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La revancha de Ruiz Esparza

Están a punto de conseguirlo. El grupo de interés que por semanas promovió la candidatura a la alcaldía de Roberto Ruiz Esparza y que se desquició cuando no lo consiguieron, casi consiguen que el ex futbolista se presente a la contienda representando a Nueva Alianza.

 

El problema es que no se sabe cuál es la verdadera intención de tal postulación: apoyar el PRI como refuerzo externo, hacerle pagar a Blanca Alcalá su osadía por arrebatarles la nominación, o reforzar el proyecto político de Elba Esther Gordillo y Rafael Moreno Valle.

 

En cualquier caso, la presencia de Roberto Ruiz Esparza operaría en contra del tricolor poblano, porque después de meses de promocionarlo entre los priístas, parece absurdo que hoy se pretenda que el ex futbolista arrebate votos en los simpatizantes panistas. ¿O no le tatuaron el logotipo del tricolor en la frente?

 

La apuesta de Nueva Alianza al postular a Roberto Ruiz Esparza parece clara: obtener una votación mínima del 5 por ciento, para llevar por los menos dos diputados al Congreso del Estado y uno o dos regidores al Cabildo angelopolitano.

 

La meta no parece lejana, pero habría que preguntarse a costa de quién lo harán: si del PRI o del PAN. ¿A quien planean restarle ese cinco por ciento?

 

La eventual postulación del ex futbolista tomó por sorpresa al primer círculo de poder marinista, que prevé los riesgos de la presencia de Ruiz Esparza en la contienda.

 

En primera, porque ahora se encuentra resentido con el marinismo, y la prueba son los rumores que propagó en los días posteriores al destape de Blanca Alcalá, afirmando que él y no ella sería quien representaría finalmente al tricolor.

 

La absurda versión cayó por sí sola, pero el desquiciamiento de Ruiz Esparza ahora podría ser manipulado por Elba Esther Gordillo. Al final, Marín estaría comprobando parte de los argumentos fundamentales por lo que apartó al ex futbolista: Ruiz Esparza no tiene lealtades y siempre se vende al mejor postor.

 

Al marinismo también le preocupa la posición que asumirá el gremio magisterial y para quién operará sobretodo al interior del estado.

 

El trato que Mario Marín y Elba Esther Gordillo pactaron hace dos semanas fue que la operación electoral del magisterio poblano sería muy parecida al “uno de tres” que tan bien les funcionó en la elección federal del 2006.

 

Ahí, el sindicato bajó la indicación de que los maestros y sus familiares debían votar por Felipe Calderón para la presidencia y por los candidatos del PANAL a las diputaciones federales. Así, Roberto Campa no alcanzó ni siquiera el uno por ciento, pero Calderón ganó, y el PANAL obtuvo su registro con el cinco por ciento en la Cámara de Diputados.

 

El “uno de tres” en Puebla funcionaría bajo el esquema de que el magisterio votaría por el PANAL en la capital, pero en el resto del estado votaría por los candidatos a diputados del PRI.

 

Así, Nueva Alianza colaría dos o tres regidores en el Cabildo poblano y al mismo tiempo ayudaría al tricolor a alcanzar la mayoría en el Congreso del Estado. Este esquema, de entrada, afectaría sobremanera a Blanca Alcalá, que sin el voto de los maestros no tiene ninguna opción de ganar. Se entiende bajo la lógica de que la prioridad para Marín es una mayoría de diputados, pero ¿a costa de entregar la alcaldía?

 

Sin embargo, el marinismo no se fía totalmente del PANAL, ya que una operación encubierta del magisterio se dirige también a alcanzar por lo menos dos diputados en el Congreso del Estado. Y para ello requieren al menos cinco por ciento de la votación. La presencia de representantes magisteriales es prioritaria para Elba Esther en el escenario de un Congreso sin mayorías, tal como se prevé funcionará el que será electo en noviembre de este año. Y si a ello le añadimos que a dicha soberanía corresponderá probablemente decidir el destino del gobernador, el magisterio, con dos diputados tendría la oportunidad de seguir chantajeando al gobierno estatal con negociaciones salariales y prebendas.

 

La presencia de Ruiz Esparza en la elección de noviembre representaría una distorsión para el PRI, más que para el PAN, después de seis meses de intensa promoción del ex futbolista en los círculos tricolores. En esa situación, parece improbable que le quitara votos al albiazul. Además, no debe descartarse que Ruiz Esparza, por puro hígado, atacará a Blanca Alcalá en desquite por haberle arrancado la candidatura.

 

Así que si todavía el marinismo tiene tiempo de operar, sería bueno que pensaran en los riesgos de tener en la elección a un chantajista profesional.

 

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