Saturday, 16 de January de 2021

Jueves, 11 Agosto 2016 02:51

Sufren los niños lo peor de la tragedia

Los estragos que dejó la tormenta Earl en la Sierra Norte fueron más crueles con los niños, quienes resultaron ser los principales damnificados de la furia destructora de la naturaleza. De los 37 muertos oficiales que reconoce el gobierno estatal, 19 son menores de entre 20 días y diecisiete años. 

  • Alberto Melchor / @AlbertoMelchorM


En la Sierra Norte, la tormenta Earl fue más cruel con los niños, principales damnificados de su furia destructora. La mitad de los 37 muertos oficiales que reconoce el gobierno estatal hasta el momento son niños, ya que 19 de ellos tenían entre uno y diecisiete años.


La mortalidad de los infantes no es el único dato demoledor, dado que al menos cien niños sobrevivientes que están resguardados temporalmente en el albergue instalado en el Instituto Tecnológico de Huauchinango, vieron morir a sus familiares directos, padres, tíos o hermanos, arrastrados por aludes de tierra en sus comunidades la noche del sábado.


Historias de salvación y muerte impactan a la niñez de la Sierra Norte. Es el caso de la niña milagro, Lichita, quien se salvó gracias a que su mamá, hasta ahora no encontrada, decidió sacrificar su vida. O la pequeña Carla Itzel de Xaltepec, donde su casa fue arrasada y sólo se encontró a su osito Teddy entre el lodo.


En medio de la crueldad, asoma el rostro de Josué, ahora conocido como “el niño que habló con el presidente”. Su situación es dramática porque aun cuando sus padres sobrevivieron y se encuentran hospitalizados, vio morir a nueve familiares directos.


Con el rostro que evidencia los rasguños provocados por ramas y piedras que lo lastimaron en el alud, Josué se armó de valentía para hablar con Enrique Peña Nieto el martes pasado durante la visita presidencial y pedirle “una Tablet, un celular y una casa”.


Los eventos traumáticos han provocado llanto en los afectados cuando recuerdan lo que ocurrió, en otro momento aceptan hacer ejercicio con cuatro militares que están a cargo de entretenerlos con diversas actividades. Otros prefieren ver películas infantiles todo el día en uno de los salones de la institución.


No todos entienden lo que ocurre, ya que algunos preguntan cuándo regresarán a sus casas con la familia completa.


Un grupo de diez maestras que abandonó sus vacaciones los han consolado desde el domingo. “Hay historias verdaderamente tristes. A nosotros no nos pagan extra por estar aquí, estamos porque queremos ayudar un poco en medio de esta tragedia”, contó la profesora María del Carmen Gutiérrez.


Así como hay niños que se quedaron únicamente con los abuelos o hermanos, hay otros que lo han tomado como un día de campo debido a que fueron evacuados junto con sus familias por vivir en una zona de riesgo.


El niño que habló con el presidente


En el rostro de Josué hay marcas de los golpes que recibió por las piedras y ramas la noche del sábado, cuando fue rescatado de entre los escombros por su tío Rufino y sus vecinos.


En el albergue ya no lo conocen con su nombre sino como “el niño que habló con el presidente”. Y es que Josué tuvo la oportunidad de exponer de viva voz su caso al presidente de la República Enrique Peña Nieto durante el recorrido que hizo en dicho albergue la tarde del martes.


“Le pedí una tablet, un celular y una casa”, cuenta en entrevista con CAMBIO.


Aunque dice saber perfectamente quién era la persona de camisa guinda a la que le estrechó la mano el martes, Josué se ruboriza al decir que era el presidente de México mientras juega con el globo con figura de perro que un payaso le obsequió durante un show que ofreció en el refugio como parte de las actividades que se realizan para entrenar a los hijos de los damnificados.


Acompañado de una de las diez maestras que voluntariamente se han convertido en niñeras, Josué dijo estar esperanzado en que su acercamiento con Peña agilice la reconstrucción de una casa segura para que pueda regresar a su comunidad.


Al igual que el resto de los niños que se encuentra en el albergue, Josué trata de jugar y reír como si nada hubiera pasado, pero a pesar de su corta edad, sabe perfectamente que la junta auxiliar Xaltepec ya no es como antes y que así como sus familiares, otros vecinos quedaron sepultados entre aludes de tierra.


En la charla con este medio, rompe en llanto cuando recuerda la muerte de sus hermanos, primos y su tía Lidia, quienes fueron enterrados el martes pasado.