Friday, 27 de November de 2020

Jueves, 12 Enero 2017 01:46

Juan Carlos Lastiri: el cacique en el desierto




Written by  Javier Arellano Ramírez

Ningún otro funcionario tiene su capacidad operativa; ninguno otro tiene injerencia en tantas delegaciones federales y en tantos municipios. De entre todos los aspirantes que se mencionan es el único que ha tejido una red estatal de alianzas, amarres y apoyos. Ni siquiera Jorge Estefan con el membrete de su partido tiene la presencia estatal del zacateco.


Por las venas de Juan Carlos Lastiri Quirós corre sangre con una inapelable, indiscutible vocación caciquil. Y así ha tomado su papel en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano,   SEDATU, la evidente imposición de un delegado a modo es una prueba más de sus desplantes y poses caciquiles.

 

Para estas alturas queda claro que el único poblano que está jugando en la esfera nacional es el ahijado de Rosario Robles, aún por encima de Enrique Doger.

 

Sin embargo en este momento hay preguntas sustanciales, medulares que deben hacerse ¿Hasta dónde lo llevará esta hiperactividad? ¿Podrá convencer a sus beligerantes correligionarios Alejandro Armenta, Enrique Doger, Jorge Estefan o al apacible Alberto Jiménez Merino alias Mister Búfalo? ¿Tiene alguna posibilidad de ungirse candidato en 2018 sin heridas, ni descalabros?

 

Pero sobre todo conviene preguntarse ¿Tiene el priismo poblano los números reales para recuperar Casa Puebla en el 2018?

 

Es poco probable. Aquí en esta Cúpula que recorre municipios del interior y que camina por las sierras, desde hace mucho se publicó que la base tricolor se estaba rompiendo, se estaba fisurando. Esto comenzó desde el sexenio de Mario Marín. La errática y atropellada dirigencia priista dejó en el abandono a cientos y cientos de liderazgos regionales.

 

Militantes de toda una vida llegaban a Casa Aguayo pidiendo una cita, una audiencia con el gobernador Marín y nunca fueron atendidos, ni recibidos. Desde 2010 toda esa base priista fue llamada, seducida para jugar con otra bandera, olvidarse del estandarte tricolor y buscar cobijo en un nuevo frente.  

 

Las desastrosas dirigencias de Pablo Fernández del Campo, Fernando Moreno Peña y Ana Isabel Allende Cano terminaron por romper aquella legendaria base priista. Los “líderes” de escritorio nunca bajaron a los seccionales de los municipios de la Sierra Negra o de la Mixteca. Simplemente hicieron designaciones a “larga distancia”, a “control remoto”.

 

El resultado se vio en las elecciones de 2016; municipios que eran químicamente priistas ya no lo son; comunidades indígenas donde solo se hablaba del tricolor le voltearon la espalda; la base sindicalista otrora bastión del PRI encabezada por Leobardo Soto, ahora se declara abiertamente morenovallista.

 

Frente a este escenario ¿Qué podría hacer Juan Carlos Lastiri en el 2018?

 

Hasta el momento en todas, absolutamente en todas las acciones en que interviene jamás ha logrado obtener el consenso priista. No es un factor de unidad, al contrario, es el protagonista de incontables rupturas y rompimientos; de desastres; de  verdaderos cismas impulsados únicamente por sus apetitos y deseos personales.

 

Aunque tenga mayor operatividad que cualquiera de los otros aspirantes priistas, en el 2018 Lastiri de ninguna manera será un factor de unidad, sino por el contrario, será el artífice de fracturas y divisiones.

 

Es un cacique en el desierto.

 

Añádase lo ya publicado en esta Cúpula. Si en Casa Puebla tienen un expediente negro lleno de misiles es precisamente sobre Juan Carlos. Para el morenovallismo, el Subsecretario Lastiri sería el candidato ideal, idóneo, porque lo destrozarían de la misma manera que hicieron con Blanca Alcalá Ruiz. Esa es la razón por la que lo dejarán correr.

 

Al tiempo.

 

 

Como siempre quedo a sus órdenes en [email protected], sin mx.

 

 

 

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