Aunque muchas revelaciones halladas por la Comisión Investigadora en verdad son contundentes, al final creo que la articulación de las pruebas es inconsistente y fácilmente rebatible.


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


El expediente inculpatoria de la Suprema Corte


Este día, según anunció Guillermo Ortiz Mayagoitia, comienza el análisis final del escándalo Marín-Cacho, en donde se espera votar el dictamen de Juan Silva Mesa que mantiene la culpabilidad de las autoridades poblanas en la detención de la periodista Lydia Cacho Ribeiro.
Con respecto al expediente dado a conocer por Cambio hace unos meses, reproduzco el análisis de los hechos y la concatenación probatoria, una vez que hasta el momento mantengo la misma opinión. O como diría Aguilar Camín, en vez de repetirme, prefiero citarme a mí mismo:

 

“Desde que recibí el informe preliminar de la Suprema Corte de Justicia elaborado por el ministro Juan Silva Meza, confieso que me quemó las manos. Hoy, después de haber leído y releído las más de 1,200 cuartillas que lo integran, me queda un dejo de insatisfacción. Aunque muchas revelaciones halladas por la Comisión Investigadora en verdad son contundentes –y que hoy puede leer en CAMBIO-, al final creo que la articulación de las pruebas es inconsistente y fácilmente rebatible por la defensa jurídica de Marín. Establecer la concertación de las autoridades poblanas a partir del cruce de llamadas efectuadas en la integración de la averiguación previa, la detención y la posterior liberación de Lydia Cacho, es prácticamente insostenible.


“En efecto, la Corte se dio a la tarea de cruzar las llamadas telefónicas entre los supuestos actores de la conjura. Pero se limitan a eso; no hay versiones estenográficas y ni siquiera relaciones sucintas del contenido de las conversaciones. Se dice, por ejemplo, que el día tal Enrique Ruiz Delgadillo se comunicó a la tal hora con Leonardo Fabio Briseño (particular de Pacheco Pulido) y la conversación duró 4 minutos; o que Javier López Zavala se comunicó con Rodolfo Igor Archundia, Subprocurador, en tal día y hora; o que Pacheco Pulido se comunicó a la oficina del gobernador en una platica cuatro minutos.


“¿Y al final que demuestra eso? Creo que nada, porque a mí me parece que dependiendo el grado de autoridad o subordinación, Pacheco Pulido debe hablar montones de veces al día con su secretario particular, y éste, con Enrique Ruiz Degadillo, y éste otro con Rosa Celia Pérez Guzmán por lo menos cinco veces al día, sin que necesariamente la comunicación se haya dado para hablar de la consignación de Lydia Cacho. De igual forma, creo que el trato de López Zavala –secretario de Gobernación en esos días- con Adolfo Karam y Rodolfo Archundia, agentes cruciales de la seguridad pública estatal, debían ser muy frecuente y no reducido al escándalo de la periodista.


“Claro que hay conversaciones de lo más sospechosas, fundamentalmente las que involucran a Juan Nakad con Rosa Celia Pérez, Guillermo Pacheco Pulido y Aldo Enrique Cruz, director general de los Ceresos. De igual forma que el presidente del TSJ declarara no conocer al mismo personaje, e incluso tener trato con él, y que después el cruce de llamadas demostrara sus intercambios telefónicos en los días previos y posteriores a la detención. Y por supuesto, las conversaciones entre Ruiz Delgadillo y Adolfo Karam, a quien, por cierto, Blanca Laura Villeda no perdió la oportunidad de hundirlo al calificarlo como un “delincuente” y al señalar “que era más sencillo que Marín se comunicara con el Director de la Judicial que con ella misma”.


“La revelación periodística del expediente inculpatoria de la Suprema Corte muestra con exactitud el errático comportamiento de las autoridades, pero a excepción de la validación de la conversación telefónica Kamel-Marín por la confesión del propio empresario textil, el resto es endeble y por lo menos, no parece probar con éxito la participación del gobernador, aunque el gran hundido es Guillermo Pacheco Pulido.




 
 

 

 
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