Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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24/02/2010


La Conspiración de los Tres Compadres


En algún lugar muy específico se tomó como mensaje de mal agüero la designación de Valentín Meneses como último secretario de Gobernación del sexenio marinista y conductor del proceso electoral 2010. No porque se dude de su capacidad para el cargo y su posición como interlocutor válido con los partidos de oposición. De hecho se le valora como el diamante del periodo si analizamos el currículo de cargos ocupados a lo largo de la administración. Lo mismo ha sido Director de Comunicación Social, Director del DIF, Dirigente Estatal del PRI y Secretario de Comunicaciones, culminando su prolífica trayectoria como encargado de la política interior. Tantos cargos no son producto del compadrazgo con el gobernador Marín, ya que otros compadres no han gozado de tantos privilegios. Mucho menos es un homenaje al amiguismo. Dado que en sexenios anteriores apenas había figurado, bien le valdría el apodo de invento sexenal. O será que el mandatario si descubrió la riqueza de un diamante en bruto, pero muy bruto. Al margen de tales consideraciones, a quien no cayó nada bien el nombramiento del Vale fue a Javier López Zavala, quien ve cerrarse a su alrededor un cerco político tendido por el gobernador y que se cerrará con la designación de Mario Montero como candidato a la alcaldía. El abanderado tricolor a la gubernatura, literalmente, se encuentra asfixiado por su benefactor.

 

Fue un pésimo mensaje a la campaña zavalista porque todo Puebla sabe que Valentín Meneses fue un crítico absoluto a la postulación del delfín como heredero sexenal. En alto y en bajo, y a cualquiera que quisiera escucharlo, El Vale despotricó una y otra vez en contra del delfín. Cuenta la leyenda que todavía en octubre del 2009 Meneses aprovechó un viaje en helicóptero al Distrito Federal para exponer sus argumentos del por qué no a Zavala. La plática terminó tan mal –algunos empresarios fueron testigos- que si no hubieran viajado por aire, seguro bajaba del vehículo al entonces secretario de Comunicaciones.

 

Después de sufrir el trato iracundo del gobernador, Meneses desistió de convencer a su compadre sobre lo poco idóneo de Zavala para sucederlo, así que limitó sus críticas a las noches de alcohol con sus amigos dueños de medios. Incluso, en un episodio relatado por Mario Alberto Mejía, el maldito alcohol provocó que en una comida pública se sumara al Proyecto Z para retractarse cuando terminó la cruda. Y luego, cuando se le despertó el gusanito por la alcaldía trató de reconciliarse y hasta promover una dupla, pero los agravios acumulados era demasiados. Era muy tarde para tender un puente entre ambos, pues la relación es pésima.

 

El nombramiento del diamante en bruto Meneses, por su pésima relación con el candidato priísta a la gubernatura, es un agravio que indica pésimos nubarrones. La designación incumple una de las leyes no escritas del sistema político mexicano: después de la nominación como candidato se inicia una transferencia gradual del poder. Es una cortesía tradicional que el sucedido consulta al sucesor el nombre del secretario de Gobernación que conducirá los comicios. Así lo hizo Melquiades Morales con Mario Marín: renunció a Carlos Arredondo para darle paso a Rómulo Arredondo, un personaje confiable para el marinismo.

 

El gobernador Marín no le concedió tal cortesía al candidato Zavala, pues si le hubieran dado a escoger al delfín, Meneses sería una de las últimas opciones. Porque además el Vale obedecerá únicamente las órdenes que provengan del gobernador Marín y no las de Zavala. De tal forma que muchos confirmarán lo que vienen sospechando desde hace meses: que el delfín no tiene ni los medios para premiar y mucho menos castigar. Y que eso, en la teoría maquiavélica del poder, significa no tener poder.

 

El pronóstico del clima político indica nubarrones entre el padre estricto que no quiere ceder el poder y el adolescente heredero que ya quiere ejercerlo. Zavala no tendrá oficina en Gobernación. Tampoco podrá controlar la nominación de Montero, pues el gobernador Marín ya negoció con Paredes el beneplácito para su  extensión del proyecto transexenal.

 

Si Shakespeare hubiera escrito esta historia, Zavala sería una víctima de la Conspiración de los Tres Compadres.

 



 
 

 

 
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