Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

13/04/2009

Crónicas del subdesarrollo (desde el desarrollo)


España / Enviado / En Telecinco, una de las cadenas televisivas más importantes de la península ibérica y especialista en la prensa rosa, los sábados por la noche el cotilleo sobre la vida sexual de los famosos es el pan de cada día. Tocó el turno  a Nuria Bermúdez, famosa por visitar las camas de cuanto futbolista se le cruza por enfrente pero que no ve la suya desde que se embarazó del centro delantero de la selección española, Dani Güiza. El programa es La Noria, amo del rating por la exhibición de la vergüenza ajena. De pronto, el chisme se detiene y el presentador da paso a una mesa redonda de especialistas para discutir la Reforma a la Ley del Aborto, propuesta por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Médicos, periodistas, abogados y hasta sacerdotes cruzan acusaciones mientras el público que antes aplaudía o vituperaba la vida sexual de la socialité, ahora lo hace con las posturas de los especialistas. De la prensa rosa al debate público: un nuevo modelo de hacer diversión y reflexión que propone la televisión española. Sensacionalismo sí, en la vida privada, pero ahora también en la vida pública. Un nuevo camino para los medios de comunicación.


También en el mundo desarrollado hace aire el tema del aborto, y no solo con nuestros sacristanes de la moral pública José Othón Bailleres y el monaguillo Pablo Fernández del Campo. En España el aborto se despenalizó en 1985 únicamente para tres causales: grave peligro para la vida o salud física o psíquica de la embarazada, embarazo por violación y presunción de graves taras físicas o psíquicas para el feto. Ahora, la ministra de Igualdad Bibiana Aído, con el apoyo del presidente Rodríguez Zapatero, ha propuesto despenalizar el aborto hasta las 14 semanas, una reforma muy semejante a la que aprobó el PRD en la Asamblea de Representantes del  Distrito Federal. La propuesta, sin embargo, va más allá, pues podrán hacerlo las jóvenes de 16 años sin la autorización de sus padres.


La derecha nacional puso el grito en el cielo. Y es que España, históricamente, nunca ha sido un Estado Laico, sino casi todo lo contrario, un Estado Confesional. La religión católica y el gobierno se han entremezclado en varios momentos: el peor, el apoyo de la Iglesia Católica a la Falange y al golpe de Estado de Francisco Franco contra la República. El apoyo llegó, incluso, al fusilamiento del poeta García Lorca por sus actividades sexuales “sospechosas”.  No en balde, tampoco, en España surgió una de  los grupos más retrógrados del catolicismo, el Opus Dei, y su primer dirigente, José Escribá de Balaguer tiene un nicho en  la Catedral de la Almudena.


Así pues, la ultraderecha española decidió utilizar la Semana Santa para manifestarse en contra del Aborto y de paso, contra el gobierno rojillo de Rodríguez Zapatero. El blanco de las protestas fueron precisamente las famosas procesiones de Sevilla y el sur de la península. Por orden de los obispos, a las imágenes y penitentes les fue colocado un moño blanco, símbolo de la defensa de la vida. Claro que muchos no estuvieron de acuerdo con que tales fiestas se politizaran de esa forma: en varias comunidades renunciaron los cargadores de imágenes y retablos.


Las procesiones de Semana Santa son famosas en todo el mundo, especialmente la de Sevilla. A lo largo del Jueves y Viernes Santos las más variopintas cofradías salen a la calle, y la marcha se realiza incluso de madrugada, acompañada por bandas de música y miles de penitentes vestidos con capucha al estilo del Ku Kux Klan. En los balcones presididos por las cofradías o las familias más antiguas de la ciudad, el retablo de la vírgen de la Macarena o el Señor del Gran Poder –patronos de la ciudad- se detiene a escuchar cánticos y oraciones. El viernes, en punto de las 24 horas, regresa a la catedral la última de las cofradías y terminan las fiestas Santas para dar paso a la fiesta en el Río Guadalquivir.


Terminada la Semana Santa, España sigue igual a como entró: la ultraderecha, el Partido Popular, los adoradores de Franco y la Iglesia Católica siguen resistiendo a una nueva ley del Aborto, y con sus moñitos blancos defienden el derecho a la vida.


Entonces el lector preguntará: ¿Cuál es la diferencia entre lo que ocurre en España y lo que sucedió en la aldea poblana hace un mes con la “Reforma Bailleres”, si ambos problemas ocurren por el aborto? Respondería que muchas: en primera, cada partido atiende su historia, su ideología y electorado. En el caso de los sacristanes de la moral Bailleres y Fernández del Campo, traicionaron uno de los principios del PRI que es el Estado Laico.


Y dos, los medios de comunicación, con en el caso de Telecinco, lo mismo usan la técnica del sensacionalismo para vender las historias de cama de una socialité que los problemas de la esfera pública. ¿Cuándo, algún noticiero poblano, de radio o televisión, se atrevería a una propuesta semejante?

 

Pronto, más noticias del mundo desarrollado.

 



 
 

 

 
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