Un costoso rescate en apuesta por la estabilidad


Stephen Labaton y Edmund L. Andrews / Washington


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El gobierno de George W. Bush tomó el control de dos de las compañías financieras hipotecarias más grandes de Estados Unidos el 7 de septiembre, con la intención de reducir drásticamente su considerable influencia en Wall Street y en el Capitolio mientras al mismo tiempo cuenta con ellas para sacar a la nación de su peor crisis de vivienda en décadas.


El plan de rescate para las compañías Fannie Mae y Freddie Mac, un evento sísmico en un año de repetidas crisis financieras seguidas por agresiva intervención federal, coloca a las compañías en una curaduría gubernamental, muy similar a una reorganización por bancarrota. El plan también reemplaza la administración de las compañías.


El paquete de rescate representa una intervención federal extraordinaria en la empresa privada. Pudiera volverse uno de los rescates financieros más costosos en la historia estadounidense, aunque no involucre ningún préstamo inmediato a contribuyentes o inversiones. El secretario del Tesoro, Henry M. Paulson Jr., que ideó el plan, no dijo cuánto capital tendría que proporcionar eventualmente el gobierno, o cuál sería el costo final para los contribuyentes. Hace dos meses, la Oficina de Presupuesto del Congreso ofreció una estimación aproximada de 25 mil millones de dólares. Un alto funcionario gubernamental, hablando a condición del anonimato, indicó que incluso esa cifra era optimista.


Paulson dijo que era importante rescatar a los gigantes de las hipotecas porque una quiebra de cualquiera de las compañías causaría turbulencia en los mercados financieros en Estados Unidos y alrededor del mundo.


"Esta turbulencia impactaría directa y negativamente en la riqueza de los hogares: desde los presupuestos familiares, hasta los valores de las casas y los ahorros para la universidad y el retiro", dijo. "Una quiebra afectaría a la capacidad de los estadounidenses para conseguir préstamos para casas, préstamos para autos y otro crédito al consumo y financiamiento para negocios. Y una quiebra sería perjudicial para el crecimiento económico y la creación de empleos".
El plan recibió amplio apoyo bipartidista, de legisladores y de ambas campañas presidenciales.


Como parte del plan, los directores ejecutivos de ambas compañías fueron reemplazados. Herbert M. Allison, ex presidente de TIAA-CREF, el enorme fondo de pensión para los maestros que también ofrece fondos mutuales, asumirá el control de Fannie Mae y sucederá a Daniel H. Mudd; y en Freddie Mac, David M. Moffett, actualmente asesor de la firma de capital privado Carlyle Group, sucederá a Richard F. Syron. Mudd y Syron, sin embargo, permanecerán durante un periodo de transición.


El plan también compromete al gobierno a proporcionar hasta 100 mil millones de dólares a cada compañía para respaldar cualquier déficit de capital. Permite a la Tesorería finalmente comprar las compañías directamente a un costo pequeño. Les prohíbe cabildear ante el gobierno, poniendo fin a su capacidad para usar su muy conocida maquinaria política en el Capitolio.


También elimina los pagos de dividendos a los accionistas actuales mientras se protegen los pagos de capital e intereses sobre la deuda, ahora en manos de bancos centrales extranjeros, instituciones financieras, fondos de pensiones y otros.


La Tesorería obligará a ambas compañías a reducir sus carteras a corto plazo —ahora poseen o garantizan a aproximadamente la mitad de las hipotecas del país— haciendo al gobierno comprar hasta 5 mil millones de dólares de sus valores respaldados por hipotecas en el mercado abierto a partir de este mes. Esta medida, nunca antes emprendida por el gobierno, pudiera empezar a restablecer parte de la confianza en los mercados de crédito y conducir a tasas de interés más bajas para hipotecas de casas.


Para las compañías, la toma de control es la culminación de una ignominiosa caída. Fannie fue creada durante lo más profundo de la Gran Depresión, y Freddie en 1970, para ayudar a hacer a las hipotecas más asequibles para los dueños de casas. Las compañías compran miles de millones de dólares en hipotecas cada mes a prestamistas comerciales. Algunas son vendidas a inversionistas como valores respaldados por hipotecas; otras son retenidas por la compañía en sus propias carteras de inversión.


