Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

30/07/2009

La mano que meció la cuna de Rocío García


Suena a redundancia que Bailleres es Tontón. Pero nadie sabe si lo es tanto como para incendiar al Congreso del Estado sin el apoyo de algún peso político de primer nivel. Habría que ser absolutamente estúpido para conspirar la destitución de Rocío García Olmedo al frente de la Comisión Inspectora por un agravio personal surgido durante la reforma constitucional de ultraderecha conocida precisamente por el apellido del presidente de la Gran Comisión. Porque además el joven priísta ya había sido parado en seco hace dos meses, cuando promovió una primera conspiración mediante una carta firmada por el bloque zavalista solicitando tal destitución. Como el gobernador nunca tuvo conocimiento de la revuelta ni la autorizó, la carta fue guardada bajo siete cerraduras en el escritorio de Bailleres. Y cuando nadie lo esperaba, aprovechó un resquicio provocado por la discusión de la reforma electoral y la designación de Ricardo Velázquez para clavarle la cuchillada por la espalda.

 

Pero Rocío García Olmedo no caerá. Tan pronto se levantó la polvareda provocada por el cuartelazo avalado por la tribu zavalista del Congreso, Mario Montero avisó al gobernador quien más pronto que rápido mando a traer al joven Tontón para jalarle las orejas. Según la versión de los enterados, el gobernador regañó en tono fuerte a una de sus estrellas juveniles y le ratificó que su amiga García Olmedo no se irá de la Comisión Inspectora. Y como para acabar el pleito, Alejandro Armenta salió a decir que se trataba de diferencias personales entre ambos diputados que no tendrían mayores consecuencias. Que no pasaría de que Luis Alberto Arriaga llamara “hampones” a sus compañeros de bancada. Que no era tan grave que el priísta presidente de la Gran Comisión llamara “ineficiente” a la priísta presidente de la Comisión Inspectora. O que el zavalista Avelino Toxqui destapara a García Olmedo como candidata a presidente municipal de Atlixco y por eso de una vez había que echarla. Vaya, que nadie debía asustarse de ver fracturada a la bancada tricolor.

 

Algo no cuadra en la explicación simplista de que Bailleres ejerció su vendetta en solitario, como si su liderazgo entre los otros 18 conspiradores fuera enorme como para que lo siguieran en un salto al vacío. Un espectáculo semejante, lo sabe Tontón, podría costarle el resto de su carrera política. Su candidatura a la alcaldía de Tehucán por lo menos. Por lo más, su trascendencia sexenal.

 

El lugar común dirá entonces que todo nuevamente fue un pleito entre Javier López Zavala y Mario Montero. Que el primero necesita la posición de la Comisión Inspectora para terminar de presionar a los alcaldes que todavía no se suman al Proyecto Z y por eso buscan la cabeza de García Olmedo para poner a un incondicional del zavalismo en su lugar, poniendo de pretexto sus diferencias personales con Bailleres. Y que Montero se resistió a entregarla para mantener en su poder la capacidad de presión a los presidentes municipales rumbo a su proyecto. Pero esta hipótesis tiene un fallo fundamental: ¿Cuál es el proyecto de Montero si éste ya dejó de buscar la gubernatura y ahora sólo se conforma con la alcaldía? ¿Para qué chocar con el Proyecto Z al sostener a García Olmedo? ¿Enfrentarse al más que cantado candidato del tricolor a la gubernatura? No parece el estilo de Montero.

 

Además circulan versiones en el sentido de que Rocío García Olmedo ya rindió la plaza y se enlistó en el Proyecto Z pidiendo incluso tareas específicas al secretario de Desarrollo Social. Dichas versiones, por supuesto, no están confirmadas.

 

Si no fue el Proyecto Z, ¿quién le movió la cuna a Rocío García Olmedo?

 

Sólo queda una opción: el mismo gobernador orquestó la maniobra. No con la intención de deshacerse de su amiga García Olmedo, sino para enviar un mensaje siciliano rumbo a la sucesión: al que no se ponga a las órdenes del Licenciado Zavala en los días por venir, pronto dormirá con los peces.

 

El amago entonces toma sentido. Tontón Bailleres no puso en riesgo su carrera política, sino que cumplió con agrado las órdenes supremas de poner en evidencia a Rocío García Olmedo, sin que la sentencia llegara a acatarse.

 

Así es el juego de poder. Aunque en mi opinión hubo rudeza innecesaria.

 

 



 
 

 

 
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