. Y es tanta la desesperación por los billones de pesos que se les escapan de las manos que el albiazul ha reiniciado su especialidad, las campañas negras, a pesar de ser uno de los partidos que en el 2007 aprobaron la polémica reforma electoral que prohíbe la compra de spots en radio y televisión, y elimina el uso de los ataques, difamaciones y denuestos como forma de publicidad política. Vaya, que la libertad de expresión fue restringida y nuestros políticos, ansiosos de poder, nos enviaron a una realidad rosa y dulce por decreto.

 

Pues no. No existe tal realidad dulce y rosa. En el campo político, así como no existe la moral, tampoco el elogio de las propias virtudes para llegar al poder. El único camino es la batalla, el choque y la disputa. En una batalla de puercos, gana el que se ensucia menos. O el que ensucia más al otro.

 

Acción Nacional es un fiel seguidor de la máxima citada. Si retuvo la Presidencia de la República lo hizo gracias a la estrategia de bañar de estiércol a López Obrador, amparado en organizaciones empresariales afines –y a sus generosas aportaciones económicas-. A pesar de participar en la aprobación de la reforma electoral, no resistió la tentación de regresar a los viejos métodos, aún al costo de violar el apartado C del artículo 41 constitucional ante el bajo posicionamiento en las encuestas que le heredó el gobierno disperso y débil de Felipe Calderón.

 

El PAN es el partido de la guerra sucia, que no de la doble moral. Quieren la mayoría en la Cámara de Diputados, y si para ello es necesario pisotear la prohibición que ellos aprobaron, ni modo. Primero su dirigente nacional, Germán Martínez. Embistió una y otra vez a la dirigencia nacional del PRI y sus cuadros principales, vinculándolos al crimen organizado. Luego, publicó en varios diario nacionales y en su sitió de internet una “sopa de letras” para encontrar adjetivos descalificatorios contra el tricolor y que ya le valió una sanción de las autoridades electorales. Después subió un spot relativo a los dinosaurios y su dominio por 65 millones de años.

 

Y ahora, la escalada de la guerra sucia alcanzó al gobernador Marín y a otros connotados tricolores como Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones y Peña Nieto en un spot subido al sitio oficial del PAN, en el que reviven viejos escándalos, dos de ellos coprotagonizados por el inefable Kamel Nacif. Primero, aquella famosa conversión con el coordinador de la fracción priísta en San Lázaro, donde ordena “darle pa´tras” a una iniciativa sobre el juego. Y después, la todavía más famosa platica entre el gobernador poblano y el empresario textil que inauguró el escándalo Cacho.

 

Así pues, el PAN ha convertido a Marín en una diana de tiro y lo arrastró a la guerra sucia. Lo curioso es que fue el mismo partido el que tomó la decisión de no buscar rentabilidad electoral con el caso Cacho en las elecciones locales del 2007, cuando el ex dirigente Manuel Espino prohibió a las estructuras panistas hacer uso de la conversación entre el gobernador y Kamel Nacif.

 

¿Cómo sostendrá Germán Martínez el doble discurso? ¿Por qué en una campaña no y al otro sí? No parecen encontrarse muchas respuestas.

 

*** Heterodoxia periodística. Un amplio debate debiera levantar la postura asumida por El Columnista de violar aquella regla de oro acuñada por los manuales de periodismo: la confesión off the record, una vez aceptada por el reportero, debe ser respetada siempre en beneficio de la fuente informativa que lo solicitó.

 

La joven promesa reporteril, Josué Mota, infringió tal regla cuando publicó una confesión “en corto” del candidato panista Óscar Anguiano, perseguido por la PGJ como presunto responsable de lesiones en contra de un menor de edad. Mario Alberto Mejía decidió apoyar tal heterodoxia y dio la nota como ocho columnas: “Si me detienen me van a beneficiar”.

 

Pongo el punto de discusión: los manuales periodísticos establecen el respeto a la regla del off the record como una obligación ética. Disiento: me parece que la regla blinda al periodista antes que a la fuente. ¿Por qué? Muy simple: quién querría confiarle una información a un periodista y a un medio que no se compromete a respetar el anonimato y la discreción. El reportero impetuoso que lo hiciera, muy pronto vería canceladas todas sus fuentes de información. Se convertiría en un delator.

 

Seguramente habrá un criterio para la heterodoxia practicada por El Columnista: que el periodista sólo tiene obligación con la información y no con la ética. O que las fuentes son esclavos de sus palabras y de sus silencios. Al final es cuestión de estilo utilizar un recurso tan peligroso: de por sí la gloria periodística es tan efímera que dura un día. Y más, si un reportero promesa se queda sin fuentes.

 



 
 

 

 
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