El diseño del gobierno municipal de Blanca Alcalá hoy parece más claro que nunca: su equipo de confianza se queda con el manejo de las finanzas, la administración, el desarrollo social y el contacto con la sociedad civil.


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Blanca se hizo respetar


La rumorología de las columnas políticas funcionó correctamente y en el parto oficial del gabinete de Blanca Alcalá hubo pocas sorpresas. El saldo final parece un empate técnico entre las ambiciones marinistas por hacer de la alcaldesa un rehén y los deseos de autonomía de un grupo con derecho propio a gobernar. Al final, Alcalá hizo respetar su posición: evitó una ruptura al conceder posiciones, pero mantuvo un buen margen de independencia para operar su propio proyecto.

 

El empate técnico se firma en dos nombramientos fundamentales: Víctor Giorgana como el hombre fuerte de la presidenta municipal desde la Coordinación de Políticas Públicas, y la imposición de César Pérez López como Secretario General en lugar de la fórmula de consenso que habían encontrado en la figura de Alma Orduña. El gobernador, así nada más como para demostrar que las puede todas y nunca pierde, de última hora –el miércoles por la noche- se encaprichó con la Secretaría General y se dejó convencer por Mario Montero para enviar al traidor del zavalismo al Ayuntamiento.

 

El diseño del gobierno municipal de Blanca Alcalá hoy parece más claro que nunca: su equipo de confianza se queda con el manejo de las finanzas, la administración, el desarrollo social y el contacto con la sociedad civil. Los otros grupos, la mezcla de marinistas-zavalistas-monteristas se quedan con el control de la seguridad pública y el manejo político del municipio, así como una posición central en el papel –la Secretaría General- que, sin la confianza absoluta de la alcaldesa, no será más que puro oropel.

 

Y es que no se vale equivocarse: para Blanca Alcalá, los número uno y dos del Ayuntamiento se encuentran bien definidos. Si usted quiere enrolarse en la administración municipal, no olvide buscar a partir de hoy a Víctor Giorgana y a Héctor Hernández Sosa. El hasta ayer titular de Carreteras de Cuota no es un capricho de la alcaldesa: se trata, en estricto sentido, de su principal operador político. Y Hernández Sosa fungirá como su cerebro en materia de políticas públicas y operador administrativo. Y de ahí no hay más.

 

El C2 del blanquismo se conformará con Rafael Quiroz Corona –Comunicación Social-, Gabriela Maldonado –Administración-, Javier Ramírez Carranza –Tesorería-, Mauro Uscanga –Contraloría-, Sergio Vergara –Obras Públicas-, Fernando Ariza –Desarrollo Económico- y Fernanda Díez –Sedeso-. A ellos también se suma Alma Orduña, aspirante la Secretaría General pero que al final operará la Sindicatura, una vez que Román Lazcano no goza de la confianza total de la alcaldesa.

 

En estricto sentido, Blanca Alcalá redujo las imposiciones al mínimo posible. Roberto Marín, una presencia agraviante en un gobierno municipal que se pretende cercano a la sociedad civil, finalmente no llegará a Sedeso y tampoco se le creará un bodrio de secretaría de Desarrollo Rural. Roberto Marín dejará el PRI para convertirse en un simple Director de área. Se trata, quizá, del mayor triunfo blanquista a la hora de no permitir convertirse en un títere.

 

La única sorpresa en las designaciones, se trata, al mismo tiempo, del peor nombramiento. En Seguridad Pública en único nombre que sonó siempre fue el de José Ventura Rodríguez Verdín, un personaje del pasado, ligado a tareas de espionaje, y cuyo nombramiento es un agravio a la sociedad por su pasado represivo. Pero si ésa designación es mala, el de Alberto Hidalgo Vigueras es muchísimo peor y el gran tache del gabinete anunciado ayer.

 

Alberto Hidalgo Vigueras es, en estricto sentido, un nombramiento de último minuto y por tanto no valorado correctamente. El candidato natural era Ramón Eusebio Guillén, recién nombrado delegado de la PGR en Tlaxcala a la salida de Adolfo Karam. Eusebio Guillén no quiso tomar la aventura de venir a Puebla y dejó a Alcalá sin candidato.

 

Los antecedentes de Alberto Hidalgo Vigueras son negativos ahí donde se pregunta. En el sexenio melquiadista fungió como Director de Formación Policial de la PGJ, pero salió por peteneras cuando en un arranque de furia estuvo a punto de golpear a su jefe, Carlos Arredondo. Más tarde fue Jefe del Estado Mayor de la Policía Fiscal Federal, pero también salió mal. Trató de enrolarse al gobierno municipal de Enrique Doger, pero sus actitudes violentas le cerraron la oportunidad. Más tarde fue bloqueado por Blanca Laura Villeda y Adolfo Karam para reingresar a la PGJ.

 

¿Y cómo diablos llega Alberto Hidalgo Vigueras a Seguridad Pública municipal? Se trata de una recomendación directa de Alejandro Fernández Soto, quien rescató a Hidalgo Vigueras del desempleo y le encargó el proyecto de la Policía Metropolitana. En esencia, se trata de otra concesión al marinismo.

 

La conclusión parecería simple: nada para nadie. Pero en realidad, Blanca Alcalá salió ganando con este gabinete: la mayoría de sus integrantes le son leales a su grupo –José Luis Flores Hernández y Jorge Estefan Chidiac-, y sin necesidad de ser odiada, se volvió temida para el marinismo al llevar a cabo su voluntad nombrando a Giorgana como su hombre fuerte.

 

Las cuitas del gabinete blanquista, sin embargo, no terminan ahí. El lunes continuamos.

 



 
 

 

 
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