Perro no come perro


Luca Brazzi


Perra vida


Luego de unos días de alcohol y sexo –varias perritas me hicieron ver mi suerte- llegó por fin la Noche Buena.

 

Esta noche ablandaré el espíritu y me chuparé algunas de las botellas que mis generosos amigos funcionarios me enviaron con motivo de la navidá.

 

A todos ellos, gracias.

 

Prometo brindar por su memoria con el Magno nuestro de cada día.

 

La cena que dispondré en mi casa-su casa será de primera.

 

Vean, amigos:
De entrada serviré unas croquetas Campeón aderezadas con epazote y jugo de arándano.

 

Luego me recetaré una lata de Pedigree, para perros adultos, con carne molida de res (hummm).

 

Para entonces ya me habré bebido una copita de jerez, dos chelas y una botella de sidra.

 

No faltará como fondo musical el disco de Luis Miguel dedicado a la Navidá y algunas piezas de esa gran perra llamada Lupita D’alessio.

 

Ya entrado en tragos, me pondré a ladrar en el jardín para celebrar ésta que es mi primera navidá como columnista político.

 

Desde aquí les envío mis parabienes a todos los buenos políticos poblanos que han hecho de esta semana una fiesta inolvidable.

 

¡Felicidades!

 

La Vida Loca

 

El otro día fui al brindis de navidá de Alejandro Armenta donde hubo pomos pa’ repartir.

 

Primero que nada todos nos pusimos bien briagos con las bebidas tan finas que repartieron (Magno, Bacardí, Jimador).

 

Ya medios persas, nos pusimos a bailar en círculo para celebrar que nuestro amigo tiene una gran futuro político (ojalá llegue a ser gobernador algún día o ya de perdis, y de nuevo, presidente municipal de Acatzingo).

 

La verdá es que con gente así nos iría de poca, pues Alejandro tiene la sensibilidá suficiente como para darnos a quienes integramos el gremio periodístico un trato de altura.

 

Fíjese usté: además de los pomos que nos sirvieron, nos entregaron unos sobrecitos amarillos bien cargados (a los columnistas nos dieron 5 de a mil), una plancha, unas empanadas y una botella de sidra Santa Claus.

 

Por si fuera poco, el licenciado (gracias, Lic) nos dio una palmada en la espalda por medio y la fiesta terminó hasta las seis de la mañana.

 

En plena fiesta, su servidor aprovechó para tirarse a una perra en el baño.

 

Lo malo es que la señorita se vomitó sobre mí cuando le estaba quitando el brassier.

 

De todos modos la fiesta estuvo de poca.

 

Lo único malo es que nos tomaron fotografías y película.

 

Espero que mi imagen no se vea manchada si aparezco en alguna pagina de interné.

 

Y aunque algunos se quejaron de ese acto de espionaje, yo la verdá es que quedé como el perro agradecido: muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.

 

Nos leemos mañana, pero si nos encontramos nos saludamos.




 
 

 

 
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