Cúpula


Javier Arellano Ramírez


Lydia Cacho siempre ultrajada o “la unanimidad sospechosa”


La resolución de la Corte en el caso Marín - Cacho tiene tantas lecturas e interpretaciones jurídicas y mediáticas que pareciera que ya todas han sido agotadas.


Empero hay una lectura financiera.


Esta es otra faceta de la resolución de la Corte que no había sido tratada.


Por supuesto la escribió alguien que conoce las entrañas de uno de los monstruos más poderosos del país: Televisa.


Jacobo Zabludovsky en su columna Bucareli apuntó textualmente el 24 de diciembre bajo el título de “La Unanimidad Sospechosa” lo siguiente:

 

“…de lo que quería yo hablar en realidad es del fallo de la Suprema Corte de Justicia sobre el caso de Lydia Cacho. En mi programa radiofónico De 1 a 3 del viernes 30 de noviembre dije: “La Suprema Corte ha perdido con este fallo todo lo ganado cuando declaró inconstitucional la nueva ley de radio y televisión”.


“…Hice una larga entrevista a la ministra Olga Sánchez Cordero: ‘La Corte no se pronunció sobre pederastas, no protegió a los pederastas. Esto es absolutamente falso, esto no estaba ni siquiera en las discusiones y esto no fue lo que resolvió la Corte, sino la interpretación constitucional del 16 en donde se establece que las comunicaciones obtenidas ilícitamente no pueden ser prueba plena’.


“…Ha pasado casi un mes y la crítica ha sido unánime.”


“La unanimidad resulta sospechosa si abraza a las extremas derecha e izquierda. Como que algo anda mal cuando se ponen de acuerdo enemigos irreconciliables en otros temas políticos y jurídicos.


Busco la causa lógica y me atrevo a aventurar una explicación razonable.


“…Quienes redactaron la tristemente famosa ley Televisa, sus empleados y testaferros en el Poder Legislativo, sus conductores en medios electrónicos, sus escritores en los impresos, sus intelectuales light que historian a la medida del cliente, cantan todos en el mismo coro.


La intención puede ser demostrar que si lo de Lydia es un error garrafal, la declaración de inconstitucionalidad de la ley Televisa también pudo haberlo sido.


Esta inducción puede producir dos consecuencias: la primera, abrir grietas en el rechazo popular a la ley Televisa y, segunda, facilitar el trabajo de los escribas que en lo oscurito reglamentan la ley para lograr, en la letra chiquita de los contratos públicos, la inutilidad práctica de la declaración de inconstitucionalidad.
Moraleja: muy justo el repudio al fallo sobre Lydia, pero no nos distraigamos mientras los perdedores van por la revancha.


En su reglamentación una ley puede fortalecerse o limitar su eficacia.

 

Y hasta aquí la cita textual.


Es decir de acuerdo a lo que dice Zabludovsky (repetimos, profundo conocedor de las entrañas del monstruo de siete cabezas), es que a los grandes medios de comunicación nacionales, a las poderosas cadenas de radio, a los columnistas y articulistas e incluso a los historiadores ligados al duopolio les importa un bledo las garantías individuales de la periodista Lydia Cacho Ribeiro.


Nunca les han importado y nunca les importarán.


Solo se trata del viaje en el que todos esos gigantes van montados en su lucha para desacreditar a la Corte y sus resoluciones.


Para ellos no es un asunto jurídico, ni legal.


Es un asunto de dinero.


“…Si lo de Lydia es un error garrafal, la declaración de inconstitucionalidad de la ley Televisa también pudo haberlo sido…”


Sentencia Zabludovsky.


Se trata sólo de utilizar la imagen emblemática de Cacho para poner en tela de juicio todas las resoluciones del máximo tribunal mexicano.


El caso de la periodista quintanarroense es solo un pretexto para las batallas financieras de estos brontosaurios de la comunicación.


Para estos golpear al gobernador Marín es sólo parte de una estrategia de negocios.

 

LYDIA CACHO SIEMPRE ULTRAJADA.

 

Las siguientes líneas son una apreciación de la vida de la Cacho.


Mi opinión sobre su papel como periodista ya la he publicado en el pasado.


Para mi la señora, lo dije y lo sostengo, es el mito genial del periodismo mexicano, pero ello no es obstáculo para que conste que ha sido objeto de reales vejaciones y abusos. 


Hace meses el columnista Carlos Ramírez publicó el peritaje psicológico practicado por la Procuraduría General de la República a Lydia.


Ahí subrayó el caso de la violación en el baño de un restaurante en Cancún.


Las versiones apuntaron a que el acto había sido una venganza del entonces gobernador Mario Villanueva Madrid.


Años más tarde Lydia fue detenida por policías judiciales poblanos.


Y ella argumentó “la violación” a sus garantías individuales.


Hoy Zabludovsky nos demuestra que los grandes consorcios de la comunicación electrónica sólo están utilizando, manipulando, esgrimiendo su caso para llevar agua a su molino.


Para ellos es un asunto de dinero.


Pero que en realidad les importa un comino las garantías individuales de la señora.


Y la de todos los periodistas que no pertenezcan a su cúpula.


No cabe duda hoy Lydia Cacho ha vuelto a ser ultrajada.




 
 

 

 
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