Tuesday, 17 de May de 2022

Jueves, 01 Diciembre 2016 03:24

Blanca, esa diva que Puebla no supo apreciar, quiere el 2018




Written by  Arturo Rueda

Alcalá no pudo con Gali. ¿Pensará que sí podrá contra Martha Erika, quien goza de un excelente factor de competitividad y, por si fuera poco, tendrá un gran coordinador de campaña en Rafael Moreno Valle?


Antes de azotar la puerta y abandonar el cónclave tricolor en el Comité Ejecutivo Nacional con actitud de femme fatale, en presencia de los representantes de Enrique Ochoa Reza, Blanca Alcalá cerró su año horribilis lanzando la advertencia de que aún no descarta buscar la candidatura a Casa Puebla en 2018. Ante la mirada estupefacta del resto de aspirantes, de los jefes de los sectores y del todavía delegado Rogelio Cerda, la senadora pidió que no se le encarte, ni se le descarte, porque aún no toma la decisión de participar o salirse.  

 

Después de esa escena, con aire de diva, se fue a ver si ya habían puesto sus marranas para castigar con el látigo de su desprecio al resto de priistas poblanos que no estuvieron, ni están ni estarán a la altura de su Emperatriz frustrada por la derrota del 5 de junio. Aventura que, según le espetó a Juan Carlos Lastiri, le costó un tremendo desprestigio.

 

Por supuesto, la ex candidata fue la comidilla de la reunión y a su regreso a Puebla la pregunta común de los priistas poblanos es cómo, tras la carnicería que sufrió en la batalla por la minigubernatura, Blanca Alcalá cocina nuevamente ser la abanderada en 2018. ¿No fue suficiente masacre?

 

Aparentemente, no.

 

Por supuesto, si uno analiza las encuestas, Blanca Alcalá es la priista más conocida en el estado, pero también la que tiene más negativos. El último dato conocido, un sondeo de MAS DATA en julio de este año reveló que el saldo para la senadora fue de 57 % de opiniones negativas ¡nomás! Una (des)calificación histórica, ya que ningún otro político —excepto Mario Marín— rebasó el 55 % de desaprobación.

 

La cantidad de negativos de Blanca son resultado de un cúmulo de errores. Tal como se lo dijo Lastiri en el cónclave del lunes, su campaña no tuvo planeación ni estrategia. Además, cometió el error de dejar vincularse con Marín desde el principio del proceso y dejó de representar una opción de cambio. Pero nada fue tan importante como la cantidad de escándalos patrimoniales que mancharon la blancura de la candidata.

 

Lastiri tiene razón. Hace un año, cuando Blanca fue notificada que ella era la candidata, prefirió irse tres semanas a un crucero a Europa en vez de comenzar la planeación de la campaña. Su estrategia  de imagen y mensaje fue desastrosa. ¿Alguien recuerda alguna de sus propuestas? Por si fuera poco, se rodeó de un equipo pequeño y negligente que permitió el ingreso del góber precioso a su primer acto como candidata.

 

Y claro, Blanca nunca consideró necesario aclarar sus escándalos patrimoniales. En su soberbia, quizá pensó que los poblanos no harían caso a las revelaciones de su gasolinera, sus casas y su Casa Blanca. Que su aura de impoluta iba a pesar más o que las mujeres de Puebla iban a cerrar filas en torno a ella. Las ocho semanas de campaña se fueron como agua, los expedientes se fueron acumulando, el enojo latente de los poblanos se acumuló hasta estallar.

 

¿Qué puede tener Blanca en la cabeza para pensar que puede ser otra vez la candidata del PRI?

 

Seguramente una versión muy diferente de las causas de la derrota. En esa realidad alterna que sólo hay en su cerebro, fue una víctima de los medios de comunicación que la enlodaron. Una víctima también de la violencia política de género. Una víctima, además, de los grupos priistas que nunca la apoyaron en realidad sino que le jugaron las contras en todo momento, especialmente Enrique Doger y Juan Carlos Lastiri. Blanca no es tan blanca, sino víctima de una conspiración de la fortuna.

 

Suponiendo sin conceder que así fue su derrota, ¿qué espera Blanca Alcalá que cambié en 2018? A seis meses de la derrota, ni siquiera se dignó a agradecer a los poblanos que sí votaron por ella, y mucho menos ha emprendido una estrategia para tratar de limpiar su nombre. Tampoco ha fumado la pipa de la paz con Lastiri o Doger, ni tiene una estrategia trazada para analizar qué hace con Mario Marín. Tampoco ha puesto su patrimonio en orden, ni ha restablecido las relaciones con los medios de comunicación.

 

Puebla definitivamente no merece a Blanca Alcalá como gobernadora, pero medita la posibilidad de someterse a una nueva carnicería que terminar de revelar todo de ella. Su resentimiento es tan fuerte como sus ansias de poder, y con tal de llegar a Casa Puebla, es capaz de postularse nuevamente rodeada por el mismo equipo que la hizo perder.

 

Alcalá no pudo con Gali. ¿Pensará que sí podrá contra Martha Erika, quien goza de un excelente factor de competitividad y, por si fuera poco, tendrá un gran coordinador de campaña en Rafael Moreno Valle?

 

Lo mejor que podría hacer Blanca es, nuevamente, irse de vacaciones a Europa tres semanas y trazar una nueva estrategia para su vida política que no le implique una nueva masacre en 2018. Eso, o de plano ya es masoquista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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