Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


20/01/2010


Los votos de la megacoalición


Brotan como rosas en la mar los argumentos más locuaces y disparatados que se puedan escribir sobre la megacoalición que se cocina en las dirigencias nacionales del PAN, PRD, PANAL, Convergencia y PT para preparar candidaturas comunes a la gubernatura, alcaldías y diputaciones. Los argumentos dotados de ignorancia supina van de lo sublime a lo ridículo: que si se trata de la unión del agua y del aceite, que se trata del pragmatismo absoluto y una burla al sistema de partidos, que si en Puebla jamás podrán convivir Fuas con izquierdistas. Al final, estos últimos tienen un peso electoral igual a cero. Con argumentos tan simplistas, sentencian que la alianza PAN-PRD es una burla que los poblanos no tomarán en cuenta, y por ello no podrán derrotar al imbatible PRI de Mario Marín y Javier López Zavala. En pocas palabras, patatim patatam, más valdría que nos ahorráramos los próximos seis meses, pues las Santas Escrituras ya han profetizado un triunfo contundente y rotundo del delfín.


Pues no. El objetivo primario de la megacoalición es netamente electoral, es decir, suma de votos. No confusión de principios ideológicos, agendas políticas, mezcla de doctrinas o arrendamiento de conciencias. Simplemente se trata de vencer a un enemigo común, en este caso el PRI, que en una circunstancia democrática podría ser enfrentado de forma normal, pero que su control del aparato gubernamental y su tendencia a la ilegalidad obligan a enfrentar de forma extraordinaria. En otras palabras, se trata de un frente, seca y llanamente.


Un análisis electoral sobre la capacidad de la megacoalición para derrotar al PRI es fácilmente demostrable a partir de un histórico de la votación de los últimos comicios. Veamos ejemplo por ejemplo detenidamente:


Un primer escenario es la elección local del 2004 en la que varios hechos confluyeron para generar un escenario dorado para el tricolor. Un gobernador, Melquiades Morales, altamente popular y con calificación aprobatoria arriba del 8. Un presidente Fox en franca picada, y el peor presidente municipal en la historia de la capital personificado por Luis Paredes Moctezuma. Un candidato a la gubernatura altamente popular y un abanderado a la alcaldía que no reunía el 12 por ciento de negativos. Y por si fuera poco, Francisco Fraile, un candidato panista opaco hasta cansarse.


En tal escenario dorado y con una participación del 50 por ciento —votaron 5 de cada 10 poblanos—, el PRI obtuvo a nivel estatal 862 mil votos, mientras que el resto de la oposición —PAN, PRD, etcétera— ganó en su conjunto 827 mil votos. Es decir, con todas las condiciones a favor, el tricolor apenas superó a toda sus rivales por 35 mil votos, es decir, un miserable 1.5 por ciento de la elección.


En este escenario ni siquiera vale la pena sacar a colación los resultados de los comicios federales del 2006, pues el PRI perdió ampliamente. Vayamos a otro escenario relativamente benéfico al tricolor.


En los comicios locales del 2007, con un PRI que llegó a ganar los 26 distritos electorales y en los que Blanca Alcalá arrasó al platanito Sánchez Díaz de Rivera, no hay gran diferencia. Con una participación del 42 por ciento —votaron 4 de cada 10 poblanos— el PRI en la Angelópolis obtuvo 224 mil votos contra 214 mil de toda su oposición. Y vaya que el PAN se desplomó con el peor candidato de su historia, y aún así, la diferencia no supera los 10 mil votos, poco más del 2 por ciento.


Por último, otros comicios favorables al PRI en 2009. Cuando ganó los 16 distritos electorales federales obtuvo 620 mil votos en todo el estado, mientras que la suma del PAN y el FAP (hoy DIA) sumaron 717 mil votos con un escenario de participación que no alcanzó el 40 por ciento. Es decir, la oposición sacó 80 mil votos más que el PRI.


Tomando en cuenta que el padrón electoral de la capital para el 4 de julio es de un millón 100 mil electores, y calculando una participación del 50 por ciento, el candidato priísta a la alcaldía deberá obtener 260 mil votos para ganar. Es decir, casi 20 mil votos más que Doger en el 2004 y 40 mil votos más que Blanca Alcalá en el 2007. ¿A poco Montero podrá obtenerlos?

 

Y luego dicen que la megacoalición no sirve.

 



 
 

 

 
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