El plan representa un cese al fuego temporal en una batalla ideológica de varias décadas en torno al papel adecuado de las compañías. Los conservadores del libre mercado ven a las compañías como extensiones del "gran gobierno", mientras que los demócratas las han protegido como su principal vehículo para promover vivienda asequible para las personas de medianos y bajos ingresos.


Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal, y Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro bajo el gobierno del presidente Bill Clinton, junto con muchos otros críticos, han sostenido desde hace tiempo que las compañías eran demasiado poderosas política y financieramente, y que sus gigantescas carteras representaban enormes riesgos para el sistema financiero.


Además, se han quejado estos críticos, las compañías han usado su capacidad para pedir prestado a tasas de interés bajas para dominar el mercado financiero hipotecario, usurpando el papel de otras instituciones financieras que no tienen el mismo subsidio.


Los adherentes del libre mercado han advertido del inminente desastre conforme Fannie y Freddie usaban un respaldo gubernamental implícito para pedir prestado a voluntad, con sólo una diminuta cantidad de capital para protegerlas de sorpresas desagradables como la reciente declinación pronunciada en los precios de las viviendas y el aumento en los juicios de reposesión.


Paulson ha buscado evitar tomar un bando en el debate, pero en meses recientes llegó a la conclusión de que las misiones opuestas de las compañías de ofrecer financiamiento con respaldo federal para viviendas asequibles mientras cumplen con sus accionistas eran insostenibles.


"Se sirve mejor a la disciplina de mercado cuando los accionistas soportan el riesgo y la recompensa de su inversión", dijo Paulson. "Aunque la curaduría no elimina las acciones comunes, pone a los accionistas comunes al último en términos de reclamaciones sobre los activos de la empresa".


A los tenedores de acciones comunes de las compañías no les irá bien. El plan suspende sus pagos de dividendos y tiene el potencial de hacer que sus acciones virtualmente no valgan nada si el gobierno elige ejercer su derecho de comprar las acciones comunes. Las acciones de ambas compañías, que se negociaban por encima de 60 dólares por acción el año pasado, habían caído por debajo de los 10 dólares por acción recientemente. Sus acciones continuarán negociándose y pudieran caer más como resultado de la toma de control del gobierno.


En una conferencia de prensa, Paulson dijo: "Hay un consenso hoy en día de que estas empresas representan un riesgo sistémico y no pueden continuar en su forma actual. El apoyo del gobierno necesita ser explícito o no existente, y se debe estructurar para resolver el conflicto entre los propósitos público y privado".


A las compañías se les permitirá "incrementar modestamente" el tamaño de sus carteras de inversión existentes hasta fines de 2009, lo cual significa que pueden usar parte de su nuevo capital suministrado por los contribuyentes para comprar y poseer nuevas hipotecas en carteras de inversión.


Pero en un fuerte indicio del deseo a largo plazo de Paulson de reducir las carteras de las compañías, contraer drásticamente su papel y quizá eliminar su estatus singular, el plan establece que las compañías empiecen a reducir sus carteras de inversión en 10 por ciento al año, a partir de 2010.


Las carteras de inversión tienen ahora un valor de alrededor de 1.4 billones de dólares. El plan establece que esa cifra se reduzca con el tiempo a 500 mil millones de dólares, divididos aproximadamente de manera uniforme entre las compañías.


Aunque la toma de control del gobierno pareció tomar por sorpresa a algunos expertos en Fannie y Freddie, funcionarios de la Tesorería parecieron tener poca opción, con los mercados de crédito aún en picada y los inversionistas profundamente renuentes a comprar hipotecas con incluso una insinuación de riesgo.


La reacción inicial al plan fue en su mayor parte positiva.


Summer, el exsecretario del Tesoro, llamó al rescate inevitable. "Finalmente la gente está reconociendo de manera explícita que la política de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas fue un fiasco", dijo. "Ha sido claro por algún tiempo que este día iba a llegar".


Legisladores demócratas y republicanos también hablaron de manera aprobatoria de la decisión. Dijeron que restablecer la estabilidad a los mercados financieros era la máxima prioridad. Pero algunos antiguos críticos de las compañías se quejaron de que sus advertencias no fueron oídas por demasiado tiempo.


Funcionarios de la Tesorería enfatizaron que, al menos por ahora, casi nada cambiaría en las operaciones normales de Fannie y Freddie de comprar hipotecas y empaquetarlas en valores para inversionistas. Las acciones de las compañías también continuarán comprándose y vendiéndose.

 

 

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