Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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19/05/2010


El caso Puebla reflejado en el espejo del caso Mérida


Hasta antes de la jornada electoral, en Mérida todas las encuestas eran consistentes en otorgar entre 17 y 22 puntos de ventaja a la candidata priísta Angélica Araujo sobre la calderonista Beatriz Zavala.  El PRI yucateco de Ivonne Ortega va a arrasar en los comicios, replicaron medios y columnistas siguiendo los dictados de las casas encuestadoras. El día de los comicios, el conteo de salida de Gabinete de Comunicación Estratégica a le dio una ventaja de 14 puntos a la priista, pues ganaría la alcaldía con 51 por ciento de los votos frente a 37 de abanderada panista. Pero llegado el cómputo del órgano electoral yucateco, el PRI ganó apuradamente por apenitas 3 puntos y 12 mil votos. ¿Qué diablos ocurrió? ¿A dónde diablos se esfumó la ventaja arrasadora? El caso Mérida mantiene en vilo no sólo a los encuestadores, sino a las dirigencias de los partidos, ya que lo sucedido podría replicarse en la disputa por las 12 gubernaturas en las que en 9 de ellas las casas encuestadoras manejan ventajas semejantes a la de Mérida de 20 puntos. Si tales ventajas no existen y en realidad el PRI termina ganando por pocos puntos, la vía para judicialización está abierta, incluida la negociación de gubernaturas.


Las grandes casas encuestadoras nacionales ensayan respuestas para desentrañar el misterio del caso Mérida, puesto que es imposible que todas se equivocaran en los mismos porcentajes. No hubo un sólo estudio que manejara ventajas para el PRI de menos de 15 puntos. Así que hasta el momento hay dos hipótesis. Una, existe una tendencia de voto oculto que las mediciones no acaban de reflejar. Dos, el PRI sufrió un exceso de confianza que atrofió su maquinaria electoral. De las dos hipótesis, la primera es la más preocupante puesto que carecen de herramientas metodológicas para corregir la desviación provocada por el voto oculto. Y es que cuando la gente calla, pues calla. No hay más.


Los encuestadores nacionales tienen miedo al contagio en las 12 batallas por las gubernaturas. En pocas palabras, Gabinete, Parametría y Mitofsky tienen miedo de sobreestimar el potencial electoral del PRI a causa del voto oculto de los encuestados, es decir, un engaño deliberado de los electores. Tal desviación afectaría a las 12 entidades, Puebla incluida. Para GCE la preocupación es mayor, pues el día de hoy iniciará su nuevo levantamiento para la entidad, y dado el entorno de volatilidad y resultados tan dispares entre encuestadoras como Mitofsky, Indicadores S.C., Mas Data, Defoe Social Reporting y el mismo GCE obliga a afinar la puntería.


La siempre mal intencionada María de las Heras ve el otro punto de vista: la sobreestimación del voto tricolor por parte de algunas casas encuestadoras, como ocurrió en Mérida, han provocado exceso de confianza en el PRI y atrofia de su aparato electoral. Así lo afirmó en su Twitter, aunque ya sabemos que tiene como costumbre desdecirse.


Contra la postura de la encuestadora cómoda, Francisco Abundis de Parametría escribió ayer en El Universal sobre el caso Mérida y el fenómeno de la sobreestimación de voto para el tricolor:


“1.Si lo que pasó este domingo en Yucatán pasara en las 14 restantes elecciones locales, en lo que se refiere a diferenciar entre las mediciones preelectorales y los resultados finales, significa que estamos sobreestimando al PRI. Si esto fuera así, la supuesta ventaja que lleva este instituto político en la mayor parte de las 12 elecciones de gobernador estaría cuestionada. Por ello el escenario para el próximo 4 de julio podría ser mixto o no de dominancia priísta como se venía perfilando.


“3. Hay que ser muy cautelosos con la lectura de mediciones y encuestas, hay que atender y tomar en cuenta un poco más a las tendencias históricas. Una diferencia de más de 10 puntos en Mérida no coincide con los datos históricos de esa ciudad por lo menos en las últimas cinco elecciones locales. Es un estado que en los últimos 12 años un partido o candidato no lo gana por más de siete puntos. Por ello la posibilidad de que el PRI “arrasara”, en un lugar de gran tradición panista, era poco probable.


“4. En lo que se refiere a comportamiento electoral, hay un dato positivo. Si bien las historias de clientelismo en el estado son emblemáticas, hay que reconocer que el electorado del país en general y de Yucatán en particular, ha aprendido bastante y ha desarrollado algunos niveles de autonomía respecto a estas prácticas. Hay que recordar la mítica capacidad de operación del ex gobernador Víctor Cervera, quien perdió su elección. Yucatán es un electorado sofisticado y complejo desde hace tiempo y esto está pasando en otros lugares del país. Esto cuestionaría la idea de que el 4 de julio tendremos elecciones de statu quo. Si bien es cierto que el PRI gobierna nueve de los 12 estados con elecciones para gobernador y eso le da más posibilidad de triunfo, algunas de estas nueve priístas, como las dos panistas y un perredista están en juego.


“Muchas lecciones para un solo evento. Importantes para poder entender un poco más lo que está por venir en el “superdomingo” 4 de julio próximo. Y si bien es cierto que las elecciones es cada vez más local y tiene su propia lógica no se debe dejar de hacer el intento de encontrar tendencias generales que expliquen las motivaciones del complejo electorado mexicano”. Hasta ahí la cita de los comentarios del director de la firma Parametría.


Alejandro Armenta debería mirarse en el espejo de caso Mérida porque puede sufrir cualquiera de los dos fenómenos: o que sus encuestadoras favoritas produzcan una sobreestimación del voto tricolor -¿dónde quedaron los 23 puntos de ventaja?- o un exceso de confianza que atrofie a la estructura electoral. Y una de esas, como señaló Voz y Voto, terminen ganado por la mínima diferencia. Y de ahí, a la judicialización y al TRIFE.

 



 
 

 

 
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