La soberbia, por contingencia histórica, siempre acaba transformándose en ceguera. Es el único diagnóstico posible que puede aplicarse a la dirigencia estatal del panismo y a sus candidatos.


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


La crónica de la victoria I: 25 a 1


Encuestas

No por previsible deja de ser sorprendente la tremenda carnicería que el PRI le aplicó al panismo: la profecía del carro completo terminó por cumplirse y, a excepción del distrito de Tecamachalco, el tricolor regresó a los viejos tiempos de la representación máxima de 26 diputados en el Congreso del Estado. Mario Marín terminará su sexenio sin sobresaltos y con el poder suficiente para controlar su sucesión. El logro alcanza mayores dimensiones después del desastre político-electoral que representó el 2006: la completa destrucción del prestigio del gobernador y la aplastante derrota en los comicios federales.

 

Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociales (CISO) lo habían anunciado de antemano. En septiembre, cuando CAMBIO las publicó en exclusiva, la clase política de todos los partidos se mostró escéptica. Sobre todo el panismo, quien recurriendo al síndrome López Obrador se defendió con encuestas imaginarias en las que aventajaba en 17 distritos y ganaba en la capital por 10 puntos. Ni una ni otra. El desastre es  más amplio si dirigimos la mirada hacia el ámbito municipal. Acción Nacional perderá tres enclaves históricos: Atlixco, Tehuacán y San Andrés Cholula. Hacía más de 10 años que el PAN no ganaba más que un mísero distrito electoral.

 

El triunfo impresionante deja fuera del Congreso del Estado a Javier López Zavala y a Valentín Meneses, los grandes triunfadores del proceso que no tendrán problemas para acomodarse en mérito a sus servicios. Sin embargo, otra interrogante se abre. ¿Quién será el líder de la fracción parlamentario priìsta y por ende Presidente de la Gran Comisión? Los nombres escasean, pero en la euforia apaga la urgencia por encontrar la respuesta

 

La soberbia, por contingencia histórica, siempre acaba transformándose en ceguera. Es el único diagnóstico posible que puede aplicarse a la dirigencia estatal del panismo y a sus candidatos. En especial a Antonio Sánchez Díaz de Rivera que, sintiéndose ganador por adelantado, se tiró a la hamaca. Su derrota es aplastante. Las encuestas de salida de casilla de las diferentes empresas, desde temprana  hora de la mañana, coincidieron en la amplia ventaja de Blanca Alcalá que llegó a abrirse hasta los 25 puntos.

 

Los estudios del CISO, desde su primer corte de las once de la mañana, le dieron a la priísta -50.9 por ciento- una ventaja casi de 2 a 1 sobre Sánchez Díaz de Rivera que ya no perdería a lo largo del día. El segundo corte de la una y media de la tarde ratificó la misma tendencia arrolladora, trasladada a los seis distritos de la capital. El festejo comenzó a esa hora porque la elección ya había terminado con el despuntar del día. La victoria es extraordinaria: nunca en Puebla, ya en los tiempos de la competencia democrática real, había tenido un triunfo de 2 a 1. Marín ganó por 10 mil votos y Doger por 50 mil. Blanca Alcalá hizo presa de un galardón extraordinario.

 

La batalla por las diputaciones, según la misma encuesta del CISO, no encontró oposición sino en las primeras horas de la mañana. En el primer corte, el PRI ganaba 24 de los 26 distritos. La euforia comenzaba a bullir en el edificio de la Diagonal y en la oficina de Javier López Zavala. El Promotor Estatal del Voto, con la garganta destrozada de tanto hablar por teléfono, redoblaba esfuerzos para instar a los candidatos a diputados y alcaldes que se encontraban abajo en las encuestas. Lo mismo dirigía a dirigentes de organizaciones políticas y juveniles para reforzar las estructuras en todo el estado. Su trabajo encontró frutos a las 2 de la tarde cuando le reportó a Marín que las nuevas cifras del CISO coronaban la máxima de las ambiciones: el carro completo. 26 de los 26 distritos electorales. El Promotor Estatal del Voto y Valentín Meneses, automáticamente quedaban fuera. Pero vaya gloria.

 

La euforia descendió con el tercer corte de las cuatro de la tarde. El PAN se volvía a poner por delante del PRI en el distrito de Tecamachalco, rompiendo el carro completo y reduciéndolo a casi. Zavala intentó por todos los medios sacar el carro a flote, pero el abanderado tricolor a la alcaldía, que perdía dos a uno frente al PAN, arrastraba al candidato a diputado. Por ahí de las cinco de la tarde, cuando llegó el cuarto y último corte del CISO, Zavala comprendió que no había mucho que hacer.

 

A nivel de las cabeceras distritales también se producen grandes sorpresas que evidencian la profundidad de la debacle panista. Enclaves históricos como Atlixco y Tehuacán aparecieron perdidos desde la primera hora de la mañana. La debacle en el primero de ellos no la esperaba nadie, aunque en el segundo era la crónica de una victoria anunciada una vez que la jerarquía católica le declaró la guerra al candidato panista por ser cristiano.

 

El campo de batalla quedó abandonado y los generales priístas, a partir de hoy, se pelearán la medalla de la victoria. Pero como dice el mismo Zavala, sin la unión de todos los grupos priístas el triunfo hubiera sido imposible. Ganadores, en la misma proporción, son Valentín Meneses, el Coordinador de Promoción al Voto, Blanca Alcalá y por supuesto, Enrique Doger, quien puso la cereza del pastel en la búsqueda de la unidad.

 

Lo que nadie nadie podrá discutir es que el gran beneficiario del trabajo de todos sus mariscales es Mario Marín, que ve renacer su sexenio, cuando en la práctica sólo le quedan dos años de poder. Sí, dos años, cuando después del 14 de febrero de 2006 su tiempo se contaba con reloj de arena.




 
 

 

 
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