Friday, 27 de November de 2020

Martes, 10 Enero 2017 02:47

Estado de México: el gran laboratorio político




Written by  Javier Arellano Ramírez

El terremoto se extiende por toda la geografía nacional. Desde Chihuahua hasta Chiapas; desde Tijuana a Mérida; de Los Mochis al Puerto de Veracruz. El gasolinazo fue el suicidio del priismo de Peña Nieto. Desesperado, visiblemente agobiado, todos los días el presidente de la República sale a tratar de ofrecer explicaciones, de presentar argumentos, de formular preguntas como “¿Ustedes qué hubieran hecho?”.


Pero cada vez que el ejecutivo habla frente al pueblo de México se hunde un poco más en el fango del repudio, el descrédito y la ignominia. Simplemente no hay manera de que esta administración pueda salir siquiera librada de esta descomunal crisis. El país se encuentra en una sublevación pacífica. Los politólogos y los sociólogos aún no han logrado evaluar y dimensionar esta crisis absoluta. Esta es una auténtica y verdadera revolución pacífica. El polvorín está listo como nunca antes; la indignación se desborda en toda la nación.

 

Si en este momento apareciera un Lucio Cabañas Barrientos o un Genaro Vázquez Rojas, es decir, un auténtico, un genuino líder subversivo la violencia armada se desataría en por lo menos cinco estados del país; precisamente en los más lastimados, los más abandonados; ahí donde viven los mexicanos que ya nada tienen que perder. El costo político de las medidas emprendidas por la élite neoliberal de Peña Nieto representa la muerte de su partido.

 

Hoy están haciendo todo lo posible para salvar el cofre del tesoro que representa el Estado de México. La lógica obligaría a pensar que la tierra presidencial, el nido del Grupo Atlacomulco está perdido. Pero el gran problema es que la oposición no atina a designar una candidatura coherente y congruente. Todas, absolutamente todas las condiciones están dadas para que el PRI pierda el legendario bastión que representa el Estado de México. Solamente falta que los adversarios presenten desde este momento, desde ya, una candidatura en común. Los estrategas de los Pinos apuestan a fragmentar, a atomizar el voto de la oposición; a dejar que vayan solos y por su lado los abanderados de PAN, PRD y Morena. Entonces a ninguna le alcanzarán los votos para romper el coto corporativo que los priistas aún mantienen.

 

El Estado de México será el termómetro nacional, el gran laboratorio político. Si la oposición hace a un lado sus fobias y animadversiones viscerales podrán sepultar lo que queda del priismo. Pero si continúan con su ya conocido infantilismo entonces simplemente verán pasar la oportunidad de darle sepultura del tricolor.  La tierra de Isidro Fabela Alfaro, de Carlos Hank González y Enrique Peña Nieto es el último bastión que queda del otrora “partidazo”; el último minuto de oxígeno. Si lo pierden será la muerte  definitiva de un partido, la conclusión de una era.

 

Pero en la esquina de enfrente todavía no se ponen de acuerdo, aún no tienen un consenso que sería lapidario. Las elecciones en el Estado de México serán el experimento de la gran sucesión del 2018. Si los líderes de los partidos de oposición logran superar su afición a coquetear por debajo de la mesa de Bucareli, algo podrán lograr. Si Andrés Manuel López Obrador acepta, aprueba y convoca a una gran coalición esa será el acta de defunción del PRI. Pero si siguen como van, si no se ponen de acuerdo y siguen privilegiando sus egos desmedidos, entonces sucederá lo que parece imposible: el PRI sostendrá su pilar electoral y se sentirá con nuevos bríos para el 2018.

 

Ya veremos.

 

Como siempre quedo a sus órdenes en [email protected], sin mx.      

 

   

 

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