Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Los contrapesos nacionales


Tal y como lo habíamos señalado, el proyecto transexenal del marinismo encuentra tres escollos a superar. Primero, que al delfín, en los tiempos de la democracia competitiva, no le basta la condición subjetiva de ser el favorito del monarca sexenal. Debe, además, reunir las condiciones objetivas de cara al electorado que le permitan convertirse en un triunfador en las elecciones. Segundo: la imposición de un delfín, a diferencia de lo que ocurría en los años dorados del priísmo, no garantiza la unidad del tricolor. Los aspirantes derrotados – o aplastados- pueden elegir apoyar a un partido o candidato diferente, y con ello destruir las posibilidades de victoria del PRI. Tercer punto crítico: si los proyectos transexenales, en toda la historia nacional, no pudieron germinar en la época del priísmo autoritario, mucho menos podrían hacerlo en el marco de una democracia multipartidista como es México.

 

Mario Marín, a despecho de sus propias ambiciones, no es omnipotente. Por el contrario, está rodeado de contrapesos a nivel nacional que le atan las manos. En otras palabras: la sucesión no es un asunto aldeano, sino que necesariamente se enmarcará en los proyectos de poder a nivel nacional. Y el propio gobernador lo sabe en persona: tan decisivo fue su potencial electoral en la sucesión de Melquíades Morales, como el juego de poder al interior del PRI y la lucha por la candidatura presidencial del 2006. Lo mismo ocurrirá en tan solo dos años. Aunque muchos lo quisieran, las fuerzas nacionales y sus poderes fácticos influirán en la carrera por la gubernatura.

 

Para empezar, el gobierno federal panista de Felipe Calderón tiene un interés específico en las gubernaturas como plataformas de lanzamiento para retener la Presidencia. Y Puebla, como lo declaró el malogrado Manuel Espino a principios del sexenio, es uno de las prioridades del panismo nacional. Con Moreno Valle, Humberto Aguilar o Ana Teresa Aranda, los albiazules quieren la gubernatura y ahora sí parecen decididos a utilizar la estructura federal para hacer ganar a sus candidatos locales. Y una de las muchas formas es el golpeteo a las administraciones priístas. No vamos muy lejos: el escándalo Cacho, detonado en el 2006, tenía como objetivo fundamental dinamitar al tricolor poblano. Y vaya que lo lograron: el PAN ganó doce de dieciséis diputaciones federales y las dos senadurías de mayoría, su mejor resultado electoral en toda la historia de la entidad.

 

El caso Cacho es un ejemplo perfecto de la intervención nacional para desestabilizar las elecciones locales. Durante dos años sumieron al gobernador en una crisis de legitimidad, y sólo una paz indigna, a cambio de apoyar los proyectos calderonistas, terminó la pesadilla. ¿No podría hacer Felipe Calderón una jugada semejante contra la imposición de un delfín? La hipótesis no parece lejana en la medida que Marín cometió un error estratégico al situar a López Zavala en Desarrollo Social. Sí, será una especie de Santa Claus con la entrega de los programas sociales. Pero resulta que el dinero para financiarlos en su mayor parte es de naturaleza federal, proveniente del ramo 33 y los fondos especiales. Y por tanto, puede ser fiscalizable por la Auditoría Superior de la Federación y la secretaría de la Función Pública. Un pequeño error en e manejo de los recursos, la menor desviación al padrón de beneficiarios, puede ser una catástrofe aprovechada por el gobierno federal

 

Sí, en Desarrollo Social Javier López Zavala está demasiado expuesto. Y bajo la vigilancia directa de un tecnócrata brillante, Ernesto Cordero, personaje de todas las confianzas de Felipe Calderón. Además, por supuesto, de la legión de poblanos que trabajan en la Sedesol federal.

