Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Un vendedor de espejitos


Pues que se largue. En una entrevista cómoda que el locutor Fernando Canales le hizo al genio Gabriel González Molina en su noticiero matutino, el Alto Comisionado para la Productividad Competitiva se quejó amargamente por el “ataque” sufrido ayer a manos de este diario. Y sólo para recordarnos lo genial y valioso que es, así como lo mucho que perdería la entidad si decidiera irse de Puebla, el también esquizofrénico presidente de la Fundación “Un Millón de Mexicanos en Talentos” presumió de las muchas ofertas que tiene en el mundo para irse a trabajar. Literalmente, como una forma de desviar sus culpas, afirmó “Mira Fernando el viernes pasado estaba yo en Costa Rica a lo mejor aquí en Puebla tenemos “los ojos vendados” hay un movimiento mundial y tiene en América Latina su sede en Puebla. Por qué, porque Gabriel González Molina esta en Puebla es un movimiento acerca de la “revolución de los talentos” en Costa Rica me dijeron “oiga porque no se viene usted para acá, y me lo han dicho en Bogotá, Buenos Aires, Santiago”,

 

No estaría mal que el Alto Comisionado, responsable de poner en predicamento a los doce candidatos del PRI a los que ofreció un curso electoral en las instalaciones del Instituto para la Productividad Competitiva. No perderíamos un genio, pero sí nos desharíamos un fraudulento simulador. El mismo que al comienzo del sexenio presumió que la Universidad Gallup invertiría 50 millones de dólares en la entidad para crear un centro mundial de análisis de la opinión pública. Al final, ni los dólares, ni el centro mundial, y tampoco Universidad Gallup, que se retiró de Puebla casi en secreto.

 

Sí, González Molina, el mismo que recibió como premio a su estrategia electoral del 2004 la creación de un organismo descentralizado –el Instituto Poblano para la Productividad Competitiva- que cambiaría el paradigma económico de la entidad y atraería grandes inversiones trasnacionales. Por ello, para estar en sintonía con la globalización, se dio a sí mismo un cargo rimbombante –Alto Comisionado- que le permitiera moverse con soltura entre la elite global. En cuatro años de existencia, el IPPC sólo sirvió para aplicar a todos los burócratas de la administración estatal un examen inútil para conocer sus talentos, y entregarle los resultados sobre sus cinco principales en una hojita membretada por la entelequia denominada Gallup University.

 

González Molina ha engañado a todo Puebla con su famoso examen de talentos, imaginando que gracias a ese conocimiento la economía local ha crecido. ¿Cómo cuantifica sus beneficios, comparados con los 8 millones de pesos anuales que recibe como presupuesto del dinero de todos los poblanos y el dinero extra del Fondo Pyme? No hay indicador, ni respaldo internacional, y tampoco reconocimiento de organismo multilaterales internacionales, por más que el propio genio los presuma en su carta aclaratoria anexa.

 

Pero no acaba ahí la historia. Además de cobrar como Alto Comisionado del IPPC y comisionista de la Gallup University, González Molina decidió hacer del tema de los talentos su negocio privado, a pesar de la subvención que recibe del erario. Primero creó una Fundación privada llamada “Un Millón de Mexicanos en Talentos”, que coxiste en las mismas instalaciones y personal del IPPC. Según él, los cursos de talentos los ofrece la Fundación y no el instituto que es el que recibe, por ejemplo, los 4 millones de pesos del Fondo Pyme. Por si fuera poco, además de la Fundación, González Molina viaja a Sudamérica a vender espejitos con el mismo tema, y cobra sus conferencias a partir de la marca registrada My Role. ¿Quieres pruebas, Gabriel?

 

La última simulación, y la más grave, es que además de funcionario público y negociante privado, el genio sigue desempeñando su función de consultor electoral para el priísmo poblano, que no para el gobernador Marín que hace tiempo dejó de comprar sus espejitos. González Molina saltó a la fama en el carro completo de 1997 como el estratega de la polarización, con lo que el PRI ganó los 15 distritos federales. Su prestigio le valió conducir la campaña marinista del 2004 junto a Javier Sánchez Galicia, y luego ambos editaron el libro “Razones de voto”.

 

Pero la estrella del genio comenzó a decaer en el 2006. Primero tuvo la mala idea de sugerirle a Marín, en los primeros días del escándalo Cacho, que era buena idea enfrentar a la opinión pública en un escenario controlado por los “amigos” López Dóriga y Carlos Loret. Todos recordamos cómo terminó todo. Y luego, condujo la estrategia de comunicación priísta en la elección federal del 2006 con pésimos resultados. Además del episodio fallido del slogan “de esto se trata está elección” con Mario Montero como actor principal y Ricardo Urzúa en la producción, González Molina tienes otras historias interesantes.

 

¿Por ejemplo? Al genio se le ocurrió atacar a Moreno Valle con el tema de los impuestos condonados a Kamel Nacif. Nunca se le ocurrió preguntar de quién venía la orden de exentarlos, es decir, del ex gobernador Melquiades Morales y candidato al Senado. Moreno Valle reviró con su propia propaganda y empezó la desgracia de la fórmula Morales-Montero, que a la postre terminarían derrotados.

 

Así hay miles de anécdotas del genio. Así que no perdemos nada si el vendedor de espejitos se va a Costa Rica. Pero Dios no es tan grande.

 



 
 

 

 
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