Alfonso Bello recrimina directamente a Felipe Calderón, a Juan Camilo Mouriño y al secretario de Gobernación el abandono a los panistas poblanos


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


La crónica de la victoria III: confirman acuerdo Marín-Calderón


El buen periodismo se confirma con el tiempo.

 

Hace una semana, exactamente en este espacio, detallé el cuándo y cómo del acuerdo que se dio entre Felipe Calderón y Mario Marín para ordenar el cese de hostilidades del gobierno federal y la inactividad de la Suprema Corte de Justicia con el objetivo de que el gobernador poblano pudiera ganar sus elecciones intermedias, obtener la mayoría en el Congreso y ganar un salvoconducto de tranquilidad hasta el fin de su mandato. De igual forma adelanté, hace dos meses, que los mensajeros del cumplimiento de tal acuerdo fueron Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón.

 

Dos fuentes autorizadas confirman la existencia del pacto entre el Presidente y el gobernador poblano. El diario Reforma, en su informada columna Templo Mayor, reseñó la existencia de dicho acuerdo. Dos, el diputado federal panista Alfonso Bello tronó ya contra su Presidente, contra Juan Camilo Mouriño y Francisco Ramírez Acuña por haberlos abandonado en la elección local.

 

Vayamos por partes. Ayer, en Templo Mayor se dijo:

 

“CONCLUIDA la desastrosa temporada electoral, en el PAN comienzan a hacer el recuento de daños y, sobre todo, a buscar responsables.


“SI BIEN Manuel Espino carga con la cruz más grande, hay algunos panistas que comentan con enfado que para explicar las derrotas en Michoacán y Puebla, hay que mirar hacia Los Pinos.


“CUENTAN que en el caso de la contienda en la tierra natal de Felipe Calderón, la orden que les llegó de la casa presidencial fue: "En Michoacán ni se metan".


“SEGÚN ESTO, esa instrucción provocó que la estructura partidista se hiciera a un lado... con el resultado ya por todos conocido.


“Y EN EL CASO de la elección poblana, los panistas se quejan de que los mandaron a la pelea con las manos amarradas.


“¿LA RAZÓN? Que de Los Pinos les pidieron el atento favor de no tocar ni con el pétalo de un discurso a Mario Marín.


“ES DECIR, tuvieron que hacer campaña sin poder explotar ese tesoro electoral que pudo haber sido el góber precioso, pues al equipo del Presidente le interesaba más el tema de la gobernabilidad -léase alianzas con el PRI- que ganar una elección estatal

 

Hasta ahí la cita. ¿Así o más confirmación?

 

La bomba terminará de estallar con las tremendas declaraciones de Alfonso Bello, diputado federal panista por el distrito 11, quien recrimina directamente a Felipe Calderón, a Juan Camilo Mouriño y al secretario de Gobernación el abandono a los panistas poblanos y el otorgamiento de impunidad al gobernador poblano. La entrevista que lo hizo Efraín Núñez es de antología. El objetivo era averiguar por qué fue el único diputado de la fracción albiazul que votó en contra del Presupuesto Federal 2008. Las respuestas son impactantes.

 

“Hubo una negociación entre el Gobierno federal y el precioso para dejar las manos libres (…) El Gobierno federal le dio impunidad, le dejaron las manos libres, como decía Obregón ‘nadie aguanta un cañonazo de 50 pesos’ (…) No me da miedo ofrecer estas declaraciones, me da más remordimiento de conciencia quedarme callado. Se vio en estas elecciones que se abandonó al partido. Los diputados federales fuimos a buscar a Juan Camilo Mouriño —jefe de la Oficina de la Presidencia— y nunca nos recibió, el secretario de Gobernación —Francisco Ramírez Acuña— nos dejó plantados. Hay una negociación muy clara aunque no lo quieran aceptar. Yo no entiendo otra cosa y es muy claro”, denunció.

 

“La comisión que se encargó de ver el caso Marín no hizo su trabajo, desde la anterior legislatura no ha habido el menor avance. Diódoro Carrasco no ha hecho su trabajo. Ha estado bloqueando todo para que no avance el tema del juicio político. Me baso en las declaraciones de Alberto Amador Leal —coordinador de los diputados federales priistas poblanos—. Él dijo que su bancada tenía un acuerdo (…) Jorge Estefan —presidente de la Comisión de Hacienda— también lo dijo, “no rompan acuerdos”. Esto sale de los priistas que están refrescándonos en la cara que no se metan con el góber porque no hay un acuerdo. Y este no puede ser otro que dejarlo en la impunidad, que el de dejarlo hacer lo que el quiere en las elecciones”.

 

“No hubo ningún apoyo —por parte del Gobierno federal—, nos quedamos solos ahí teniendo que defender la elección de Puebla. Yo espero que haya cambios en Puebla, en el partido y que sean para la unidad, le refrendo mi apoyo a Rafael Micalco, ha hecho un buen trabajo en la dirigencia estatal. Lo que pasa es que estamos viendo que no tenemos ningún apoyo. El  PRI tuvo todo el apoyo de su dirigencia y de gobernadores vecinos, así es posible cambiarte el resultado de la elección, con esa aplanadora (…)”.

