Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

16/02/2009

Del Proyecto Z al Proyecto A


Mala cara tuvo Javier López Zavala a lo largo del informe de Blanca Alcalá. Casi descompuesta. Los cazadores de mensajes políticos encontraron una rápida explicación: el todopoderoso secretario de Desarrollo Social le habían asignado un lugar en segunda fila, mientras sus teóricos rivales, Mario Montero, Enrique Agüera Ibañez y Jorge Estefan Chidiac ocupaban lugares de privilegio. El delfín entendió rápido: los afectos de Blanca Alcalá no están con él, y será el último en tenerlos. En primera fila lo ocupan el diputado presidente de la Comisión de Hacienda, y luego el titular de Gobernación. Y hasta el rector, Quien sea, menos él.

 

Hubo otros, sin embargo, que atribuyeron la mala cara del titular de Desarrollo Social a un pésimo fin de semana producto de las interpretaciones a la mañosa reforma electoral tricolores que dejó los comicios del 2010 en noviembre. El viernes pasado el Proyecto Z recibió tres ráfagas en forma de columnas políticas, incluso una proveniente de sus supuestos incondicionales.

 

La interpretación común fue que la postergación de las elecciones beneficia directamente a proyectos alternos del gobernador como Enrique Agüera y Blanca Alcalá. Según la versión ambos tendrán más tiempo para seguirse promoviendo como candidatos e incluso aprovechar sus estructuras. El rector de la Buap, por ejemplo, podrá reelegirse sin problemas y después analizar su circunstancia. Blanca Alcalá incluso podrá llegar sin trabas a su segundo informe de gobierno. Resumiendo: que con más tiempo, podrán avanzar en conocimiento e intención de voto. O que siguen teniendo boleto para la sucesión.

 

Siguiendo en la misma interpretación, el alargamiento de los tiempos del calendario político afecta directamente al Proyecto Z. Javier López Zavala ya alcanzó su cenit en el predestape cumpleañero, y vistos los resultados, la comida salió cara. Las intenciones de acelerar la cargada no se tradujeron en nuevos apoyos, pero sí en más agresiones provenientes del fuego amigo. A nivel mediático, el delfín sigue recibiendo un intenso golpeteo, y ninguno de los que rechazaron asistir al convivio –a pesar de la presencia del gobernador- han bajado los brazos. O como diría en el fútbol: los aspirantes saben que el último minuto también tiene sesenta segundos, y harán lo imposible por descarrilar al Proyecto Z.

 

Uno de los incondicionales del zavalismo, incluso, fue a más en su historia: Javier López Zavala no es el auténtico favorito del gobernador Marín, sino el pararrayos de alguien más. Y aunque no pone su nombre, no es otro que Enrique Agüera, al ser el único de los aspirantes que viajó recientemente a Estados Unidos.

 

En otras palabras: el proyecto Z es el escudo del Proyecto A y como premio recibirá puras cosas que ya ha tenido: le darán la coordinación de la campaña – ya lo fue con Marín-; lo harán un poderoso secretario –lo que ya es con Marín- y después conformará la fórmula priísta al Senado en el 2012 junto a Blanca Alcalá, lo que servirá de plataforma para que nuevamente se convierta en aspirante a la gubernatura –algo que ya es- pero ahora en el 2016.

 

Con semejante escenario en la cabeza no nos sorprende que Javier López Zavala haya pasado tan mal fin de semana y con ese rostro contrahecho al informe de Blanca Alcalá. Sumado a su lugar en segunda fila, pues el estomago acabó por revolvérsele. Y quizá un dato más: a lo largo de la semana trascendió que Mario Marín Torres se haría acompañar del secretario de Desarrollo Social a todos los informes de alcaldes del interior del estado a los que asistiera.

 

Y sin embargo, puras habas. El gobernador se fue a unos informes, y el delfín a otros. ¿Será que sintió frío y eso le puso mala cara?

 



 
 

 

 
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