Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

17/03/2009

Serial killer de la obra pública


A lo largo del 2007 y 2008, CAMBIO documentó las repetidas y flagrantes corruptelas de Javier García Ramírez al frente de la Seduop. El catálogo de obras irregulares, por inmenso, parecía ataque por consigna. No faltó quien sugiriera la extorsión como motivo del trabajo periodístico. Alarmistas, nos llamaron, por evidenciar los sobrecostos en la construcción de hospitales, sus defectos e incumplimiento de plazos de entrega. Incluso fue defendido como una especie de víctima propiciatoria. La remodelación de la Atlixcáyotl, calculada en 600 millones de pesos, fue el punto culminante de los abusos planeados por el funcionario. Después de presentadas la pruebas, el mismo funcionario debió reducir los costos a 450 millones.

 

Dos años después, el pasado alcanzó a Javier García, el funcionario más corrupto del sexenio. En forma de los resultados de las cuentas practicadas por la Auditoría Superior de la Federación, se demostró que el cochinero era real, no un invento, ni un alarmismo, y tampoco una herramienta de extorsión. Las obras analizadas fueron apenas cinco: tres de ellas –los hospitales de Libres, Tepeaca y el General de la Zona Norte- a petición de Acción Nacional, y dos al azar, la construcción de la carretera Xicotepec-Tlatlauquitepec y el arco poniente del Periférico Ecológico.

 

El universo de muestro es pequeño: falta, por ejemplo, la carretera semidestruida Tepeaca-Amozoc. El hospital infuncional de Huauchinango. La carretera a Africam Safari que se demoró más de dos años. Los megaproyectos –ambos con atrasos brutales- del nuevo Centro Expositor y el elefante blanco de La Célula. El robo del siglo en la Vía Atlixcáyotl. Las irregularidades en el Arco Norte del Periférico, así como los incumplimientos a la empresa Coconal. Así como los cientos, quizá miles, robos hormiga en obras de menor envergadura y que fácilmente pueden esconderse cuadrando las cuentas, los aumentos en materiales, así como en los convenios de alza de costos en insumos.

 

Las conclusiones de la Auditoria Superior de la Federación, con apenas cinco obras analizadas, es que tienen deficiencias en la supervisión, control, planeación y revisión. Las irregularidades fueron cuantificadas en 185 millones de pesos, para lo que  realizó 193 observaciones, 80 recomendaciones, 39 pliegos de observaciones y solicitó el inicio de  procedimientos de responsabilidad administrativa.

 

Los tres hospitales analizados, Libres, Tepeaca y el General de la Zona Norte, casualmente fueron realizados por el mismo constructor, Óscar García, quizá por ello apodado el constructor favorito del sexenio. Los tres, como denunció CAMBIO en su momento, fueron inaugurados sin haberse terminado todavía, y en una etapa infuncional. Pasaron varios meses antes de que el mismo constructor corrigiera sus defectos. En Tepeaca, por ejemplo, la ASF encontró “una deficiente calidad en las tapas de registro, encharcamientos en el estacionamiento por los desniveles en la construcción, fijación incorrecta de la lámina antiderrapante en el área de rayos X, además en los pasillos de hospitalización no fueron fijadas las tapas de salidas eléctricas, de voz y de datos. Inclusive, en el cuarto de máquinas se hallaron grietas en los pisos, rejillas sueltas alrededor de tableros eléctricos y falta de fijación en los equipos, cuyas bases son de concreto, entre otros detalles”.

 

Otro de los hospitales de “ricos para pobres” y de “acabados de lujo”, Libres, tuvo un sobrecosto de 2 millones de pesos una vez que consideró excesivo el pago por el equipamiento de “Esterilizador Vapor Autogenerador dos puertas para fórmulas lácteas”, “Estación de Trabajo”, “Lavadora Extractora”, “Unidad Electroquirúrgica de Uso General”, “Mesa Quirúrgica Universal Mecánica Hidráulica Básica” y “Lámpara para Cirugía Doble”.

 

Y aquí surge la pregunta: ¿Por qué Óscar García, además de construir la obra física de los nosocomios, también se encargó de equiparlos? ¿Además de experto constructor es especialista en equipamiento médico? Algo que quizá podría responder la Auditoria Superior de la Federación.

 

En la ejecución de la carretera Xicotepec-Tlatlauquitepec y el arco poniente del Periférico Ecológico, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó un subejercicio por 35 millones de pesos, violación flagrante a la Ley de Obra Pública, omisiones en proyectos ejecutivos, retrasos en la culminación de construcciones, falta de comprobación de gastos y falta de estudios de preinversión, impacto ecológico y vicios ocultos.

 

Lo bueno –o lo malo- de todo esto, es que pesar de las múltiples irregularidades encontradas en tan solo cinco obras, Javier García Ramírez seguirá durmiendo tranquilo, pues el Órgano Superior de Fiscalización le ayudó a responder satisfactoriamente los requerimientos de la Auditoría Superior de la Federación con memorandos a la subordinados para “cumplir” con todas las disposiciones de la Ley de Obra Pública. ¡Caramba, menos mal! Imagínense que los exhortara a lo contrario.

 

De todos modos la ASF lo desnudó. Sí, Javier García Ramírez, por corrupto, es un serial killer de la Ley de Obra Pública. O porque es un serial killer, es un corrupto. Da lo mismo: el orden de los factores no altera el producto.

 



 
 

 

 
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