¿Vino Reyes Heroles a promocionar a Transparencia Mexicana para asesorar al gobierno estatal y por eso no hubo críticas duras?


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Transparencia Mexicana y sus negocios

 

Sospechosa la mesura con la que Federico Reyes Heroles se presentó en el foro de Coparmex para hablar de los resultados de la Encuesta Nacional que coloca a Puebla como la cuarta entidad más corrupta del país. El intelectual, crítico acido de Mario Marín en los días del escándalo Cacho, demoledor en sus artículos de Reforma y en el programa Entre Tres de Tv Azteca, y lapidario de la Suprema Corte de Justicia por su exoneración al gobernador poblano, ahora fue parco en sus acusaciones. Mudo, se diría, ante los grandes hechos de corrupción que protagoniza el marinismo y prolijo a la hora de detallar que el pago a los franeleros nos ha colocado en tan indigna posición en el ranking de Transparencia Mexicana.

 

Dos destellos apenas dejó: un mensaje indirecto al gobernador poblano –la corrupción no es sólo un tema de imagen pública- y la crítica tímida de que el gobierno estatal no ha hecho nada para detener la corrupción. En otras palabras, que nos encontramos “estancados” en la materia respecto del avance que tuvo la entidad a partir del 2003, cuando tocamos fondo en la medición como el estado más corrupto. Y que si no se ha hecho nada, es porque el gobierno estatal, así como los municipales, no han leído correctamente ni entienden los resultados e indicadores de la Encuesta Nacional y Corrupción y Buen Gobierno.

 

¿Qué le pasó a Reyes Heroles que trata de engañarnos?

 

En primer lugar, de acuerdo con los resultados de las encuestas, Puebla no se encuentra “estancada” en materia de combate a la corrupción, sino en franco hundimiento. Veamos los datos: en la primera medición, Puebla debutó en el lugar 29 de 32. Dos años después caímos al sótano de la indignidad al convertirnos en el estado más corrupto. En el Índice 2005 ascendimos a la posición número 25, remontando 7 posiciones. Ya era el nuevo sexenio, pero los indicares referían prácticas del melquiadismo. Y ahora, en la medición 2007, volvimos caer a la posición 29.

 

Entonces, ¿cuál estancamiento? En todo caso, caída.

 

La segunda mentira de Reyes Heroles: el gobierno no hace nada en la lucha contra la corrupción porque “no entiende” los resultados e indicadores de sus Encuestas. El argumento del director de Transparencia Mexicana es francamente barato, muy cercano al platonismo y al pensamiento de San Agustín: el mal es provocado por la falta de conocimiento, ya que cuando alguien entiende que hace un daño, deja de hacerlo. El siglo XX, en especial Hanna Arendt, probó que tal pensamiento era un absurdo, y que por el contrario, en ocasiones el conocimiento lleva al mal.

 

Reyes Heroles divaga porque no quiere acusar: el gobierno marinista es corrupto no por ignorancia, sino por decisión. Peor aún: el gobierno estatal es el principal promotor de la corrupción. ¿O alguien se traga que en los Javier García Ramírez, los Gerardo Pérez Salazar, Víctor Manuel Sánchez Ruiz, Antonio Juárez Acevedo y tantos más son corruptos por ignorantes? ¿No será que la putrefacción llena sus bolsillos? ¿Qué la apropiación de la cosa pública los enriquece? ¿O alguien se imagina a Rata García estudiando la encuesta para desistir de cobrar el 20 por ciento de las obras o sobrefacturarlas como en el caso de la Atlixcayótl?

 

En su prudencia, Reyes Heroles pide al gobierno estatal hacer algo semejante a lo que ocurrió entre 2003 y 2005, cuando la entidad dejó el sótano del índice y remontó siete posiciones.

 

¿Qué hizo Melquiades Morales para lograr tal remontada?

 

Muy simple: contrató los servicios de Transparencia Mexicana, una organización que hace las encuestas, acusa, y después asesora a los gobiernos estatales y municipales sobre el cómo abandonar los últimos sitios de la encuesta que ellos mismos organizan. Primero comisionó a Javier Lozano Alarcón y después a Luis Banck para atender las peticiones del organismo. Dos años después, como por arte de magia, Puebla subió como la espuma. A la llegada del marinismo, se acabaron las asesorías de Transparencia Mexicana y volvimos a bajar.

 

Y es que la actitud sospechosa de Reyes Heroles nos lleva a una vieja acusación: que organizaciones como Transparencia Mexicana no están preocupadas por el combate a la corrupción, sino lucrar con la preocupación de los políticos por esconder su suciedad. Y es que además del negocio de las asesorías, Transparencia se ha convertido en testigo social de licitaciones de los gobiernos federal o estatales para asegurar, con su “calidad moral”, que no hay nada chueco o algún negocio. El único detalle es que por prestar su membrete, Transparencia cobra una ingente cantidad de billetes, siempre amparado en las buenas causas.

 

¿Vino Reyes Heroles a promocionar a Transparencia Mexicana para asesorar al gobierno estatal y por eso no hubo críticas duras? Es la duda que deja la actitud incongruente de un intelectual que en sus espacios es crítico a muerte, pero que viene a Puebla en plan de tímido.

 



 
 

 

 
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