 

La guerra civil de los panistas después de la histórica derrota que sufrieron el domingo pasado ya alcanzó hasta el Presidente de la República. Y era lógico. Sin el cese de la persecución incesante que durante un año mantuvo el gobierno federal por la vía de la Suprema Corte de Justicia y el acoso mediático por el caso Cacho, era imposible, imposible, que Marín obtuviera un triunfo de tal magnitud.

 

*** La crónica de la derrota II. Para refrescar la memoria, el texto publicado el martes pasado.

 

“El nudo central de las elecciones 2007 radica, antes que en el cúmulo de errores cometidos por el panismo poblano y en la división de sus facciones, en el cese del acoso del gobierno federal al marinismo.

 

“Desde que el escándalo sometió a Mario Marín el catorce de febrero del 2006, arruinó su imagen a nivel nacional y lo hizo perder escandalosamente las elecciones federales, el panismo no le había dado un minuto de descanso al gobernador poblano en una persecución inclemente bajo el garrote de la Suprema Corte de Justicia. Sin embargo, a unos meses de los comicios locales en los que Marín se jugaba la vida a través de la renovación del Congreso local que podría destituirlo, el acoso cesó cuando un acuerdo de altísimo nivel suspendió las conclusiones finales del ministro Juan Silva Meza y el juicio político en San Lázaro hasta después del 11 de noviembre, entregándole en la practica un salvoconducto hasta el fin de su mandato.

 

“¿Qué ocurrió? ¿Por qué Felipe Calderón le perdonó la vida? Hasta ahora el rompecabezas estaba incompleto, pero el columnista halló la pieza que faltaba. La historia es la siguiente.

 

“Así como Marín encontró su tumba política en la mañana del catorce de febrero de 2006, encontró una nueva vida la tarde del viernes 4 de mayo de 2007. Ese día, el gobernador poblano acordó directamente con Felipe Calderón el cese de las hostilidades hacia su persona, supeditado a una serie de compromisos, del cual el principal fue su apoyo político a la serie de reformas –fiscal y electoral- que el Presidente ya venía trabajando y que finalmente fueron aprobadas en los últimos días de septiembre.

 

“El encuentro de Marín con Calderón ocurrió con motivo de la comida que el Presidente sostuvo con los diecisiete mandatarios priístas, la dirigencia nacional y los coordinadores en el Congreso. El gobernador poblano tenía especial en interés en el encuentro, una vez que buscaba terminar por convencer a Calderón de asistir al desfile conmemorativo del 5 de mayo.

 

“Calderón, como todos sabemos, asistió al acto conmemorativo y posteriormente llegó al desfile y se mantuvo al lado del gobernador poblano hasta que terminó la parada militar. ¿Qué pasó? Que al finalizar el ágape con la plana mayor del tricolor, Marín tuvo oportunidad de platicar unos minutos con el Presidente. Ahí llegó el mensaje siciliano: después de reiterarle al invitación para venir a Puebla, el Presidente, a su vez, le reiteró al poblano que necesitaba el apoyo de TODO el priísmo para sus reformas, y que si eso sucedía, el sería recíproco en el tema que a cada gobernador le interesare específicamente. ¿Y cuál es el único tema que podría interesarle a Marín? Pues que la Suprema Corte cesara su acoso y ganar sus elecciones intermedias para mantenerse en el poder y evitar la destitución.

 

“Las cosas ahora cuadran claramente: después de los hechos ocurridos entre el 4 y el 5 de mayo, el gobierno federal cesó su acoso inclemente a Marín de forma gradual, en la medida que los acuerdos iban cumpliéndose. Después de ese breve pero sustancial acuerdo presidencial, los secretarios de Estado comenzaron a regresar a Puebla, los programas y recursos federales comenzaron a bajar, y sucedió algo todavía más importante: el 26 de junio, cuando la Suprema Corte tenía todo para ejecutar a Marín basándose en las conclusiones de la investigación liderada por Juan Silva Meza, los ministros salieron con una barrabasada, un tecnicismo estúpido, y aplazaron la resolución final que todavía no llega.

 

“Al mismo tiempo, Marín fue uno de los gobernadores más comprometidos con las reformas calderonistas en el Congreso de la Unión a través de tres operadores: Jorge Estefan Chidiac, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón. Al interior y al exterior del priísmo, el gobernador asumió una posición institucional de apoyo al Presidente de la República, y sumó sus pocos votos en las Cámaras, aunque su influencia, al proyecto de reforma fiscal.

 

“Los acuerdos se cumplen. Marín hizo su parte y Calderón la suya: dejó solo a su partido en Puebla. Simple y sencillamente, el gobierno federal dejó de existir y abandonaron a su suerte a los panistas. Sin recursos económicos ni estrategas de alto nivel, con cero apoyo presidencial y un candidato a la alcaldía contrario a la facción de Calderón, muy pronto los panistas poblanos terminaron ahogándose en la soledad del no poder”.




 
 

 

 
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