Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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24/05/2010


El hoyo financiero es un cadáver apestoso que vuelve a caminar


A todas luces es absurdo que en la campaña electoral 2010, en vez de discutir sobre el futuro de Puebla y sus retos en la sociedad del conocimiento, debamos dedicarnos a realizar un revisionismo histórico sobre asuntos que la opinión pública ya juzgó como en el caso del hoyo financiero, un presunto desfalco a las finanzas públicas locales en el año del 2003 y destapado en plena sucesión de Melquíades Morales. Después de varios ires y venires, versiones y contraversiones, Mario Alberto Mejía y este columnista publicamos un amplio reportaje soportado en pruebas documentales de la firma auditora Deloitte, cuya dictaminación hizo responsable al entonces subsecretario de Egresos, José Joaquín Fernández, de aprobar directamente mil 148 millones de pesos de los 2 mil 300 millones desfalcados en el año 2003. Aquí paró entonces la discusión, aunque nunca se fincaron responsabilidad y Melquiades Morales tampoco abundó sobre su participación. Siete años después el tema vuelve a ocupar las portadas y parece convertirse en un tema determinante de la campaña por la gubernatura. Así que con gusto no sumamos a la tarea histórica de revivir los cadáveres insepultos.


El escándalo del hoyo financiero explotó en los medios de comunicación en julio de 2003, cuando desde la Secretaría de Finanzas se filtró un proyecto de venta de inmuebles propiedad del gobierno estatal, incluido el Centro de Convenciones y el Estadio Cuauhtémoc, a fin de enfrentar la emergencia que enfrentaban las finanzas públicas estatales,  exactamente cinco meses después de que Francisco Bárcena y José Joaquín Fernández se hicieron cargo de la Secretaría de Finanzas. Ya para septiembre, el asunto era un verdadero escándalo. Las restricciones presupuestales se volvieron pan de cada día y la austeridad el mantra para soportar la carencia de papel higiénico y lápices en las oficinas gubernamentales ¿Qué pasó en esos cinco meses? ¿Cómo se desbocaron las finanzas públicas? ¿Quién se equivocó?


Sin duda, el portal Status y el periodista Alejandro Mondragón fueron el motor del tema. Incluso, acuñó el título del “hoyo financiero” para referirse a la crisis. Su hipótesis se convirtió en la teoría dominante: el Grupo Finanzas provocó el déficit desde 1999,  pero lo maquillaron en las cuentas públicas y en las auditorías de los consultores externos para no afectar sus aspiraciones políticas de llegar a Casa Puebla. Es sabido que una mentira mil veces repetida, se convierte en verdad. Así sucedió y por mucho tiempo, los culpables del déficit fueron Rafael Moreno Valle Rosas y Fernando Manzanilla.


La polémica creció cuando la crisis de las finanzas públicas se relacionó con el tema político. Fernando Manzanilla le dio a Mario Alberto Mejía una entrevista, publicada en Intolerancia Diario, en la que señala directamente a Ernesto Echeguren y el propio Mondragón como los responsables de la guerra sucia en contra del Grupo Finanzas. El objetivo: ayudar las aspiraciones de su precandidato, Germán Sierra. Para la gente informada, sin embargo, en los nombres señalados por Manzanilla faltaba uno: ¿Quién provocó el déficit del 2003? ¿Quién era el enemigo de dentro que filtraba los golpes a la prensa? La respuesta la conocemos hoy, después del reportaje publicado por Cambio.


En la versión de Alejandro Mondragón hay cosas que no cuadran Porque ¿cuál era el sentido de que Moreno Valle y compañía maquillaran sus errores, si de todos modos les iban a explotar en la cara tarde o temprano? ¿Para que arriesgarse a buscar la candidatura, si sabían que sus acciones tarde o temprano los iban a alcanzar? A través de los mismos medios de comunicación, se sugirió que parte de los recursos faltantes fueron a dar a la precampaña de Moreno Valle. Al final del proceso, el periodista Arturo Luna reveló en su columna Garganta Profunda, que los morenovallistas le adeudaban a sus proveedores algunos miles de pesos por los espectaculares contratados durante la precampaña. ¿Cómo es posible, si tenían los recursos provenientes del hoyo financiero? En ese momento trascendió también que Manzanilla y Moreno Valle se distanciaron por el adeudo y que la reconciliación tardó varios años en llegar. Nada más las cosas nunca cuadraron.