 

La vigilancia del gobierno federal sobre el delfín será un problema. Pero probablemente más lo será la inminencia de la guerra civil del priísmo nacional por la candidatura presidencial del 2012. Todos los precandidatos, todos, Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones  y Beatriz Paredes desearán influir en la sucesión marinista para tener el próximo gobernador poblano en su equipo. Así ocurrió en el 2004: el Tucom quería a Germán Sierra y Madrazo a Mario Marín. Melquíades Morales, hasta ese momento, jalaba con Jackson y compañía, pero al final los ofrecimientos del tabasqueño fueron más suculentos.

 

El saldo de las alianzas nacionales de Mario Marín parecen muy claras hasta hoy. La vida, literalmente, se la debe a Manlio Fabio Beltrones, el adelantado líder tricolor en la Cámara de Senadores. Su cabildeo ante la Suprema Corte de Justicia, con el resto de los priístas y sus negociaciones con Felipe Calderón le permitió a Marín conservar su gubernatura. El agradecimiento, expreso, se lo hizo en la cátedra del cinismo de hace unas semanas. La correlación lógica indicaría que Marín, comprometido con Beltrones, hará lo que éste le diga. O que una confusión de intereses, Beltrones y Marín irían juntos por Zavala. Pero nunca se sabe. Ya se vio con Melquíades que los políticos no tienen lealtades permanentes.

 

Pero supongamos que sí: que Manlio y Marín van con Zavala. ¿Entonces Peña Nieto con quién irá? ¿Con Jorge Estefan Chidiac? Y lo más importante: ¿qué hará Beatriz Paredes, la dirigente nacional? ¿Permitirá el Maximato marinista, a riesgo de las rupturas entre los grupos poblanos y la posibilidad de perder la gubernatura? ¿No apoyará, por ejemplo, a Blanca Alcalá por su condición de género? ¿O a Chucho Morales, amigo de toda la vida y compañero del sector campesino? ¿O a Enrique Doger, por el ser el priísta mejor posicionado?

 

Los tiempos de la sucesión, como se sabe, se han adelantado con la reforma electoral que armoniza el calendario de los comicios en todo el país. Si antes, con elecciones en noviembre el destape ocurría a principios de año, ahora que se han movido a julio el destape deberá ocurrir en noviembre o diciembre del 2009. ¿Cuál será la situación política del momento? Sin duda, será influida por el resultado de los comicios federales.

 

Qué pasaría, por ejemplo, si el PRI hubiera ganado la mayoría en la Cámara de Diputados y tuviera la puerta abierta para regresar a la Presidencia de la República. ¿No intervendrán los liderazgos nacionales del tricolor para calmar las aguas locales y tranquilizar los ánimos del Maximato marinista? ¿Podrá resistirse Marín a las presiones de los grupos nacionales? ¿Qué podrán ofrecerle a un gobernador odiado por la opinión pública nacional?

 

Antes, en los años dorados del priismo, la sucesión de gobernador se resolvía en el ánimo del Presidente. A falta de éste, los mandatarios locales se transformaron en caciques, señores feudales, pero sin el poder suficiente para imponer a su sucesor sin tomar en cuentas las coyunturas y grupos de poder nacionales. ¿Cómo resolverá Marín el tercer punto crítico?

 

*** Vidas paralelas. Podría haberlo escrito Plutarco (el romano, no el poblano). Ocurrió el uno de marzo de 2002. Marín había terminado su periodo como alcalde e iniciaba su travesía al desierto en busca de la gubernatura. Como lanzamiento de su campaña, se le ocurrió inaugurar su notaría, la número 53. El invitado de honor fue Melquíades Morales, y al saliente alcalde sólo lo acompañaron su familia y colaboradores, hoy conocida como la burbuja.

 

Fiel a su estilo, Melquíades pegó con la izquierda. “Me da gusto, Mario, que abras tu notaría. Ahora tendrás más tiempos para estar con tu familia y tus hijos”. Marín tensó la mueca y cerró los puños de la ira que lo inundaba. El mensaje era unívoco: de aquí solo irás a tu casa.

 

No pude dejar de pensar en la escena mientas Doger inauguraba su INDEMA. Con un pequeño retoque, el guión era el mismo.

 



 
 

 

 
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