Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


22/01/2010


La política está loca, loca


La lucha por el poder, escribe Maquiavelo, exige talentos de zorro y de león. Astucia para eludir las trampas –o crearlas- y fuerza para enfrentar –o asustar- a los enemigos. Ambas cualidades mezcladas, a menudo provocan comportamientos que parecen ilógicos o fuera de las coordenadas de la realidad. Un buen ejemplo son las actitudes de los actores políticos locales en busca de las candidaturas a la gubernatura y a la alcaldía. La confusión de intereses de grupo y apetitos personales aderezada por filias y fobias, más el componente de partidos políticos acomodaticios, parece han creado una realidad alterna. Ante algunos hechos, sólo nos queda afirma que en estos días la política está loca, loca. Veamos algunos.

 

Ana Teresa Aranda, adalid de la moral y la ética política en la contienda interna de Acción Nacional, dispone de un helicóptero privado para recorrer el interior del estado y se niega a hacer público quién se lo presta. Tal sospecha aliente la versión de que el gobierno marinista la ha contratado como quintacolumna de Rafael Moreno Valle para dinamitarlo desde dentro.

 

Mario Montero, priísta de corazón y de cartera por varias décadas, ahora coquetea con irse a la alianza PAN-PRD luego de que crecen las versiones de una negociación en el CEN tricolor para amarrar la candidatura de unidad de Javier López Zavala vía postular a Enrique Doger como abanderado a la alcaldía.

 

Blanca Alcalá, alcaldesa popular y figura refrescante de la política local, de una día a otro declinó sus aspiraciones a la gubernatura con puras promesas de por medio. Luego de una estrategia cuidada para cabildear a nivel nacional su participación en el proceso priísta y generar expectativa en el PRI local, abandonó la carrera sin acuerdos concretos de por medio y perdió la oportunidad de su vida.

 

Mario Marín, en la víspera de convertirse en el primer gobernador que pone gobernador, prefiere poner en riesgo la victoria tricolor en los comicios del 4 de julio al vetar la negociación propuesta por Beatriz Paredes para entregarle a Enrique Doger la candidatura a la alcaldía como premio de consolación.

 

Los perredistas se cansaron de denunciar el fraude panista en la elección presidencial del 2006 y su líder político Andrés Manuel López Obrador sigue llamando miserable y pelele a Felipe Calderón. Los panista promovieron la campaña de odio contra el PRD y los llamaron “un peligro para México”. Hoy se preparan para unirse en matrimonio electoral.

 

Enrique Doger coquetea con dos novias al mismo tiempo y corre peligro de quedarse como el perro de las dos tortas. Su salida del PRI parece más conveniente, porque los datos indican que la megacoalición tiene todo para ganar, por lo que ya salieron otros pretendientes de tal candidatura. Y en el tricolor, a pesar del aval zavalista, se prepara un frente en su contra liderado por el gobernador Marín.

 

Javier López Zavala vive atrapado en el tiempo. Por un lado quiere como su compañero de fórmula a Enrique Doger y aborrece a Mario Montero como candidato a la alcaldía. Pero todavía no puede poner a uno ni quitar al otro, aunque en ello le vaya su triunfo en los comicios de julio.

 

Los medios locales de comunicación se han apostado por completo por el Proyecto Z, pero ignoran que los datos numéricos le dan altas posibilidades de triunfo a la megacoalición. En realidad, lo único que hacen es elegir a su nuevo amo aunque no falta quien se sienta el poder detrás del trono.

 

El electorado poblano vive en la inercia de la victoria tricolor, aunque los logros de la administración marinista son bastante escasos. Pese a ello, las encuestas señalan que la expectativa priísta para retener la gubernatura llega al 65 por ciento. Por eso dicen que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

 



 
 

 

 
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