Las auditorías de Protego y Deloitte


La crisis de las finanzas públicas requería una explicación. Protego –de Pedro Aspe Armella- y Deloitte and Touche fueron contratadas para realizar sendas auditorías. Los resultados no llegaron a la opinión pública, sino que fueron guardados en la secreto del cajón del exgobernador Morales. El secretario Bárcena no supo o no pudo dar la explicación que le correspondía. Aunado a su cercanía con el Grupo Finanzas, provocó que el Gobernador le perdiera la confianza y en más de dos ocasiones estuviera a punto de renunciarlo. El papel protagónico en materia financiera lo asumió José Joaquín Fernández, dispuesto a corregir los errores de “ésos muchachitos”. En lo sucesivo, recibiría el trato de titular y Bárcena se convertiría en figura decorativa.


El hoyo financiero nunca desapareció de los medios de comunicación. Cómo cadáver insepulto, de cuando en cuando se levantaba, a pesar de los esfuerzos oficialistas por acallarlo. A manos del periodista Rodolfo Ruiz llegaron archivos que contenían las sesiones de la Comisión Gasto-Financiamiento, integrada por Carlos Arredondo, Héctor Jiménez y Meneses y José Joaquín Fernández, en ausencia del titular de Finanzas. Dichos archivos detallan ampliaciones presupuestales sin justificación y que agravaron la crisis cuando ésta se hallaba en plena tormenta. La investigación de Rodolfo Ruiz se dirigió a ese tiempo perdido que son los cinco meses entre que Barcena y Fernández asumieron la conducción de la Secretaría. Nuevamente, los medios de comunicación fueron acallados. El poder de José Joaquín Fernández era mucho y la amenaza era no pagar los convenios de publicidad. Aún así, las dudas comenzaron a levantarse. ¿Podría existir otra explicación al hoyo financiero?

 

El reportaje de CAMBIO: Joacho, el responsable


El reporte de Deloitte es claro: el responsable principal del hoyo financiero se llama José Joaquín Fernández, quien hasta enero del presente año despachó como subsecretario de Egresos y autorizó, conforme a la revisión hecha por la empresa consultora, mil 148 millones de pesos de los 3 mil 311 millones identificados como ampliaciones para el periodo que va de enero a agosto del 2003


De acuerdo a los documentos ofrecidos por Cambio, el famoso “hoyo financiero” podría resumirse así: partiendo de una posición de liquidez al 1 de enero del 2003, el gobierno de Melquiades Morales realizó ampliaciones por encima de sus posibilidades y generó por lo tanto un déficit hacia el final del año equivalente a 2 mil 300 millones de pesos. Estas ampliaciones fueron firmadas en su gran mayoría por funcionarios de esa administración, destacando entre ellos —por tener el mayor monto autorizado y por su propia posición dentro de la Secretaría— el mismísimo José Joaquín Fernández.


El desorden financiero se produjo debido a una gran ampliación del gasto público iniciada en el año 2003 y el que aparentemente no se hubiera puesto un alto a las ampliaciones por parte del gobierno obligaba a que la administración estatal saliente escogiera entre dejar una deuda documentada con bancos cercana a los  mil 500 millones o dejar pasivos por esa cantidad (léase: proveedores sin cobrar), que obligaran a la administración entrante a contratar de emergencia un empréstito de un monto similar en las primeras semanas del nuevo gobierno.


¿Por qué José Joaquín se dedicó a desatar el gasto a su llegada a Finanzas y, en paralelo, fue introduciendo la idea de que encontró un enorme problema en la Secretaría? Volvemos al trasfondo político. En una célebre y polémica charla telefónica —reproducida en septiembre de 2003 en Intolerancia Diario— el entonces precandidato Sierra Sánchez le dijo a su operador Ernesto Echeguren que “hay que bajarle al tema financiero porque ya le está pegando al gobernador”. Poco después, el propio senador acusó al Grupo Finanzas de haber “engañado al gobernador” y exigió una explicación por el “mal uso de los recursos públicos”. A confesión de parte, relevo de prueba.


Queda una pregunta por responder. ¿Si existió ese sobregasto de 2 mil 300 millones de pesos reflejado en las cuentas públicas durante el 2003, cómo le hizo el gobierno anterior para entregar a la nueva administración un “estado sin deuda”? La respuesta es sencilla: los 2 mil 300 millones de pesos fueron financiados por un crédito de  mil 500 millones de pesos —de Bancomer— y mediante un anticipo de participaciones vía la Conago y el Fondo Petrolero cercano a los 700 millones, la mayor parte entregados en diciembre de ese año. Los restantes 100 millones fueron pasados como adeudos para el 2004.

 

Aquí nos detenos porque aquí se detuvo la verdad periodística. En su momento, Moreno Valle y Fernando Manzanilla no tuvieron empacho en acusar públicamente a José Joaquín Fernández, quien decidió guardar un silencio sepulcral al igual que Melquiades Morales. Hoy, la campaña electoral 2010 los rebasa a todos. ¿Surgirá una nueva verdad alrededor del hoyo financiero?

 



 
 

 

 
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