Poder y Política


Manuel Cuadras

10/05/2011

 

 

Moreno Valle y Eduardo Rivera: el matrimonio fallido


¿Cómo llegaron las cosas hasta este punto? ¿Por qué tanto distanciamiento? ¿Por qué en tan poco tiempo? ¿Por qué me trata así? ¿Qué le hice? Éstas y otras preguntas deben estar rondando por la mente del Presidente Municipal, Eduardo Rivera, ante el comportamiento gélido del gobernador hacia él.

 

Y es que, efectivamente, esas mismas preguntas nos las hacemos muchos de los que observamos esa extraña relación. Digo “extraña”, porque “oficialmente” son del mismo Partido, aunque todos sabemos que en realidad no lo son. “Extraña” desde el momento en que no congenian, pero tienen que fingir llevarse bien. “Extraña” porque pasaron del amor al odio en menos de tres meses.

 

Esta situación de “matrimonio fallido”, no es nueva, lo mismo les ocurrió a sus antecesores. Así sucedió en el sexenio anterior, y en el anterior, y en el anterior, pero en todas las administraciones pasadas, había una causa, una explicación “lógica”, en ésta me parece que no la hay, o al menos no la encuentro, veamos.

 

En el sexenio de Manuel Barttlet, el tibio e inexperto de Hinojosa, tuvo que padecer los estragos de un gobernador férreo que no gustaba de ceder ni un ápice de poder. Hinojosa tuvo la tierna idea de que su administración (por ser la primera panista) brillara más que la administración estatal. ¡Ohh sorpresa! Barttlet le cerró todos los caminos y le recordó que antes del 2 está el 1, así de fácil.

 

Poco más tarde, al inicio de su sexenio, el ortodoxo Melquiades Morales -conocedor (y respetuoso) como pocos de las formas políticas- intentó por todos los medios bloquear a Mario Marín para evitar que éste se convirtiera en su sucesor. Melquiades nunca perdió la clase, si bien no quería a Marín, tampoco lo odiaba, sabía que era una cuestión política, nada más, “sólo negocios” –diría Don Corleone-. El final todos lo conocemos: Marín abrió cada puerta que le cerraba el melquiadismo. Melquiades lo entendió con sobriedad y madurez.

 

¿Qué decir del sexenio marinista? Quizá sea el ejemplo más pronunciado de una mala relación entre un gobernador y un Presidente Municipal. Primero fue con Doger, con quien simple y sencillamente nunca se pudo entender (siendo que antes eran amigos entrañables). ¿Cuál fue la razón o el origen de la disputa? Que Doger “osó” candidatearse para la gubernatura (cosa que Marín sintió como una ofensa), por eso, las desavenencias no terminaron cuando acabó el periodo del alcalde, continuaron a lo largo de todo el sexenio. “De mi cuenta corre que Doger no va a llegar…” –dijo Marín- y no hubo poder humano que lo hiciera cambiar de opinión.

 

Ya para la segunda mitad de su sexenio, ocurrió algo similar con Blanca Alcalá, quien al igual que Doger, nunca contó con el apoyo del gobernador, ¿la razón? Que Alcalá era una aspirante bien posicionada para convertirse en la sucesora de Marín, cosa que Marín (nuevamente) sintió como una ofensa, y se contraponía con sus planes transexenales.

 

Vayamos aterrizando al tema original: la relación Moreno Valle-Eduardo Rivera. En todos los casos anteriores, había un móvil medianamente “lógico” para que existiera una fría relación con el Ejecutivo del Estado: Alcalá, Doger y Marín tenían aspiraciones a la gubernatura, dichas aspiraciones no quedaban simplemente en ello, sino que, los tres hacían lo políticamente posible para que su aspiración se concretara, lo cual, despertó aún más el celo del gobernador en turno.

 

En el caso de Rivera, ¿qué ha hecho para ganarse la antipatía de RMV? Supongamos que al nuevo alcalde se le antojó ser gobernador? ¿Y? ¿Ha hecho algo “incorrecto”? ¿Le ha robado cámara al gobernador? ¿Ha intentado rebelarse? ¿Ha hecho una declaración fuera de lugar? ¿Algo que el Ejecutivo pudiera malinterpretar? A mi juicio no, ¿entonces? ¿El repudio (porque eso parece) de RMV hacia Eduardo Rivera está basado en un simple ejercicio de control, de dominación? ¿Así nada más? ¿El prematuro divorcio entre los actuales mandatarios es, así, de gratis? De ser así, qué pena para los panistas (por no saber compartir el pastel) y qué pena para los poblanos (porque a nadie le conviene un matrimonio fallido…)

 

*Una afectuosa y respetuosa felicitación a todas las MADRES, no sólo en esta fecha, sino todos los días. Gracias Señora Castillejos por darme la vida, atte: Manuel Cuadras.

 



 
 

 

 
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