Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

18/08/2009

Disculpas públicas para agravios públicos


Harold Bloom, el gran crítico literario estadounidense, define al canon occidental a partir de la angustia que generan los predecesores: un escritor comete parricidio intelectual como homenaje y repulsa al mismo tiempo. Tolstoi siempre afirmó que Shakespeare era un autor menor y que nunca lo había leído. Pero la transformación emocional de Ana Karenina y Hadji Murat siempre fue un homenaje a la capacidad de cambio de Hamlet, Lear y Edmundo. No podía superarlo, por eso lo rechazó. Al mismo tiempo lo reescribió y de una forma lo hizo mejor. Esa es la angustia de los predecesores: te amo pero te odio, padre intelectual.

 

A su paso breve por la angelópolis, desde este espacio se hicieron críticas durísimas al periodista Carlos Ramírez, columnista genial, probablemente el mejor relator de los convulsos años noventa. Nunca he negado la influencia estilística que tuvo en mí Indicador Político, columna fusión de información y análisis. No es gratuito afirmar que Tiempos de Nigromante fue construida a su medida, pero no superada. Pura angustia de los predecesores.

 

Ayer, con sorpresa, encontré mi nombre y el de Mario Alberto Mejía en su columna. Escrita con una generosidad inmensa a partir de la publicidad gratuita que nos regaló Armando Prida ocho días seguidos, Ramírez se centra en profundizar los nexos entre el presidente de la Fundación para la Libertad de Expresión con Rafael Moreno Valle y al PAN, así como la contradicción en atacar a dos periodistas locales con una bandera inexistente, la libertad de expresión.

 

Escribo generosidad porque Ramírez podría haber obviado nuestros nombres para tratar el tema, luego de las críticas que se le hicieron a él y al efímero Transición Puebla. Perfectamente pudo ignorarnos.

 

Así que la lección de profesionalismo queda bien aprendida. Y como no valen las disculpas privadas para agravios públicos, desde aquí un reconocimiento al profesionalismo de Carlos Ramírez. Las críticas no pueden borrarse, pero quizá todo surge de la angustia de los predecesores. Al final, Tiempos de Nigromante es hijo estilístico de Indicador Político.

 

*** El misterio de la deuda pública. Nos quedamos con las ganas de escuchar a Gerardo Pérez Salazar justificar el nuevo endeudamiento que asumirá el gobierno estatal por mil 500 millones de pesos. Pero más interesante hubiera sido escuchar un análisis detallado porque entre cifras oficiales, dichos del gobernador, informes de Hacieda y líneas de crédito solicitadas al Congreso, el monto real de la deuda pública parece será uno de los grandes misterios del sexenio.

 

Vamos por partes. Un informe actualizado a marzo de 2009 de la Secretaría de Hacienda afirma que el monto total de la deuda asumida por el gobierno poblano es de 6 mil 400 millones. Pero ese dato choca con los seis mil 800 solicitados tan sólo en el presente sexenio al Congreso local, a los que deberían sumarse los 3 mil heredados por Melquiades Morales, lo que daría un gran total de casi 10 mil millones sin contar el nuevo crédito.

 

Y dos datos más para confrontar: en su Cuarto Informe de gobierno, el gobernador Marín dijo que el monto total de la deuda era de 4 mil millones. Pero si analizamos la presentación que la Comisión Inspectora y el OFS les entregaron a los diputados locales para aprobar la cuenta pública 2008, resulta que la deuda es cero. Sí, ni un peso partido por la mitad.

 

¿Entonces?

 

Tomemos como base la cifra oficial otorgada por la Secretaría de Hacienda: el monto total es de 6 mil 400 millones, luego de que entre 2005 y 2008 los Ayuntamiento pagaron lo que habían pedido, así como amortizaciones a la deuda heredada por Melquiades Morales.

 

Y aquí viene la pregunta más peliaguada: si las cifras marcan que entre 2005 y 2008 se vivió el boom petrolero y la asignación de recursos extraordinarios a las entidades, en qué se utilizaron los más de 6 mil millones que marca Hacienda. ¿Alguna pista que conduzca a financiar procesos electorales para reafirmar al régimen marinista, especialmente en el marco de la crisis provocada por la crisis Cacho.

 

La decisión está tomada: Puebla contratará más deuda. Y repito, la medida ahora parece ser correcta para acelerar un efecto anticíclico contra la crisis. Lo cuestionable es que se hayan tomado empréstitos en época de vacas gordas.

 

Y ya lo sospechábamos: el dinero recibido por las entidades gracias al boom petrolero fue malgastado según conclusiones de Hacienda a El Universal en el sentido de que los estados gastaron fondos de estabilización temporales, como si se tratara de recursos permanentes, lo que ha originado problemas financieros.

 

Por eso ahora necesitamos unos miles de milloncitos más. Las siguientes generaciones tendrán que apechugar.

 



 
 

 

 
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