Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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17/06/2010


Un debate sangriento: nueva fábula del conejo y la tortuga


A menos que sea mediocre, nadie se cree aquello del espíritu olímpico: lo importante no es ganar sino competir. ¡Pamplinas! Un debate se practica ganarlo, así que visto lo visto ayer entre Rafael Moreno Valle y Javier López Zavala propongo cuatro criterios para discernir al ganador de la contienda.  El primero, un criterio estrictamente biográfico. Un segundo referente al conflicto dialéctico de la batalla. Tres, la estrategia central de la campaña. Y cuatro, dos sondeos difundidos por los respectivos equipos de campaña para ganar el posdebate, quizá más importante que el debate mismo. Vayamos examinando cada criterio.


Veamos el criterio biográfico: sabedor de que posee mejores prendas personales e intelectuales que el priísta, Rafael Moreno Valle prometió darle una madriza en el debate a Javier López Zavala. Pues no, nunca llegó. Llámelo exceso de confianza o algo similar. Pero el panista confiaba más en sus estudios en el extranjero, sus relaciones nacionales e internaciones, así como su largo currículo de cargos de elección popular, así como los varios idiomas que habla. Su mayor soltura a la hora de hablar, un mejor dominio escénico y mejor presencia física no fueron suficientes. Zavala subió al ring con tal determinación y tantas horas de preparación encima que Moreno Valle se vio sorprendido y se convirtió en un boxeador con las manos amarradas la mayor parte del encuentro.


Es honesto decir que Zavala estuvo muy por arriba de su promedio, y Moreno Valle, muy por debajo. Seguramente la diferencia entre ambos fue la dedicación y esmero que el priísta le dedicó al encuentro, guiado por Sánchez Galicia, hasta encontrar su mejor forma y ritmo. Por el contrario, Moreno Valle confió demasiado en sus prendas personales, su talento natural y olvidó que con base al esfuerzo cualquier limitación puede ser superada. La fábula del conejo y la tortuga.


Vayamos al segundo punto: la dialéctica natural del choque. Zavala sorprendió con una postura netamente agresiva al acusar a Moreno Valle de carecer de estudios de doctorado y de tener relación laboral con el Dresdner Bank, donde presume llegó a vicepresidente. El panista guardó silenció, y tras ver como el jab le había doblado las rodillas, Zavala tomó más confianza y aire y reinició el golpeteo contra un rival que tenía las manos amarradas. Dos uppers más y cuando Moreno Valle ya lo tenía contra las cuerdas, le soltó un golpe ilegal al señalar que había políticos que cambiaban de casa, coche, señora y hasta de sexo. Un evidente exceso del tricolor que merece censura unánime.


Moreno Valle reaccionó para el final del combate, pero ya era demasiado tarde, pues Zavala le lanzó otro directo al rostro al acusar a su papá de haber sido condenado a prisión a su paso por Milán en los años ochenta. El panista, en su última intervención, acusó a los papás de Javier López Zavala de ser sus prestanombres pues en los últimos 10 años compraron 26 inmuebles y ranchos. No obtuvo respuestas porque los segmentos se habían terminado, de la misma forma en que había gastado su última oportunidad de remontar los seis puntos que todavía lo separan del tricolor.


Ahí encontramos el punto nodal: en lo días finales de campaña y con camino todavía por avanzar, Rafael Moreno Valle necesitaba ganar contundentemente el debate para convencer a los cada vez menos indecisos. Pero no sólo no ganó, sino que perdió por puntos ante la sorpresa de un rival determinado y agresivo.


En el peor de los casos, se trata de un empate con tendencia negativa que igualmente conviene a Zavala. ¿Por qué? Porque tras el lanzamiento de descalificaciones mutuas un comentario común entre los ciudadanos es que los dos eran iguales y ninguno merecía su voto. Es decir, los indecisos se decepcionaron de los dos: los dos con papás corruptos, los dos mentirosos y los dos igual de incumplidos. Fue esta una de las notas comunes entre los usuarios de redes sociales que comentaron el debate en tiempo real: ninguno ganó y los dos perdieron potenciales electores. Pero aún así, con la inhibición de electores gana Zavala, pues a menor participación del electorado la estructura tricolor tiene mayores oportunidades de imponerse.


En cualquier caso, quien más apostó por el debate como vía rápida para remontar las encuestas fue quien más perdió. Moreno Valle dejó escapar su último propulsor para remontar 6 puntos en quince días.  O por lo menos unos cuantos para entrar al rango de empate técnico.


Y ahora vamos a los números objetivos: el equipo morenovallista hizo trascender un Focus Group de la empresa Opina de Rigoberto Benítez que trataron de colar como una encuesta, pero únicamente se trató de averiguar la opinión de 30 poblanos, por lo que metodológicamente es insostenible.


Del otro lado, Indicadores S.C. presentó una encuesta de telefónica de 420 entrevistas telefónicas que dio como ganador a Javier López Zavala, pues un 46 por ciento frente a un 37 que vio ganador a Moreno Valle. Y por ciento, un 30 por ciento de los encuestados no vio ganador.

 

En resumen: apostó Moreno Valle todo al debate, pero se demostró que al final la vieja fábula del conejo y la tortuga todavía funciona. El panista es un conejo talentoso y rápido que olvidó que la tortuga puede alcanzarlo a base de trabajo y esfuerzo.

 

 



 
 

 

 
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