Jueves, 23 de Mayo del 2024
Indicador Político

Como era de esperarse, López Obrador está entendiendo la realidad: una cosa es que hasta ahora haya estado solo en los medios y otra que ya se perfilaron sus contrincantes para el 2018; y una cosa es sentirse iluminado y otra cosa que sus dichos generen respuestas críticas de los potenciales electores.

Las cifras sobre agresiones y asesinatos de periodistas no deben sorprender: obedecen a la responsabilidad incumplida del gobierno federal y de los gobiernos locales. Del 2000 al 2016, los años de la alternancia que debieron llevar a la democracia, la impunidad de los agresores de periodistas llegó a 90 por ciento por la incapacidad de la fiscalía de la PGR para atender y desahogar las agresiones contra la libertad de expresión.

La verdadera batalla por el Estado de México que comenzó el domingo se dará entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador en tres puntos clave: estructura electoral, recursos económicos y victoria mediática.

La presentación de los pre-criterios de política económica para el cierre del 2017 y algunos indicios del 2018 de elecciones presidenciales carece de sorpresas: confirma, entre muchas otras cosas, que la economía mexicana padece un estancamiento estructural que lleva el PIB a niveles de mediocridad.

La larga temporada de caza de periodistas comenzó el 30 de mayo de 1984 cuando el periodista Manuel Buendía, columnista de Excélsior, fue abatido a tiros en la tarde al salir de una comida. Sus columnas comenzaban a profundizar el auge del narcotráfico en México y estaba a punto de revelar nombres de funcionarios involucrados en la protección a cárteles.

Como ha ocurrido en sus candidaturas anteriores, Andrés Manuel López Obrador ha perdido no sólo puntos electorales sino apoyos por su incapacidad para pensar antes de hablar. Sus ataques al ejército fueron, obviamente, aprovechados por sus adversarios, y ahora el candidato presidencial único de Morena se dice víctima de un compló.

A pocos días de haber decretado la expropiación del petróleo, el presidente Lázaro Cárdenas anunció la reforma del Partido Nacional Revolucionario para transformarlo en Partido de la Revolución Mexicana; la novedad estuvo en los sectores corporativos pero la sorpresa fue la poner al ejército como el cuarto sector del PRM; es decir, fuerzas armadas al servicio del partido en el poder.

Horas después de sumar adeptos del salinismo, el zedillismo y el empresariado promotor y beneficiario del modelo económico neoliberal por su discurso económico de continuidad, Andrés Manuel López Obrador regresó a lo suyo y sus amenazas de revertir todas las reformas peñistas le hizo perder esas simpatías conservadoras porque al final de cuentas es un populista sin remedio.

Como ha ocurrido desde 1976, las sucesiones presidenciales en el PRI son movidas por los hilos presidenciales en dos escenarios: el real del proyecto económico y el de distracción política. Ahora no puede ser diferente.

El asesinato de Luis Donaldo Colosio truncó la configuración de un movimiento similar al de la Corriente Democrática de 1987-1988, estableció la prioridad a cualquier precio del modelo económico por encima de la democracia y será el marco de referencia del 2018.

Aunque era hombre del sistema y fue cincelado por Carlos Salinas de Gortari para representarlo en la continuidad del proyecto salinista neoliberal, Luis Donaldo Colosio Murrieta fue asesinado cuando se disponía a abrir el sistema político a una democratización que hubiera acotado el neoliberalismo.

Como el presupuesto es política pura, el destino del gasto público del gobierno de Donald Trump ha definido ya con claridad los objetivos de su gobierno de cuatro-ocho años: no revivir un movimiento conservador-neoconservador, sino encabezar una verdadera contrarrevolución tradicionalista que ha preocupado inclusive a la derecha institucional.

Si alguna contradicción domina el comportamiento político de Andrés Manuel López Obrador, es el conflicto de personalidad entre el líder social antisistema con el político institucional prosistema. Más que una síntesis entre ambas, al final en López Obrador se impone la personalidad sistémica. Es decir, el tabasqueño es un priista típico, como lo demostró como jefe de gobierno del Distrito Federal de 2000 a 2006.

Aunque en esta etapa preparatoria los análisis sobre la designación del candidato presidencial del PRI para el 2018, se enfoca desde la perspectiva de las élites, en el fondo, las decisiones presidenciales de las sucesiones desde 1976 ha sido la economía, la crisis y el modelo de desarrollo.

A pesar de haber nacido con el registro del Partido Comunista Mexicano, el primer paso ideológico del PRD fue liquidar el socialismo como proyecto, de la misma manera en que Carlos Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio expulsaron del PRI a la Revolución Mexicana como proyecto. Entre 1989 y 1992, México abandonó la lucha ideológica.

El conflicto PRD-Morena no debe analizarse como un asunto de ideas o de proyectos, sino que se debe enfocar como una disputa tardía pero latente de la existencia del PRI: los dos quieren quedarse con el espacio electoral que ha dejado el PRI en los sectores populares que dependen de los presupuestos asistencialistas.