GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

24/11/2009

VIEJA Y NUEVA POLÍTICA


El 23 de marzo de 1914 José Ortega y Gasset dictó una conferencia en el Teatro de la Comedia bajo el título Vieja y Nueva Política. Como muchas de sus disertaciones, ésta adquiere una gran actualidad en el proceso sucesorio poblano.


Para quién pueda presumir de ser un serio y riguroso lector de la obra de este pensador español (no sólo de textos como “el hombre y sus circunstancias” –por cierto mal parafraseado por algunos columnistas poblanos-), sabrá que el tema de esta  conferencia se convirtió, a lo largo de su vida, en una de sus más grandes obsesiones como un intelectual crítico.


En esta conferencia, Ortega y Gasset plantea que la nueva política tiene que ser una nueva actitud histórica.


Y aunque en esta charla se refiere a la situación española, la profunda reflexión que realiza sobre el actuar de los protagonistas de la política y sobre cómo se hacen responsables del destino de millones de personas nos obliga pensar en una serie preguntas relacionadas con el futuro de Puebla.


¿Por qué, por ejemplo, la obsesión de ser gobernadores de Puebla?... ¿Para qué quieren gobernar esta entidad?... ¿Qué quieren hacer de este estado?... ¿Cuál es su proyecto de gobierno?


¿Acaso lo tienen?... Lo dudo.


¿Saben qué significa?... No lo creo.


¿Conocen realmente los problemas del estado?... ¿Saben cómo solucionarlos?


Y es que hundidos en las tierras pantanosas de la especulación, la gran mayoría de quienes han dedicado parte importante de su tiempo a escribir sobre la sucesión gubernamental (ya sea por encargo, por interés personal o bien por no quedar fuera de la discusión) lo que menos han hecho -incluyendo al que esto escribe- es realizar un análisis sobre los proyectos de gobierno que tiene cada uno de los contendientes, incluyendo a los de color azul (¿Acaso existen?).


Lo cierto es que quienes buscan el poder nos han proporcionado los elementos suficientes para hacer el análisis de su práctica política. Veamos.


Embriagados por su propia vanidad, un gran número de actores políticos deja entrever sus limitaciones y, por qué no decirlo, su pobreza intelectual, sus frustraciones personales y sus carencias y ambiciones políticas.


Algunos periodistas han mostrado, con inteligencia y oficio periodístico, el rostro de estos personajes, entre ellos las inteligentes y oficiosas entrevistas de Blanca Lilia Ibarra y Mario Alberto Mejía.


Basta leer con cierta paciencia y detenimiento estas conversaciones para constatar lo señalado líneas atrás: La precariedad intelectual que lamentablemente posee la mayoría de los aspirantes a la silla gubernamental.


Estoy seguro que si Aristóteles presenciara esta escena trágica moriría de vergüenza, pues él consideraba que para erigirse como un buen gobernante se deben tener algunas cualidades, entre ellas ser sabio, producto del conocimiento del arte de la política alimentada por los filósofos… Ser culto, resultado de la rigurosa formación artística que adquiría desde su infancia… Y finalmente ser noble como consecuencia del liderazgo que le otorgaba su propia investidura.


Al observar a los diferentes actores que participan en la sucesión, la mayoría de ellos carece de estos elementos aristotélicos: Su obsesión por suceder al actual gobernador se sustenta únicamente en la frágil e irresponsable ambición de poder.


En efecto, pocos han mostrado la sensatez y la inteligencia de un buen gobernante. Esto es, alguien que se conduzca con prudencia y que además actúe con honestidad y se interese por resolver verdaderamente los problemas sociales.


Vivimos, pues, el fracaso de la política tal y como lo planteó el mismo Aristóteles: buscar el bien común (término que de la manera más vil se apropió el PAN); esto es, trabajar bajo la investidura de gobernante para la gente, siempre por y para la gente.


Ortega y Gasset, al referirse a la nueva política como una nueva actitud histórica, cuestiona aquellos vicios que desde hace siglos ejercen los políticos. Una práctica que ha generado desconfianza entre los ciudadanos y que a todas luces ha perdido credibilidad en la sociedad.


Una práctica política que necesita, como bien refiere el español Fernando Villepín, un cambio de piel, pues en el actual reino de la política algo huele a rancio, a viejo, o a desperdicio.


Y lo que huele mal es precisamente esa práctica patrimonialista, premoderna y antimoderna, además de absurda y caricaturesca. Sí, aquella que promete futuros que siempre se han prometido y nunca se han alcanzado.


Aquella práctica política que reproduce las actitudes ostentosas y ofensivas del virrey español, las mismas que ejerció el emperador azteca que sometió a sus opositores (¿O alguien sigue creyendo que ese periodo histórico fue la tierra del edén?).


La misma que se ha vuelto fanática en reproducir actos faraónicos, ostentosos, ofensivos, violentos y agresivos para los ciudadanos en estos tiempos de crisis y austeridad.


Actos que igual se hacen para festejar cumpleaños que para demostrar el “músculo político”, gastándose millones de pesos frente a la triste y desesperada mirada de miles los ciudadanos poblanos que viven en el desempleo y la miseria (y esto no es retórica).  


Actos de jóvenes -y otros no tanto- que ejercen viejas formas de hacer política. Actos que, como bien dice Enrique Krauze, son propias de un virrey que ofende al imaginario colectivo con sus formas de ejercer el poder y sus prácticas propias del pasado.


Hoy vemos con tristeza que los jóvenes políticos hacen política vieja.


Hoy miramos con cierto desconsuelo que los jóvenes políticos, víctimas de su propia ignorancia y miseria intelectual, se erigen como los futuros dioses que nos habrán de gobernar.


Como ídolos con pies de barro que son seguidos por voces enfurecidas, por frenéticos fanáticos partidistas, oportunistas con disfraz de empresario, periodistas que -como en los tiempos del viejo régimen que no se acaba de ir- incrementan sus arcas personales para favorecer la causa del “nuevo señor”… Sí,  del próximo virrey.


¿Y Puebla y su futuro?


¿Y el futuro de la gente?


¿Acaso vale la pena preguntar?


¿Acaso sirve de algo?


No lo creo, la fuerza y la obsesión del Gran Elector por dejar a su preferido en el trono para que se convierta en el nuevo virrey es más fuerte que todos aquellos motivos que viven en los poblanos.


Jaque Mate


Sí, mi estimado Rueda, tal y como percibes en tus efímeros momentos de lucidez (es sarcasmo), estamos en la puerta de la continuidad, a punto de negarnos la posibilidad del cambio, en las proximidades de la continuidad de la mediocridad y en el permanente atraso que seguiremos viviendo.


No lo digo yo, apreciado Rueda, estoy seguro que tú tampoco. Lo dicen los indicadores, lo confirman los resultados, no los gubernamentales por cierto. Lo dice la realidad inapelable, lo dicen las personas de carne y hueso, los niños, las mujeres y hombres: Esa verdad es irrefutable.


¿Acaso importa? Para el Supremo Decisor no, para el ungido tampoco.


¿A caso importa el futuro Puebla y los poblanos? 


Ya, en serio, ¿Usted qué dice respetable lector?

 

Nos leemos la próxima

 



 
 

 

 
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