Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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12/04/2010


El expediente negro de la inmaculada Blanca


Un voluminoso legajo de documentos con irregularidades financieras y administrativas del ayuntamiento de Blanca Alcalá es el principal obús que el war room de Eduardo Rivera tiene listo para torpedear la campaña de Mario Montero Serrano y reducir la amplia brecha que los separa. Aquellos que han visto la documentación juran que se trata de pruebas contundentes de que la gestión de la primera presidenta municipal no es ni blanca ni transparente como ha tratado de hacernos creer. La Alianza Opositora busca aprovechar el descenso vertiginoso que Alcalá tiene en las encuestas sobre la aprobación de su gobierno, pues los poblanos pasaron de calificarla con un excelente 8 de promedio a un cuasi reprobatorio 6 de calificación, muy por debajo del gobernador Marín y casi a la par del presidente Calderón. Relatan que el objetivo de tal información no será impactar directamente a la figura de alcaldesa, sino mostrar como el Ayuntamiento poblano se convirtió en una pequeña monarquía dirigida a favorecer con recursos y programas a parientes, novios y amigos relacionados con el primer círculo de Alcalá. El pequeño reino de la frivolidad.

 

En el cuarto de guerra de Mario Montero ya saben que la alcaldesa Alcalá en la campaña del 2010 antes que un activo será un pasivo. Incluso, los asesores de campaña sugirieron al ex secretario de Gobernación reducir al mínimo las menciones a la presidenta en su discurso de toma de protesta como candidato en el evento de Analco. Por ello, ante la imagen que tiene los poblanos de que el Ayuntamiento de Blanca no trabaja, una parte importante del marketing está dirigida a presentar a Montero como un “hombre dispuesto al trabajo” con los puños de la camisa arremangados. Incluso prefirieron armar una “inauguración de obras” financiada con recursos propios para pavimentación y electrificación en la colonia Santa Lucía del sur de la capital. La instrucción es clara: aceptarán apoyos de Blanca por debajo del agua para ayudar a la victoria de su yerno Chumacero y de Mónica Barrientos. Pero en público, ningún tipo de relación.

 

¿Cómo se convirtió Alcalá en un pasivo del PRI, cuando meses antes era uno de sus más firmes valores? Existen razones políticas y administrativas que confluyen en lo que actores y electorado resienten como una “actitud de incumplimiento” a los acuerdos que hizo en campaña cuando sus expectativas de triunfo era nulas. Vaya, que pactó mucho y cumplió poco. Lo mismo hacia las elites que la apoyaron financieramente, que a los poblanos a los que les prometió una “cultura de gobierno diferente” que acabó siendo más de lo mismo. O peor.

 

El triunfo electoral de Alcalá en el 2007 generó altísimas expectativas que nunca fueron confirmadas en la realidad. Al paso de los meses, la esperanza de que una mujer pudiera gobernador mejor que los hombres se diluyó y quedó únicamente un residuo de decepción. Por ejemplo, en materia de obra pública la gestión blanquista no resiste la mínima comparación con el trabajo de Enrique Doger, quien realizó varios puentes vehiculares para mejor el cada vez más complejo tránsito de la ciudad. Alcalá, por el contrario, no ha podido hacer una sola obra perdurable a pesar de que en campaña prometió reordenar el transporte. Tuvo la propuesta fallida de construir un viaducto elevado, pero el rechazo social fue tan amplio que debió abdicar su esfuerzo, y aunque en tuvo el éxito de renegociar la deuda del Ayuntamiento tampoco tuvo piedad para cargarle a la ciudad y sus próximas generaciones un crédito por 180 millones de pesos para construir puras obritas: un mercadito y un puente vial. Dinero que en realidad se sospecha puede ser utilizado para apuntalar a su yerno Chumacero.

 

Precisamente el caso de Chumacero muestra hasta dónde llegó la frivolidad en los tiempos de Blanca Alcalá, una nueva época del famoso Cabildo del Amor. El esgrimista es un joven con talento con una carrera meteórica: pasó de regidor en la planilla a encargado del Deporte y de ahí, a candidato a diputado local. Pero lo peor que pudo ocurrirle es la sospecha de que tales ascensos se debe a la relación de noviazgo que mantiene con su hija, lo que provocó el impulso a su yerno en lugar de otros funcionarios leales como el Javier Ramírez Carranza, Gabriela García Maldonado o Héctor Sulaimán. Parte del expediente en manos de los panistas detalla como parientes, amigos, hermanos y novios relacionados con la Familia Real del Ayuntamiento han obtenido jugosas tajadas del presupuesto.

 

Y en materia política, se dice, también, Blanca no resultó nada fiable según repite el gobernador Marín. Primero prometió darle una posición a su hermano Roberto, pero nunca cumplió. Luego se dedicó a grillarlo en los ámbitos nacionales a causa de la lucha sucesoria, pero luego de que le paró el alto en seco, la alcaldesa decidió negociar con Javier López Zavala una rendición absurda, pues en realidad nunca hubo batalla, sino cabildeo con actores nacionales. Dos diputaciones y una regiduría fue el botín que la Alteza Blanquísima obtuvo, así como promesas nebulosas sobre su futuro.

 

Entonces, ¿qué revelará el expediente negro sobre la inmaculada Blanca?

 



 
 

 

 
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