La eliminación del tema de la pederastia en el dictamen es un triunfo que tiene nombres y apellidos: Alonso Aguilar Zínser y Fabián Aguinaco Bravo. Sus risas en el salón de sesiones lo decían todo


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Perros de reserva


Todas las miradas hoy, todas, se concentrarán en la sesión de la Suprema Corte de Justicia. La mayoría de los pronósticos coinciden en que podría ser la última para proceder a la votación final de los ministros para determinar la responsabilidad de las autoridades poblanas en la detención de Lydia Cacho o su inocencia. Y aunque los analistas hemos tendido a concentrar el fallo en la persona de Mario Marín, los daños colaterales están a la vista. O más bien, la salida al problema. Y es que las estrategias en Casa Aguayo ya están definidas. Si la culpabilidad llega, la guillotina ya está preparada para que rueden cabezas que desvíen la atención ciudadana y muestren al gobernador como un hombre respetuoso del Estado de Derecho.

 

Si usted es amigo de Blanca Laura Villeda, Guillermo Pacheco Pulido, Rosa Celia Pérez Guzmán y los judiciales Montaño y Pérez, quizá sería conveniente que empezara a darles el pésame. Y es que las cabezas de todos ellos rodarán sin remedio desde el momento en que los ministros terminen su votación. Todos, sin excepción, serán enjuiciados por el régimen marinista para iniciar la purga que limpie los daños colaterales del fallo de la Suprema Corte.

 

La decisión ya se ha tomado y se ejecutará a cualquier costo en caso de que llegue algún tipo de responsabilidad para las autoridades poblanas. La cabeza de Blanca Laura Villeda, mantenida en conserva desde el 14 de febrero del 2006, será destituida con carácter fulminante bajo la acusación de abuso de poder. La misma suerte correrán los judiciales Montaño y Pérez, aunque ellos ya son desaparecidos en acción desde hace mucho tiempo. Adolfo Karam, pues ya no trabaja para el gobierno del Estado y se le fincará una responsabilidad fantasma.

 

El caso más complicado es el de Pacheco Pulido. Su destino será indigno para el hombre que durante mucho tiempo fue el jurista de Puebla. Tan pronto como la resolución sea notificada al Congreso del Estado, se le iniciará un juicio político que nunca terminará, una vez que por cumplir los 75 años de edad el maestro Pacheco se retirará obligatoriamente con el desprestigio a cuestas. Mal pago para un hombre del sistema. Y queda únicamente Rosa Celia Pérez, la jueza del escándalo, quien también será sometida a un juicio de responsabilidades por parte del Pleno de magistrados del Tribunal Superior de Justicia.

 

Esta película ya fue filmada y se llama Perros de Reserva. Las cabezas rodarán. Para eso las mantuvieron tanto tiempo ahí. Hoy cobra sentido la estrategia.

 

En el marinismo hay un optimismo moderado. La eliminación del tema de la pederastia en el dictamen es un triunfo que tiene nombres y apellidos: Alonso Aguilar Zínser y Fabián Aguinaco Bravo. Sus risas en el salón de sesiones lo decían todo mientras el ministro Aguirre Anguiano demolía el proyecto de Silva Meza palabra por palabra. Si para algo los contrataron fue para desmonta cualquier responsabilidad jurídica directa sobre el gobernador. Y lo lograron. Eso explica el ¡ya chingamos! que soltó Alonso Aguilar en pleno pasillo de la Corte.

 

La siguiente misión de los ministros marinistas será hoy desmontar el capítulo probatorio de Silva Meza. Tendrán buenos argumentos. El análisis del expediente muestra una débil concatenación probatoria al fundar el concierto de voluntades en el cruce de llamadas de las autoridades poblanas en los momentos claves.

 

Nosotros lo habíamos adelantado cuando dimos a conocer el expediente de la Comisión investigadora el pasado primero de octubre. “Establecer la concertación de las autoridades poblanas a partir del cruce de llamadas efectuadas en la integración de la averiguación previa, la detención y la posterior liberación de Lydia Cacho, es prácticamente insostenible.

“En efecto, la Corte se dio a la tarea de cruzar las llamadas telefónicas entre los supuestos actores de la conjura. Pero se limitan a eso; no hay versiones estenográficas y ni siquiera relaciones sucintas del contenido de las conversaciones. Se dice, por ejemplo, que el día tal Enrique Ruiz Delgadillo se comunicó a la tal hora con Leonardo Fabio Briseño (particular de Pacheco Pulido) y la conversación duró 4 minutos; o que Javier López Zavala se comunicó con Rodolfo Igor Archundia, Subprocurador, en tal día y hora; o que Pacheco Pulido se comunicó a la oficina del gobernador en una platica cuatro minutos.

“¿Y al final que demuestra eso? Creo que nada, porque a mí me parece que dependiendo el grado de autoridad o subordinación, Pacheco Pulido debe hablar montones de veces al día con su secretario particular, y éste, con Enrique Ruiz Degadillo, y éste otro con Rosa Celia Pérez Guzmán por lo menos cinco veces al día, sin que necesariamente la comunicación se haya dado para hablar de la consignación de Lydia Cacho. De igual forma, creo que el trato de López Zavala –secretario de Gobernación en esos días- con Adolfo Karam y Rodolfo Archundia, agentes cruciales de la seguridad pública estatal, debían ser muy frecuente y no reducido al escándalo de la periodista.

“Claro que hay conversaciones de lo más sospechosas, fundamentalmente las que involucran a Juan Nakad con Rosa Celia Pérez, Guillermo Pacheco Pulido y Aldo Enrique Cruz, director general de los Ceresos.
 
“La revelación periodística del expediente inculpatoria de la Suprema Corte muestra con exactitud el errático comportamiento de las autoridades, pero a excepción de la validación de la conversación telefónica Kamel-Marín por la confesión del propio empresario textil, el resto es endeble y por lo menos, no parece probar con éxito la participación del gobernador, aunque el gran hundido es Guillermo Pacheco Pulido”.

 

El escenario no ha cambiado. Salvador Aguirre y Mariano Azuela demolerán a Silva Meza con este argumento.

 

Hoy, todos pendientes del Canal Judicial. Parece que ahora sí llegará el desenlace.




 
 

 

 
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