Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

18/09/2009

Eduardo Rivera, el testigo silencioso


Si alguien quiere seguir las huellas del oscuro pacto Marín-Espino, Eduardo Rivera Pérez tiene mucho para explicar. En su calidad de dirigente estatal del PAN, fue testigo privilegiado del encuentro hoy reconocido por Manuel Espino en su libro. El encuentro donde se negoció la exoneración del gobernador poblano a cambio del apoyo a Felipe Calderón vía la desactivación del aparato tricolor en los comicios presidenciales del 2006. Rivera Pérez no fue el único testigo. Javier López Zavala fue el otro. Así ocurrieron los hechos.

 

La concertacesión Marín-Espino en junio del 2006 dejó buenos dividendos para Acción Nacional: dos senadurías, doce diputaciones federales y el apoyo a la victoria marginal de Felipe Calderón. Un año después, el oscuro pacto se volvió medicina amarga. En el 2007, inmersos en los comicios locales Manuel Espino dio la orden de no explotar electoralmente el caso Cacho. El PAN fue prácticamente barrido al perder 25 distritos electorales, los principales municipios junto con la ciudad capital.  En la quema de brujas, las cabezas, off the record, decidieron hablar: el acuerdo Espino-Marín no ocurrió en Atlixco, sino en el Hotel Fiesta Inn Las Ánimas. Y los únicos testigos de la reunión fueron, de parte del PAN, Eduardo Rivera Pérez y por el PRI, Javier López Zavala. 

 

Marín, se sabe, era un madracista de cepa: gracias al tabasqueño llegó a la gubernatura y, recíprocamente, el poblano nunca le regateó apoyo. Hasta que en la coyuntura del escándalo Cacho, Madrazo lo agravió al pedirle su licencia frente a los otros mandatarios priístas. “Afectas la campaña”, le dijo. Peña Nieto sacó la cara por el poblano. “Si entregamos su cabeza por presión seguimos cualquiera de nosotros”. Los gobernadores ganaron: Marín no se movió de su silla pero guardó el resentimiento en el fondo de su corazón.

 

A mediados de junio del 2006, en la carrera presidencial sólo quedaban dos corredores en un empate técnico virtual: Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. Roberto Madrazo, arrinconado en el tercer lugar, veía de lejos lo que ocurría. El tabasqueño lo relató en su libro La traición: un grupo de gobernadores priístas prácticamente lo abandonó, y centraron sus esfuerzos en obtener la medalla de plata, es decir, una presencia robusta en el Congreso. El cuartelazo de los gobernadores, implicó, además, negociar su voto útil para uno de los finalistas. Empujados por Manuel Espino y Elba Esther Gordillo, los gobernadores tricolores eligieron al blanquiazul.

 

Declaración ex post de Manuel Espino: fueron diez los gobernadores tricolores con los que se negoció. Y más ex post: el mandatario poblano fue uno de ésos diez con los que se platicó, según le afirmó a Fernando Canales. ¿Dónde, cómo y cuándo fue la plática?

 

Como se afirmó en esos días, siempre se pensó que la reunión ocurrió en Atlixco a mediados de junio. Según la fuente panista de alto nivel, en realidad sucedió en las mismas fechas pero en el Hotel Fiesta Inn Las Ánimas. Ahí se encontraba hospedado Espino. El gobernador poblano llegó acompañado de su fiel escudero y entonces secretario de Gobernación, Javier López Zavala. En el lobby los esperaba Eduardo Rivera Pérez, entonces dirigente local panista. Al llegar a la habitación, Rivera y Zavala permanecieron fuera, sin escuchar lo que Marín y Espino platicaron, así como a los acuerdos a los que llegaron.

 

El fondo de la conversación no fue sorpresa: Espino planteó que el triunfo de López Obrador no convenía a nadie. Madrazo estaba descartado, y que era hora de tomar nuevos rumbos. A cambio de desactivar el aparato de operación tricolor, el dirigente panista ofreció inmunidad en la Suprema Corte de Justicia. Todo ocurrió así en la realidad, aunque la exoneración tardó un poco en llegar.

 

El testigo panista, después de las elecciones federales, fue convenientemente desaparecido de la escena del crimen y beneficiado por su silencio. Eduardo Rivera Pérez fue enviado a estudiar un master a España, y Espino le encargó la representación del PAN ante los partidos demócrata-cristianos de Europa. Y para evitar filtraciones en la campaña local del 2007, Rivera regresó hasta que el PAN había sido arrasado, aunque su master terminó a finales de junio.

 

Además, en ausencia, recibió la diputación plurinominal y la coordinación de la fracción parlamentaria. El crimen sí paga.

 

*** Agüera alcanza la unidad. El éxito en la reelección de Enrique Agüera, explican sus operadores, no se basa en su postulación como candidato único, sino en la posibilidad de alcanzar la unidad política. Por ello ayer hubo una cumbre entre Guillermo Nares –director de la Facultad de Derecho- y Damián Hernández –el hombre más confiable del rector-.

 

Los resultados del acuerdo dejaron a ambas partes contentos. Derecho se sumará a la copiosa votación a favor de Agüera y, por su parte, Nares podrá mantener su coto de poder. Nada mal el acuerdo negociado por Damián Hernández.

 



 
 

 

 
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