Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

En Tepango no sale el sol


Por primer vez en 30 años se le hizo difícil amarla.


Ahora Mario Montero Serrano entendía por qué el estómago se le licuaba cuando su esposa, Pati Rossano Maldonado viajaba en el helicóptero. El día se le hacía eterno y revisaba su reloj una y otra vez, hasta que la llamada esperada llegaba: ella estaba a salvo. La sensación no era la misma cuando ella tomaba un avión, un autobús o un auto para los viajes que frecuentaba.


Ese viernes sin sol, allá en Tepango de Rodríguez, Mario Montero Serrano entendía el porqué de esa extraña sensación que lo atormentaba.


Y por primera vez se le hizo difícil amar a su esposa, Pati: cómo hacerlo cuando el último registro de su presencia eran unos fierros retorcidos, aún calientes, que expedían un olor que ahora el secretario de Gobernación asociaba con la tristeza, con la pérdida y con la muerte.


Las lágrimas son poco consuelo para explicar el primer amor de los 16 años, la espera impaciente de la novia tras la puerta del Colegio Americano, las discusiones y reconciliaciones de enamorados, una boda express antes de perderla para continuar el postgrado en Nueva York, la esperada llegada de Pati y Mario Jr., el seguro resguardo en sus brazos ante los derrumbes, el baile entrelazados escuchando el NY de Frank Sinatra, las serenatas y las sorpresas de los 26 de diciembre de aniversario y los paseos de la mano deambulando por la ciudad que habían hecho suya, Nueva York, en sus primeros años de casados, viviendo lejos de la familia y de la patria.


Ellos dos solos y un mundo nuevo.


Pero sobre todo de los planes de retiro, cuando la efervescencia política en sus vidas pasara a segundo término y sus hijos se fueran.


Ella, tan independiente y alejada del bloff político, de las cámaras y de la farándula, a diferencia de otras esposas de políticos, se apasionaba con sus estudios de medicina y psicología humanista.


Egresada de la facultad de Medicina de la BUAP, más de una vez rompió el paradigma de los temas tabús para hablar de la sexualidad en las parejas en distintos medios de comunicación, y después, con sus propios programas de televisión y radio.


Fue una de las pocas mujeres en Puebla con el título profesional de sexóloga: el amor en las parejas y sus problemas sexuales fueron el motor de muchas iniciativas y programas para sus pacientes que atendía en su propia clínica.


“Una mujer inteligente, independiente y alegre. Jamás podría estar al lado de una mujer superficial y tonta”, decía a sus amigos Montero cuando presumía las cualidades de su primera novia, con la que años más tarde se casaría.


Al principio, ella tuvo que renunciar a todo para seguir a su esposo: familia, carrera, hogar. Era el precio para estar al lado de Mario.


Y sin embargo, era la primera en alegrarse con los triunfos de su marido.


Ella, la primera en saber la noticia y festejar el ascenso de su esposo en el primer puesto, justo a la derecha del gobernador Mario Montero Serrano: “vas a ver cómo vas ha hacer muchas cosas, y yo te voy a ayudar, vas a ver, vas a ver”, le había prometido Pati.


Y se lo cumplió.


No sería la primer vez.


Pati Rossano era la compañera que apoyaba, auxiliaba, pero que rara vez interfería en las decisiones de su esposo, sobre todo, cuando Mario Montero decidió buscar puestos de elección popular.


Siempre estaba allí para las cenas, las reuniones de trabajo y todos los compromisos políticos que Montero acumularía a lo largo de su trayectoria política. Y Pati allí, sin pedir la foto ni la publicidad que muchas mujeres hubieran deseado.


No le gustaba.


Disfrutaba más de las reuniones con amigos cercanos en alguna casa, las largas jornadas de charlas, los viajes con su esposo a Nueva York los fines de año y en primavera, los libros de medicina y sexualidad así como ayudar en terapia a las parejas para solucionar sus problemas y evitar separaciones, divorcios.


El amor y la familia, nada podría ser más importante en la vida, solía decir Pati.


Ahora, al frente del voluntariado de la Secretaría de Gobernación, en sólo 4 meses, echó andar programas de asistencia social. Alejada del bloff político, optó por invitar a sus amigas más entrañables para esta misión, más personal que social. 


Con una visión humanista, le fue fácil disfrutar de la satisfacción de ayudar a la gente. Entusiasmada y puntual, armaba giras por el interior del estado para este fin.


Y sus amigas de siempre compartían ese gusto: Elizabeth Carpenter de Pereira, Carmen Torres Santamaría, Ivonne Carrillo Sedeño y Gabriela Henaine de Casas.


Ese viernes 11 de enero parecía uno más.


Pati se despidió con un beso y se fue a la segunda repartición de juguetes en comunidades apartadas. Durante toda la mañana Mario no examinó el reloj, el nuevo, el último regalo que su esposa le daría por su reciente aniversario.


Estaba intranquilo, como siempre que ella viajaba en el helicóptero, pero nunca presintió que su celular le daría la noticia más terrible de su vida, a él, un hombre que disfrutaba a plenitud un futuro prometedor, en todos los sentidos.


En el orden de jerarquías, para el secretario de Gobernación, primero estaba su esposa, sus hijos, sus padres y sus amigos.


Un porqué sin respuesta, como un eco, inundó ese viernes a la comunidad serrana.


El helicóptero estalló, presumiblemente por fallas técnicas, y costó la vida de 8 personas: a Pati, a sus queridas amigas, Elizabeth, Carmen, Ivonne y Gabriela, así como al director de Participación Ciudadana, Carlos Lesier Gamboa, y los pilotos Enrique Valdez Sánchez y Edgar Morales Méndez. 
La noticia recorrió todo el país.


Los amigos compartieron su más dolorosa pérdida: sus compañeras de vida.


Ahí, en la Sierra Norte de Puebla, bajo la neblina espesa, Mario Montero habló con su mujer, como si estuviera a un lado de él, le susurró un hasta luego, revivió el último beso y regresó a Puebla, para vestirse de secretario de Gobernación otra vez, aunque en Tepango jamás volverá a salir el sol.

 

Ruleta Rusa

 

¿Sabía que en la partido de rosca que organizó el presidente Felipe Calderón en los Pinos, los únicos poblanos que asistieron fueron Andrés Macip, Genaro Ramírez y Roberto Grajales? Más información en la entrega del miércoles




 
 

 

 
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