Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

25/02/2009

Té de tila contra el Pacto ZD


La bomba atómica que amenazaba con dividir a los priístas rumbo a la sucesión de Casa Puebla fue desactivada. Ayer por la noche, en el restaurante La Silla, Javier López Zavala y Enrique Agüera tuvieron un encuentro fortuito que el rector aprovechó para aclarar los malentendidos surgidos a partir de interpretaciones insidiosas al Pacto ZD. A lo largo de la plática que no duró más de tres minutos, el rector empeñó su palabra al llamado delfín marinista a no participar en la sucesión ya que su interés, juró, es permanecer otros cuatro años al frente de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Sin más acuerdo de por medio, se retiraron a atender sus compromisos que los esperaban.  

 

El encuentro fortuito con Javier López Zavala –quien asistió al restaurante para platicar con un grupo de regidores teziutecos- tranquilizó al rector Agüera, quien a lo largo del fin de semana mostró un evidente nerviosismo a partir de lo que algunos miembros de su círculo cercano llamaron “ataques sucesorios”. La confirmación, además, de un pacto entre el propio Zavala y Enrique Doger, hasta hace poco enemigos irreconciliables, alimentó la teoría sospechosista de una alianza estratégica. El nerviosismo llegó a tal grado que el rector ya preparaba una estrategia de defensa ante lo que su war room veía venir como una avalancha.

 

Por supuesto, la avalancha no llegó. Ni llegará. Aunque muchos dudan todavía de la veracidad del Pacto ZD, las muestras de una auténtica alianza van dándose poco a poco, sin más intención que fortalecerse a sí mismo ante el priísmo. Ayer, por ejemplo, Zavala y Doger fueron vistos asistiendo juntos al tradicional carnaval de Huejotzingo. Ambos se dejaron fotografiar sin pudor. Otra muestra más llegara antes del fin de semana, cuando ambos reúnan a sus generales en una comida de estructuras de la que serán testigos los medios de comunicación.

 

Los priístas nerviosos –y aspirantes cuasi priístas- no han reparado en un hecho fundamental: que el principal ganador del Pacto ZD es el propio PRI, pues el acuerdo entre Javier López Zavala y Enrique Doger reduce a niveles mínimos la posibilidad de una ruptura que espera ansioso Rafael Moreno Valle. En efecto: la experiencia histórica de los últimos veinte años indica que las probabilidades de derrota –en cualquier tipo de elección- se agrandan en la medida en que la familia revolucionaria sufre divisiones insalvables. La elección presidencial de 1988 y el inicio de la crisis tricolor a nivel nacional está marcada por la escisión del Frente Democrático Nacional encabezado por Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas. A partir de ese momento, en cada elección estatal o federal en que los grupos dinamitan la unidad partidaria, los signos de una derrota ominosa se hace presente. Y si no, pueden revisarse la historia de los procesos electorales en los estados gobernados por PAN y PRD, beneficiarios siempre de las divisiones tricolores.

 

Rafael Moreno Valle espera frotándose las manos la posibilidad de una escisión al interior del tricolor. Y hasta ahora el candidato idóneo para provocarla era Enrique Doger Guerrero, en primera instancia por su mala relación con el gobernador Marín, así como por su historia conflictiva con Javier López Zavala.

 

Sin embargo, a Doger se le acaban los argumentos para una ruptura violenta en el tricolor. Primero, el gobernador Marín honró su palabra y ordenó a los diputados priistas que aprobarán su última cuenta pública en el Congreso local, un virtual indulto después de tantas desavenencias políticas. Después, ha sido integrado oficialmente al grupo de aspirantes a los que el gobernador les reconoce derecho a sucederlo, tal y como ocurrió en el desayuno del viernes pasado en Casa Puebla. Además, ha sido reintegrado paulatinamente a la familia revolucionaria en su calidad de consejero político.

 

Aunque el frío político proveniente de Casa Puebla poco a poco ha ido desapareciendo, tampoco puede afirmarse todavía que haya calor o animosidad por su candidatura. Picando piedra, Doger debe volver a forjar alianzas políticas. Y ninguna inmejorable que la que ahora tiene con Javier López Zavala.

 

En la medida en que Doger vuelva a sentirse priísta, ahora cobijado por el pacto ZD, Moreno Valle se quedará sentado esperando una ruptura traumática. Y de la unidad nadie puede salir más beneficiado que Javier López Zavala, pues empieza a sumar a uno de sus mayores críticos.

 

Así que por el momento no debe haber nervios de más. Nadie prepara una ofensiva en contra de aspirante alguno, milite activamente o no en el PRI.

 

*** Como un mozalbete. Apenas el fin de semana un funcionario gubernamental fue visto disfrutando de las mieles de la juventud en el antro de moda llamado L.P. ubicado en el Triangulo de las Ánimas.

 

Lo malo es que su regreso a la juventud no tuvo que ver con el baile o las muchachas, sino en la barbarie de participar en una gresca tumultuaria en la que volaron golpes, vasos y hasta sillas, en lo que podría denominarse una madriza de época.

 

Rodolfo Chávez Carretero, encargado de la construcción de espacios educativos –ex Capcee- cual mozalbete de 20 años salió feliz de la gresca en el L.P. Despeinado, pero jadeante y feliz, por sus venas volvió a correr el elixir de la juventud.

 

Vaya ejemplo.

 

*** El Borjita de los medios poblanos de comunicación. Sí, el mismo que acompañado de sus primos libaneses temblaba de felicidad, al estilo del Chavo del Ocho, cuando le decían que jugaba igualito a Enrique Borja.

— ¡Zas, sí, sí, y que yo era Borjita, y metía muchos goles, y zas, zas, sí sí.

Y hoy vemos su rostro de Borjita todas las noches por televisión.

 



 
 

 

 
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