Sunday, 22 de April de 2018

Martes, 08 Noviembre 2016 02:54

Juan Carlos Lastiri: el rival más vulnerable




Written by  Javier Arellano Ramírez

El PRI poblano continúa en una escena dantesca. Es una bacanal de todos contra todos; la permanencia de Jorge Estefan en la dirigencia partidista se sostiene con alfileres; liderazgos de todas las estaturas y sectores reprochan la ausencia de una verdadera jefatura; Alejandro Armenta y Juan Carlos Lastiri se autodestapan y porque ellos mismos se lo piden se erigen como precandidatos a la gubernatura; el presidente de lo que queda del priismo les advierte que habrá sanciones, arremete contra los adelantados; advierte a Lastiri, Saldaña y Doger que tienen prohibido manosear la estructura del partido y utilizar sus cargos públicos para promover su imagen; la realidad es que nadie le hace caso.


En este contexto destaca el abierto destape de Lastiri, quien afirma: “Quiero ser candidato y quiero ser gobernador”.

 

Acabamos de pasar una de las elecciones más controvertidas y polémicas en la historia de Puebla. La batalla entre Blanca Alcalá Ruiz y Tony Gali Fayad revela detalladamente los respectivos métodos y formas de operar de sus estructuras partidistas.

 

Durante los meses anteriores claramente se vieron los movimientos del Senador Emilio Gamboa Patrón quien fue tejiendo, acomodando, allanando la candidatura de Blanca Alcalá; en el otro extremo de la mesa Enrique Doger Guerrero, Javier López Zavala y Alberto Jiménez Merino hacían el pataleo de rigor.

 

Pero en esos meses el morenovallismo se mantuvo en un estratégico silencio, no dijo una sola palabra; jamás vertieron una advertencia, mucho menos una amenaza. Inclusive, a través de sus correos filtraron positivos comentarios sobre la inminente candidatura de Alcalá.

 

Ahora a la distancia podemos ver que la estrategia morenovallista fue impecable. Dejaron que Blanca llegara hasta la anhelada posición y entonces, al día siguiente se desató la peor carnicería que se haya visto. Decenas y decenas de acusaciones sobre corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, uso de prestanombres, pago de favores, entre otros, se volcaron sobre la señora.

 

No hay otra figura en la política reciente que haya sido tan demoledoramente señalada como ella. Y en todos los puntos con pruebas documentales irrefutables, inapelables. Blanca Alcalá se sostiene en el Senado, pero su presencia es sólo de ornato; nunca representó liderazgo o jefatura alguna y hoy mucho menos. Las pruebas sobre su corrupción fueron avasalladoras, aplastantes. Hoy la excandidata es un cadáver político que yace en un fango de ignominia.

 

A decir de los mismos morenovallistas las pruebas que tienen sobre Juan Carlos Lastiri son equivalentes a las que guardaron sobre Blanca Alcalá. Y es que para la recopilación de información administrativa y financiera el régimen actual se cuece aparte.

 

Por esta razón en privado, en la cúpula del poder poblano aseguran: “… Ojalá Lastiri sea el candidato, ojalá…” Porque ya tienen el expediente armado, los documentos, los papeles, las cifras con las que lo van a acribillar, a masacrar. Posteriormente, sus cenizas serán esparcidas en su natal Zacatlán. Si la maquinaria lanzada contra Blanca Alcalá se convirtió en una auténtica carnicería, la embestida que tienen preparada contra Juan Carlos no se queda atrás; es su perfecto equivalente.

 

Al tiempo.

 

Como siempre, quedo a sus órdenes en [email protected], sin mx.

 

 

 

 

 

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