Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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15/02/2010


Compartir el partido y ganar Casa Puebla


Con el triunfo de Rafael Moreno Valle la noche de ayer por un amplísimo margen sobre Ana Teresa Aranda, los panistas poblanos han enviado un mensaje claro para quien quiera entenderlo: por primera vez lucharán con uñas y dientes para ganar Casa Puebla al costo que sea necesario. Alejados de su papel testimonial y los dogmatismos del pasado encarnados en La Doña, el senador con licencia los alimentó de su ambición natural por el poder. Ya no quieren conservar el partido y perder el poder: quieren poder y partido al mismo tiempo. Y para ello, se aliarán pragmáticamente con quien deban hacerlo: con la izquierda, el magisterio, los lopezobradoristas y demás fauna política, incluso priístas resentidos como Enrique Doger. Las dolorosas derrotas del 2007 y 2009 al final resultaron una ventaja para Moreno Valle pues le permitió adueñarse del partido y conciliar entre las familias custodias. Llamar a la guerra santa y no al sacrificio de la brega para liquidar al marinismo y sacar al PRI luego de 81 años de gobierno.

 

El senador con licencia confirmó que liderará la guerra santa contra el marinismo. Y en esa verdad hay algo de justicia poética: fue el gobernador Marín quien engendró al abanderado panista a la gubernatura cuando le negó la candidatura al Senado que originalmente había pactado Moreno Valle como el precio a su declinación en el 2004. Pero el mandatario se empecinó en que Mario Montero fuera el compañero de fórmula de Melquiades Morales. Elba Esther Gordillo, en pleno pacto con Felipe Calderón para llevarlo a la Presidencia, negoció la candidatura senatorial para su pupilo quien abandonó el PRI acompañado por Leticia Jasso y Guillermo Aréchiga. Tras unos meses de intensa campaña, para sorpresa de propios y extraños Moreno Valle derrotó a su ex mentor y Montero nunca llegó al Palacio de Xicoténcatl.

 

He ahí otro acto de justicia poética: Javier López Zavala deberá enfrentar en las urnas al hombre al que ayudó a ganar al Senado traicionando la operación electoral que debía hacer triunfar a Melquiades Morales y Mario Montero. El entonces secretario de Gobernación pactó en secreto con Moreno Valle dinamitar a Montero, su rival en los afectos del gobernador Marín. La jugada dio resultado: el amigo del gobernador nunca se convirtió en senador y desde ese momento descarriló su tren rumbo a Casa Puebla. Zavala se convirtió en delfín clavándole una daga al PRI, y a Moreno Valle le dio vida política.

 

¿Qué hubiera ocurrido con Moreno Valle si hubiera perdido la elección senatorial? Pues que no se había construido ese leyenda de triunfador y cazador de priístas. Conquistar las voluntades panistas habría sido una tarea casi imposible, y a pesar de tener la calidad de senador albiazul, muy probablemente habría terminando transitando a Nueva Alianza gracias al apoyo de Elba Esther Gordillo. Su sueño de llegar a Casa Puebla hubiera terminado. Pero gracias al 2006 construyó su plataforma. ¿Y a quién se la debe? A Javier López Zavala.

 

Thomas Carlyle escribió hace más de un siglo que los héroes no son rehenes de los cambios históricos, sino que son los grandes hombres los que hacen la Historia. En ese sentido, no debe menospreciarse la capacidad de Moreno Valle para construir su propia circunstancia y derrumbar una serie de mitos alrededor de su causa.

 

El primero, que su candidatura a Casa Puebla era rehén de la relación entre Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo, así como de sus pactos y rupturas. Y el segundo mito era que en caso de alcanzar la nominación gracias una negociación entre el Presidente y la Maestra, se volvería una imposición que el PAN local rechazaría. Mito tres: el panismo tradicional, conocido como Yunque o familias custodias, jamás aceptarían a un ex priísta como su candidato.

 

Los mitos se derrumbaron. En vez de esperar una imposición presidencial o una negociación con Elba Esther, Moreno Valle se lanzo a la brega de conquistar al PAN desde dentro. Primero buscó los restos del liderazgo pragmático de Paco Fraile, quien lo puso en contacto permanente con sus cachorros Eduardo Rivera y Rafael Micalco. Luego conquistó a sus compañeros legisladores, y más tarde unió a las familias enfrentadas de Ángel Alonso Díaz Caneja y Pablo Rodríguez Regordosa. Una conquista desde dentro. La única que se resistió fue Ana Teresa Aranda, financiada por el gobierno marinista. El Yunque también terminó aceptándolo.

 

Moreno Valle ya pasó la primera aduana de su marcha al poder aunque el propio gobernador Marín repetía en alto y en bajo que los panistas no dejarían pasar al ex priísta, y que su principal enemigo lo encontraría en el Yunque. Se equivocó, lo que prueba que el Dios Mortal poblano no es infalible.

 

La segunda aduana es cuestión de tiempo y llegará probablemente el miércoles: todos los partidos darán su anuncia para la megacoalición PAN-PRD. Y de ahí, a la guerra santa. Será mortal.

 



 
 

 

 
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