Poder y Política


Manuel Cuadras

04/01/2011

 

 

¿Feliz 2011?


Por más que trato no encuentro motivos para pensar que este 2011 va a ser un buen año. Por más que intento pensar en positivo, la realidad hace alianza con el pesimismo y termina por imponerse.


A finales del año pasado me emocionaba saber que al marinismo le quedaban pocos días de existencia, me ilusionaba pensar que el próximo gobierno haría las cosas diferentes y hacía votos porque al presidente Calderón le fuera bien en su último tramo de sexenio. Hoy, repito, tristemente descubro que el panorama para este nuevo año no tiene nada de “esperanzador”.


Basta echar un vistazo a los encabezados de los medios para corroborar lo dicho. Tan sólo hoy descubro tres notas que llaman mi atención y laceran mi optimismo:


“Liberan al mata valets…”
“Aumenta el pasaje…”
“Caerá la economía…”


¿¿¿Liberan al matavalets??? Simplemente no lo podía creer. Reconozco que en este sexenio hemos visto de todo y que ya pocas cosas pueden sorprendernos, ¿pero esto?, ¿pues en qué mundo vivimos? Esto sólo es posible en Puebla y en Springfield. ¿Cómo es posible que un tipo borracho y drogado mate a quemarropa a un valet parking con un arma “de trabajo” y hoy ande libre por las calles? Cabe aclarar que ese tipo era funcionario público, se intentó dar a la fuga en vehículo oficial y mató al joven con su arma de cargo.


¿Con quién estaba Ibarra (asesino) el día de los hechos? ¿Quién le dio la droga? ¿Por qué andaba en patrulla y armado, estando bajo los influjos del alcohol y la cocaína? ¿Cómo es que no hubo más responsables? Estas y muchas más preguntas vienen a mi mente al enterarme que una juez liberó prematuramente a una escoria como Ibarra. Seguramente dirán que todo estuvo “apegado a derecho”; sin embargo, me pregunto: si en lugar de un valet parking se hubiera tratado del hijo de un funcionario, ¿estaría libre Ibarra?


Una estela de duda se asoma en medio de la polémica resolución: fue la juez séptimo de lo penal la encargada de ordenar la liberación, curiosamente, el mismo juzgado donde se desarrollan asuntos de suma importancia para el marinismo: el asunto contra los Bernat, el (auto)robo a Finanzas, la orden de aprehensión en contra de un constructor exaliado de García Ramírez, etcétera. ¿Coincidencia?


¡Vaya forma de iniciar el año! ¿Y qué decir del aumento al pasaje? ¿No que no habría incremento en lo que restaba de administración? Así lo había anunciado Valentín Meneses y el propio secretario de Comunicaciones, ¿y luego, qué pasó? Pasó que, como ya es costumbre, el gobierno marinista acató las indicaciones del gobernador electo, es decir, Marín asumió el costo político del aumento al pasaje para evitarle una crisis política al nuevo gobierno. Es lo que se hacía en el viejo régimen priista, era una regla no escrita: “No dejarle problemas al entrante”.


Es evidente el acuerdo entre ambos mandatarios, la actitud pasiva de Moreno Valle (ante un tema de suma trascendencia) así lo demuestra. ¿Por qué no intentó revertir tal decisión tal y como lo hizo con la venta de predios de la Atlixcáyotl? Si algo ha quedado claro en estos meses de “transición” es que si a Moreno Valle no le parece una determinación del actual gobierno, sea cual fuere, se viene abajo. Pensémoslo ahora en sentido inverso: ¿por qué Marín aprobó el aumento a escasos 15 días de terminar? ¿No hubiera sido más inteligente (y hasta cómodo) dejar esa decisión a la nueva administración? Sí, pero acuerdos son acuerdos. Si alguien tenía la esperanza (al igual que yo) que Moreno Valle revisara las tropelías de Marín, denunciara lo que hubiera que denunciar y ejerciera el poder de manera diferente y responsable, me temo que se equivocó. Al menos en estos seis meses de pre-gobierno lo que hemos visto es la concentración de poder (excesivo) en una sola persona, sin ganas de compartirlo. Pasamos pues, en el mejor de los casos, de una monarquía moderna a un sistema de mini-presidencialismo recargado.


Y por si esto fuera poco, la prestigiada revista The Economist anunció una caída en la economía mexicana, pasando de un crecimiento anual de 4.6 en 2010 a 3 por ciento en 2011, ubicándonos por debajo de países como Chile, Perú, Paraguay, Colombia, Uruguay, Argentina, Cuba y, por supuesto, Brasil. (http://impreso.milenio.com/node/888969)


¡Feliz 2011!

 



 
 

 

 
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