Poder y Política


IVÁN GALINDO
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12/01/2012

 

El partido que no quiso cambiar
(segunda parte)


Algún tiempo después, el nuevo líder del partidazo, reflexionaba acerca de los errores de sus dos antecesores. “A Francisco L. Ochoa lo entregó Zentillo, además de que era un candidato gris, sin carisma. Y a Roberto M. Pintado se le pasó el tiempo, hubiera sido un excelente candidato en 2000. Le ganó (aparte) su ambición, y los gobernadores lo abandonaron. Los hijos de la chingada de los gobernadores que él impulsó, lo terminaron traicionando, yo me tengo que cuidar muy bien de esos cabrones…”


Todo esto pensaba el nuevo líder, ya visto como mesías por una gran parte de correligionarios. “A mí no me va a pasar eso, yo sí tengo imagen, carisma, la gente me quiere, y no voy a ser tan ingenuo como M. Pintado como para confiarme en los gobernadores…”


Lo que el nuevo líder desconocía es que, para que su Partido pudiera recuperar la Presidencia de la República –que era el ansiado sueño de muchos militantes- no solo era necesario contar con un buen candidato, sino cambiar de fondo la organización y las prácticas al interior del ex partidazo. Cambiar todo aquello que tanto molestó y decepcionó a la gente, y que hizo que finalmente en el año 2000 decidieran darle la espalda. Un cambio efectivo y no sólo de imagen.


Y es ahí donde estaba justamente el problema. A partir de que el (ex) partidazo perdió el poder, los nuevos encargados se concentraron más en mostrar un rostro “diferente”, “renovado”, con nuevos logos y nuevas frases, que en llevar cabo una transformación de fondo que les permitiera corregir los vicios para fortalecerse. Aunado claro, a que los nuevos encargados se preocuparon más por adueñarse (literalmente) del Partido, en vez de democratizarlo y hacerlo más competitivo.


Lo que sucedía en aquél Partido, bien lo pudiéramos asemejar a un edificio destinado a la renta de vivienda. Con el correr de los años se fue desgastando (como ocurre naturalmente con otros edificios al paso del tiempo). El problema fue que los “responsables” del inmueble nunca se interesaron por modernizar el sistema de drenaje, ni de luz, tampoco reforzaron las columnas, mucho menos los cimientos, e incluso con el tiempo, su descuido llegó a tal grado que ni las ventanas ni las paredes –que eran lo más visible para la gente del interior y del exterior- eran atendidas. El resultado fue evidente: Poco a poco los habitantes de aquél edificio se fueron cansando y emigraron a otros edificios, al menos, de aspecto más “moderno”.


Tras la derrota del año 2000, únicamente se pintó la fachada, se puso un nuevo cartel y se pulió una que otra ventana. Pero esto no atrajo, ni a los anteriores y mucho menos, a nuevos inquilinos. La reestructuración fue, como se dice, de relumbrón.


Ocho décadas después de aquél proyecto de Don Elías para fundar un Partido Nacional, el ambiente era de contrastes para el Partido Nacional (ahora del nuevo siglo). Por un lado, las expectativas de ganar nuevamente una elección presidencial eran altas y estaban basadas en un candidato que había logrado lo que ningún otro: unir a todas (o casi todas) las corrientes internas a su favor. Pero por otro, la operatividad institucional (lo que hace que funcione la maquinaria) era tan obsoleta como un clavo enmohecido, chueco y oxidado.


Las imposiciones, los dedazos, los compadrazgos, los amiguismos, las burbujas, las exclusiones, la simulación, la cargada, el favoritismo, el acarreo, el doble discurso, la doble moral, la incongruencia, el despilfarro, la corrupción, el nepotismo, los políticos descarados, y en general, todo tipo de abusos y excesos de poder, fueron las características de los gobernantes de dicho Partido en cada uno de los estados. Todo, bajo el cobijo, la complacencia (y en algunos casos, complicidad) de su Dirigencia Nacional, encabezada en ese momento por una señora que le decían “Doña Beatriz”, que olvidó su ideología en los discursos, para pactar políticamente con la derecha y permitirle todos sus excesos (y caprichos) a los gobernadores.

 

¿Cómo hacer rentable a un partido que se niega a cambiar?

 

Continuará…

 



 
 

 

 
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