Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

26/05/2009

Antes muerto que sencillo (o el reality de la Diez-Diez)


Anotada apenas como un esbozo para lamentar la fábrica de mediocridades en la que se ha convertido Puebla, la teoría de la macdonalización del periodismo local caló fuerte entre los que se pusieron el saco.


Sin mencionar estación de radio, nombres de periodistas, periódico en el que replican sus columnas o los empresarios a los que agradecen, Mario Alberto Mejía se puso el traje a la medida y nos “descubrió” que la estación de radio es la Diez-Diez de AM, que los periodistas macdonalizados son los que transmiten en ella, mismos que publican para Milenio Puebla y los empresarios benefactores son Julián Ventosa Aguilera y José Hannan.


Al quintacolumnista le irritó la comparación con sus iguales, es decir, con los periodistas que transmiten en la Diez-Diez y que publican en Milenio Puebla. Rodeado por sus pares, clama respuestas que bien merecen encontrarse para diagnosticar al periodismo poblano.


“Rueda se pregunta si quienes aparecemos en Punto 10 o en Milenio Puebla aspiramos a convertirnos en celebridades siendo todos iguales. ¿Todos iguales? ¿Valdría la pena que precisara en qué somos todos iguales?” pregunta Mejía asombrado del reflejo que le devuelve el espejo.


“Rueda se molesta de que en Puebla haya empresarios periodísticos y de medios como los señores Hanan y Ventosa que están abriendo espacios en la radio y en la prensa escrita a periodistas que, como yo, venimos de una censura”, afirma el quintacolumna sin que hasta ahora se haya disparado un dardo en contra de los empresarios aludidos.


Y por último, lanza el reto de responder las dudas que su psicoanalista no le ha aclarado: “Cómo diría Televisa: ¿Tienes el valor o te falta?”.


Voy paso a paso.


Mejía no debería irritarse. La macdonalización, entendida como la homogenización de criterios comerciales, estéticos o culturales, en sí no es buena ni mala. Todo depende de la circunstancia.


Por ejemplo, la Big Mac es un favor al mundo: la misma hamburguesa puede comerse en Moscú, en Roma, o en Londres o en Tombuctú casi al mismo precio. En cualquier parte del mundo ofrece el mismo sabor, ingredientes, tipo de pan y hasta envoltura. Cero sorpresas y mucha confiabilidad a un precio moderado.


Los puristas dirán que la macdonalización es fenómeno horrendo: que elimina las diferencias, los sabores y las particularidades de la comida local. ¿Cómo rechazar las particularidades que ofrece el fish & chips en Londres, una pequeña trattoria italiana o la horrorosa borsch moscovita?


Ser iguales, entonces, no es ser mejores. Un dilema infinito que ninguna teoría política o humana ha podido resolver: ¿si la libertad lastima la igualdad porque privilegia la particularidad, y si la igualdad encarcela la libertad porque homogeniza, cuál es la forma correcta de organizar el mundo?


La macdonalización, concluyen, sólo beneficia al modelo empresarial de Macdonalds: vender el mismo producto en todo el mundo reduce costos y amplia el mercado potencial de consumidores.


Vaya, que las Big Mac no hacen a Macdonalds, sino MacDonalds a las Big Mac.


Así, la macdonalización no cuestiona al producto, sino a la estrategia empresarial.


Ahí radica el punto. Los señores Ventosa Aguilera y Pepe Hanan, además de excelentes personas, son muy buenos empresarios: con un periódico y una estación de AM han logrado homogenizar productos informativos al igual que se haría con una hamburguesa: mismo sabor, excelente textura y a buen precio.


“¿Valdría la pena que precisara en qué somos todos iguales?”, pregunta Mejía. Y yo respondo.


¿En qué? En la convergencia de intereses que provoca la macdonalización impulsada por los señores Ventosa y Hanan en su papel de excelentes empresarios y añadiría, mejores personas.


La sociedad Ventosa-Hanan no es grupo editorial, sino un grupo de interés.


