Sin embargo, para el gobierno marinista, 2008 no es el año de la inseguridad, sino el de los “hechos aislados”, el único discurso que conoce Mario Montero y el resto de los funcionarios encargados de la seguridad pública.


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Los “hechos aislados” del crimen organizado

 

2008 es el año de la inseguridad en Puebla. Hasta antes, el estado avanzaba a contracorriente del baño de sangre nacional. La operación del crimen organizado era subterránea gracias a la existencia de acuerdos capos-gobierno que nos convirtieron en una especia de oasis. Sí, un lugar de paso. También residencia para las familias de los grandes narcos. Algunos levantones en la Sierra Norte, especialmente en la conflictiva zona de La Ceiba. Sí, con mucho narcomenudeo bajo control. De pronto, algo se rompió. Los pactos se rompieron y las barreras para evitar que los criminales operaran en la entidad se derrumbaron.

 

Sin embargo, para el gobierno marinista, 2008 no es el año de la inseguridad, sino el de los “hechos aislados”, el único discurso que conoce Mario Montero y el resto de los funcionarios encargados de la seguridad pública. Hechos aislados, que si se ven en conjunto, pintan un cuadro alarmante que Mario Marín se niega a ver o que sus subalternos no lo dejan ver.

 

Hagamos un recuento de los “hechos aislados”:

 

  • El secuestro del empresario Francisco Zorrilla Alanís, quien permaneció desaparecido seis meses, le cortaron el dedo meñique y que al ser liberado se fue de la entidad,

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  • La detención del comandante de la PFP, Edilberto Camacho, asignado ala seguridad del Aeropuerto poblano, bajo los cargos de permitir el descenso de aeronaves cargadas de narcóticos. Unos días después también fue relevado el destacamento militar asignado al resguardo del lugar.

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  • La muerte del empresario Ricardo Ramírez en los separos de la PGJ a manos de los policías judiciales Edgar Contreras Chang y José Díaz Salinas mientras lo extorsionaban. Después de un mes de presión mediática, Blanca Laura Villeda abandonó el cargo.

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  • Los nueve impactos de bala que recibió el vehículo del alcalde saliente de Izúcar, Filiberto Guevara. Hizo responsable al presidente entrante y que después sería conocido como el narcoalcalde, Rubén Gil.

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  • El asesinato del diputado suplente del PAN por el distrito de Tecamachalco, José Alfredo Pérez Castro, quien, con un balazo en el tórax, llegó manejando su camioneta la Cruz Roja.

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  • La detención en Estados Unidos de Raúl Gil Campos, presidente municipal de Izúcar de Matamoros, bajo la acusación de transportar droga en su empresa de fletes. Sus padrinos políticos se desmarcaron, pero todavía habrá noticias porque juicio iniciará en septiembre y no se duda que hablará de su relación con políticos poblanos.

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  • El cierre de operaciones de Casa de Cambio Puebla después de que la AFI detuvo a Pedro Alfonso Alatorre “El Piri” por lavar dinero para el Chapo Guzmán y comprar aeronaves para mover droga.

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  • La balacera entre cinco judiciales poblanos y un comando de Zetas en Córdoba, Veracruz. El único agresor detenido salió caminando al otro día. Fuerzas especiales rescataron a los poblanos, pero el agente de placa 646 fue levantado y dos semanas después apareció muerto en Río Blanco.

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  • La detención de una célula de sicarios del Cártel del Golfo en Oaxaca que se dedicaba al secuestro y utilizaba el corredor de Tehuacán para instalar sus casas de seguridad.

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  • En la madrugada del 4 de abril un comando armando asaltó la caseta de peaje ubicada en San Martín. Mataron a un militar y se llevaron un millón de pesos, lo que provocó la remoción del general Enrique Jorge Alonso Garrido, quien sólo duró 4 meses al frente de la XXV zona militar.

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  • El miércoles 29 de abril un comando con armas largas asaltó un camión de valores, llevándose 8 millones de pesos sin disparar un tiro. Las fuerzas de seguridad montaron un operativo de 150 elementos, aunque al final nadie fue detenido.

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  • La detención de cinco miembros del Cártel de Sinaloa por ofrecer 10 mil dólares a los custodios del Aeropuerto de Huejotzingo para dejarlos bajar un avión cargado de cocaína.

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  • La amable solicitud del gobernador a dueños y directores de medios de comunicación para bajarle al tema de la delincuencia ante la ola de violencia que ya azotaba al estado.

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  • El Atlas Delictivo 1996-2007, realizado por el Icesi (Instituto Ciudadanos para el Estadio de la Inseguridad) ubica a Puebla como la quinta entidad más insegura del país, sólo por detrás del Estado de México, DF, Baja California, Chihuahua y Veracruz.

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  • El narcoaterrizaje de emergencia en las inmediaciones de la laguna de Alchichica. La avioneta fue abandonada, aunque se encontraron armas de alto poder en su interior. Los militares se hicieron cargo del asunto.

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  • El cateo que hizo la AFI y la PFP de una casa ubicada en el cluster 888 de Lomas de Angelópolis, en busca de un pez gordo que podría ser El Mayo Zambada. Desde entonces, al fraccionamiento de lujo se le conoce como Lomas de Narcópolis.

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  • El hallazgo de dos ejecutados en la carretera Cuacnopalan-Oaxaca, a unos minutos de Tehuacán, en el paraje conocido como la “falla geológica”. Después se supo que habían sido empresarios secuestrados en Oaxaca.

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  • El secuestro de Karina Reyes, estudiante de la Upaep y sobrina del obispo de Jalapa, Hipólito Reyes Larios. Fue encontrada en los límites de Puebla y Veracruz, pero las autoridades de ambos estados se echaron la bolita y nunca se supo nada.

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  • El empresario de origen sinaloense Martín Lizárraga Osuna fue ejecutado por dos sicarios tras ubicarlo viviendo en la casa de sus sobrinos en San Martín Texmelucan. Nadie fue detenido.

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  • El secuestro en La Ceiba del empresario Héctor Paredes Valdéz cuando se encontraba en su billar. El levantón fue ejecutado por once sujetos vestidos con uniformes de la AFI.

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  • Los pobladores de Tlapanalá detienen a un comando de presuntos Zetas que sí resultan serlo; casi los linchan y la policía estatal los rescata para traerlos a la capital.

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  • Por último, el atentado contra el subprocurador Víctor Pérez Dorantes, en el que se dispararon 300 cartuchos de AK-47.

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    Tantos hechos aislados nos dicen dos cosas. Uno, que el crimen organizado ya vive en Puebla, y dos, que el 2008 no sólo es el año de la inseguridad, sino de la impunidad. Y eso que apenas vamos en la segunda quincena de agosto. A ver qué viene.

     



     
     

     

     
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