javier arellano Javier Arellano
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Eduardo Rivera: sin legitimidad para continuar

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Eduardo Rivera: sin legitimidad para continuar
Eduardo Rivera: sin legitimidad para continuar

Lo que sucede en las filas azules es una fotografía de la anarquía. Luego de una campaña desastrosa el candidato perdedor Eduardo Rivera Pérez busca convertirse en el jefe político del PAN mientras las expresiones en su contra se multiplican.

Hoy queda claro que el malogrado aspirante no convence ni a su propio partido. Solamente lo adulan quienes cobran en la nómina municipal, pero definitivamente el albiazul no lo apoya.

La frivolidad de Rivera quedó demostrada en la decisión de aceptar la candidatura a la gubernatura. En Cúpula oportunamente lo adelantamos: fracasará en la elección y perderá el poco liderazgo que tiene.

Si hubiese buscado un escaño en el Senado veríamos otra historia; mantendría cierta autoridad al interior del panismo y tendría una exposición política y mediática durante seis largos años.

Pero nunca tuvo esa visión; soñó muy alto y la caída es especialmente estrepitosa. Desde distintos frentes se acusa su incapacidad para conducir un panismo que tuvo sus momentos dorados con el morenovallismo.

Los nostálgicos se multiplican en forma geométrica. Añoran un pasado que se fue y nunca volverá.

El panismo está saliendo de dos grandes crisis. La primera fueron los años del morenovallismo que cercenó a la verdadera militancia y después los tropiezos y yerros del yunquismo de Rivera Pérez.

Ambas eras -la de Rafael y Eduardo-, crearon burbujas herméticas, casi inexpugnables. Eran las inaccesibles torres de un castillo.

Hoy Genoveva Huerta extraña esos tiempos; cuando desde Casa Puebla salían las maletas repletas de billetes para atropellar a una escuálida oposición y doblegar a las pocas voces críticas.

Los tiempos de Rafael nunca fueron los del panismo. Fue la etapa de un pragmatismo salvaje en el que todo tenía un precio.

El morenovallismo nunca fue una ideología; era un modelo de negocios con cargo al erario.

El Ayuntamiento de Rivera solo fue una versión “minion” de su finado opresor. Una reservada burbuja de amigos conduciendo una administración que representa un desastre para los poblanos.

Otra faceta de la crisis azul la muestran algunos personajes que se niegan a darle espacio a las nuevas generaciones. Ahí están Ana Teresa Aranda Orozco y Humberto Aguilar Coronado que ya parecen parte del inventario, del mobiliario albiazul. Sus tiempos fueron otros. Tal vez en los sexenios de Bartlett o Morales Flores tenían mayor presencia, pero hoy ya están robando oxígeno político.

Durante décadas poco o nada hicieron por crear, por construir nuevos cuadros, por abrir la puerta a una juventud deseosa de participar.

Hoy las aspiraciones de Rivera Pérez de convertirse en el patriarca albiazul se ven empañadas por una militancia que lo reprueba y descalifica.

Como un premio de consolación su amigo Marko Cortés lo puede imponer, pero quedará marcado por la falta de legitimidad. Podrán colocarlo, pero ya no convence ni a sus propios correligionarios.

La escena es la siguiente: algunas añoran sus épocas de bonanza mientras lloran sobre las cenizas del helicóptero Agusta y otros quieran construir un futuro yunquista en pleno siglo XXI.

Lo que queda del morenovallismo no representa el futuro del PAN, como tampoco el sinarquismo y la doble moral de Rivera.

Durante décadas el panismo poblano fue la sombra de un PRI hegemónico, ahora sigue en el mismo plano secundario, pero bajo la mayoría de Morena.

Solo tienen un camino: construir un futuro con una opción viable, realista y combativa. De lo contrario les esperan años de sumisión.

Al tiempo.

Como siempre quedo a sus órdenes.

X @CupulaPuebla

cupula99@yahoo.com

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javier arellano

Javier Arellano

Experimentado periodista de Tehuacán con una trayectoria de 30 años en prensa y radio; su columna Cúpula se publica desde el año 1998.