Así de sencillo. Ninguno de ellos viene de una carrera en medios de comunicación. Unos son excelentes constructores. Los otros tienen fábricas textiles y gasolineras. En su papel de empresarios ambos han sido –son- proveedores de gobierno estatal. ¿Cuál su interés por invertir en medios de comunicación? ¿Ampliar sus emporios empresariales mediante el garrote de la prensa?


Muy respetable.


Ejemplos hemos tenido de su funcionamiento como grupo de interés. Ya una vez se apostaron por un ex futbolista como candidato a la alcaldía y perdieron. Presionaron hasta que pudieron y hasta quisieron tumbar el nombramiento de Blanca Alcalá.


El señor Ventosa Aguilera organizó la comida de cumpleaños de Javier López Zavala y se ha convertido en uno de sus más activos promotores rumbo al gobierno estatal ¿No fue testigo de honor en una reunión para limar asperezas con Javier Sánchez Galicia y adherirlo al zavalismo? ¿No en la misma aventura son compañeros de viaje de Javier García Ramírez?


La inteligencia empresarial del dúo Ventosa-Hanan es su capacidad para hacer compaginar las agendas editoriales de varios de los mejores periodistas de Puebla con sus intereses políticos y financieros. En la homogenización de los puntos de vista y en la confluencia de grupos de presión. Ahí radica la macdonalización.


¿Qué es algo ilegal? No. ¿Ilegítimo? Menos. ¿Qué cuentan con la aprobación de los actores mediático? Claro.


Mejía alega que hasta el momento nadie le ha dado instrucciones para callar sobre tal tema o personaje desde que regresó a la Diez-Diez.


¿Por qué no intenta con una cobertura crítica de los intereses del clan Ventosa-Hanan? ¿Tocar por ejemplo, a Javier García Ramírez o a Javier López Zavala?


¿Se podrá desde la Diez-Diez? Estaríamos gustosos de escucharlos.


Mejía se molesta porque pongo en duda la contribución de los dupla Ventosa-Hanan a la libertad de expresión. Como no tengo evidencias de lo contrario en el caso del propietario de Milenio Puebla, debo asumir que se trata de un empresario sin mancha. ¿Pero en el caso de los señores Hanan, padre e hijo? (Va por delante que al menor lo considero mi amigo)


¿Cómo se puede agradecer el regreso al radio a los mismos responsables de nuestra expulsión del cuadrante?


Mejía contestará que no, que el verdugo fue Salvador Martínez, dueño de la estación y no los Hanan, empresarios que casualmente se encontraron una radiodifusora que antes tenía arrendatario y después, por decisión del poder marinista, ya no. ¡Carajo qué buena suerte!


Lo que asombra es el cambio de perspectiva: cuando terminó La Quintacolumna radio, afirmamos –ambos- que la prueba del golpe marinista se daría en los nuevos tenedores de la estación. Y llegaron los Hanan.


El padre, financiero en la precampaña y la campaña. El hijo, compañero de los partidillos de fútbol en Casa Puebla. Ambos pertenecientes al círculo íntimo.


¿Y ahora los verdugos son promotores de la libertad de expresión?


Aja.


Y eso que omito citar, para no amarrar navajas, lo que mi amigo quintacolumnista llegó a escribir de la familia Hanan en esos tiempos. Sólo como referencia, el 11 de diciembre de 2006, cuando todavía era director editorial de Cambio y se dio a conocer la llegada de los hoy benefactores, el diario cabeceó: “El Chato entrega la Nueva 10 a Marín”.


¿Entonces?


Congruencia, Mejía.


Concluyendo: nadie merece ser condenado por decidir vivir como una Big Mac.


La macdonalización del periodismo poblano es una decisión de los propios periodistas, provocada por la inteligencia empresarial de los señores Ventosa.


Nadie puede llamarse a sorpresa por esta convergencia de intereses, y mucho menos de cara al 2010.


Lo mejor es que la Big Mac cuesta 35 pesos, mientras los socios del Macdonalds se enriquecen con la venta de cada hamburguesa.


¡Pero qué caray!


Son las tribulaciones de un mundo globalizado.


Preferible ser Hugo Sánchez y Paulina Rubio, juntos.

 

Antes muerto que sencillo.

 



 
 

 

 
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