Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

20/07/2009

Inicia el asalto de RMV a Casa Puebla


Festeja su cumpleaños entre las masas, pero hubo grandes ausencias


Rafael Moreno Valle es una policromía: una gama infinita de colores políticos lo acompaña en su asalto a Casa Puebla. Si el año pasado eligió un festejo elitista presidido por la todopoderosa maestra Gordillo, el sábado se volcó con la masa que, al estilo de los fanáticos zavalistas, viven felices con un pollo Mazatepec en la mesa acompañado por una Big Cola. Los grandes capitales y las figuras nacionales dieron paso a los modestos dirigentes municipales, a operadores del interior del estado, a los viejos y nuevos liderazgos regionales que por años dieron la batalla en solitario en contra del PRI. También, como siempre, exmiembros del Grupo Finanzas. Debutaron en su aparato de campaña juniors ligados al PRI pero que ahora se vuelcan contra sus orígenes, como Juan Pablo Piña y Gerardo Islas. Y hasta los socialités como Alejandro Gallego Bastieri, el hermano de Luis Miguel, llegó a animar acompañado de sus groupies de Televisa. Y para cerrar, el abrazo afectuoso de Enrique Doger, la amenaza fantasma de una ruptura traumática en el tricolor que no se cansa de coquetear con el morenovallismo.


Más de 5 mil piadosas almas panistas atestaron el salón Las Palmas, propiedad de Tony Gali, uno de los morenovallistas más leales de la comarca. Llegados de todo el estado, casi 40 alcaldes del albiazul y más de 130 dirigentes municipales llenaron casi una hectárea que no se cansó de corear el clásico ¡Rafa gobernador! La boca remojada con cerveza tibia y en un calor infernal provocado por las más de cien carpas colocadas que elevaron la temperatura política con la presencia de Cirilo Salas y Éric Lara, los dirigentes magisteriales que un día cobran en el PRI y otro en la nómina del Panal.


Sí: Moreno Valle tuvo un cumpleaños que ningún panista había tenido en la historia gracias a su poder financiero y su capacidad de movilización. La historia señalará un antes y un después de la llegada del expriista a las filas albiazules. En algún sentido es un alfa y un omega.


Pero las más de 5 mil almas no borraron las ausencias. Los enemigos usuales, Ana Teresa Aranda y Humberto Aguilar ya se sabía que no pondrían pie en el ágape. Pero llamó la atención la ausencia de los aliados, cada uno con su pretexto particular. Casi casi el cumpleaños de Moreno Valle se convirtió en la fiesta de los representantes.


Pablo Rodríguez Regordosa no estaba ahí, pero sí Pablo Montiel. Tampoco llegó Francisco Fraile, pero envió a su hijo Tomás. Eduardo Rivera se ausentó, pero hizo acto de presencia Rafael Micalco muy al principio de la reunión, pretextando cubrir las formas. Roberto Grajales Espina llevó el logo del Yunque al salón Las Palmas para cuidar a Ángel Alonso Díaz Caneja. Un negrito simpático de apellido Acevedo representó a su patrón Rafael Cañedo Carrión. Enrique Núñez a Rodrigo López Sainz. Por parte de Coral Castillo y de la familia Grajales no hubo mensajero para quedar bien. El único que se mantuvo al pie del cañón fue Armando Prida quien ya prepara su embestida contra el marinismo.


Tampoco hubo aliados nacionales. Ni hablar de la misma Elba Esther o de Miguel Ángel Yunes, o del payasito Jorge Kawaghi. César Nava andaba por Baja California y no se tomó la molestia de llegar a Puebla, lo mismo que Josefina Vázquez Mota, quien sólo envió a su coordinador de asesores. Luis Maldonado Venegas ni siquiera mandó a su Niño Naranja, José Juan Espinosa, sólo a Eukid Castañón. Aunque se dijo en varias mesas que asistió porque había comida gratis.

 

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Los sombrerudos llegaron al poder. Con la presencia de Moreno Valle, Acción Nacional dejó de ser un partido de perfumados. En la policromía del senador lo mismo confluyeron camionetas de las mejores marcas con humildes autobuses foráneos que trajeron a sus simpatizantes de varios rincones del estado.


El conde de Chichiquila ya entusiasma a los panistas deseosos de vengar las derrotas propinadas por Marín. En su discurso, por primera vez el expriista se lanzó en contra de la administración de Mario Marín, aunque en ningún momento tuvo palabras para Javier López Zavala.


Su discurso de cumpleaños —Micalco ya se había retirado— centró la obsesión de Moreno Valle, requisito primario para poder llegar al final de la carrera en julio de 2010: la imposible unidad de Acción Nacional. Sin llegar al caso de las tribus perredistas, las familias custodias del partido se separan hasta en lo que comparten.


El pegamento ideológico de Moreno Valle entusiasmó a muchos, pero no a todos. “Vamos a sacar al marinismo de Casa Puebla”. Debajo de las mantas que ya ardían a más de cuarenta grados, las camisas y sombreros empapados de sudor iniciaron otra salmodia: ¡No más preciosos!”.


El senador dibujó un mundo de caramelo para su candidatura. Un partido unido y abierto. Una ciudadanía participativa y gobierno honesto son las bases de su programa. Mientras Moreno Valle alzaba la voz, los panistas trituraban carnitas, pollos y tortillas sin apenas inmutarse.

 

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El morenovallismo parece un ejército de pocos generales. Uno de los recién reclutados, Víctor Cánovas, lució en la mesa principal del festejado. Se trata de un estafador nayarita que hoy vive del erario tlaxcalteca luego de convertirse en la mano derecha del gobernador Héctor Ortiz.


Entre los aliados más leales, por supuesto, Jorge Aguilar Chedraui, delegado de IMSS. Cabalán Macari, el dirigente de Nueva Alianza que extrañamente nunca cruza palabra con los dirigentes sindicales del SNTE. Y eso que vienen de la misma familia.


A cargo de los empresarios Tony Gali, quien reprimió las ganas de cantar para atender la logística de los miles de invitados.


Omnipresentes, por supuesto, su esposa Martha Éricka Alonso y sus padres.


Pero y después, ¿quién más?


Sus excofrades del grupo Finanzas, Luis Banck Serrato, Marcelo García Almaguer. Eukid Castañón y Paty Leal parecen dedicados a otras actividades que les roban más atención que apuntalar el asalto a Casa Puebla.


Rodeado de los diputados federales —desempleados a partir de agosto— Guillermo Velázquez, Alfonso Bello y Arturo Flores Grande, partió su pastel. Pero los maliciosos señalaron que con esos aliados no iba a llegar muy lejos.


A final de cuentas Moreno Valle cumplió su cometido: alimentó y festejó a las masas panistas que deberán elegirlo como candidato, lanzando una amenaza a Ana Teresa Aranda y a Humberto Aguilar.


¿Alguien puede reunir más gente que yo?, dijo en su íntima intimidad.

 

Y el espejo le respondió que no.

 



 
 

 

 
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