Poder y Política


Manuel Cuadras

16/08/2011

 

 

Ebrard, el próximo Manlio Fabio


Es el mejor Alcalde del mundo; tiene un perfil ciudadano; buena imagen; buen discurso; experiencia; buen posicionamiento; tablas; buenos amarres; es bien visto, tanto por empresarios, como por los ciudadanos ordinarios; y sin embargo, con todo este escenario a favor, no va a poder ser Presidente de México, es más, muy probablemente, ni si quiera candidato. Ese es Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, ex colaborador de Manuel Camacho Solís, y de Andrés Manuel López Obrador, hoy, distanciado de ambos (por cuestiones políticas precisamente).

 

¿Por qué no va a ser Presidente (me refiero al 2012)? Porque no tiene la fuerza necesaria. ¿Tiene buen posicionamiento? Sí, pero no el suficiente. ¿Qué le falto? Es difícil contestar. Indudablemente no fue por falta de resultados, como ya dijimos, es catalogado el mejor Alcalde del mundo (según la “City Mayors Foundation”). ¿Falta de decisión? Quizá, aunque creo que para la posición en la que estaba, jugó sus cartas como tenía que jugarlas, ni más, ni menos (lo mismo hizo AMLO cuando estuvo en la misma posición: todos sabían que quería la Presidencia, pero el “se descartaba”; similar a lo que hizo Ebrard los últimos cinco años).

 

De hecho, si revisamos el comportamiento de AMLO y Ebrard (ambos en su faceta dual de Jefe de Gobierno–aspirante) nos daremos cuenta que Ebrard fue mucho mas directo: mientras el primero “se dio por muerto”, el segundo nunca se descarto (ni tacita, ni expresamente) de la contienda.

 

Luego entonces, si no fue un mal gobernante, si tiene buenos apoyos, si esta bien en las encuestas, la pregunta obligada es, ¿por qué demonios no va a ser? La respuesta es simple: Ebrard fue victima de las circunstancias, me explico:

 

 Desde el inicio de su periodo, Marcelo se propuso hacer una buena gestión que le permitiera usar su gobierno como vitrina política, eso lo proyectaría como el “candidato natural de la izquierda”, lo que no contaba, era que Andres Manuel mantuviera su capital político a lo largo de todo el sexenio. Ebrard le apostaba al debilitamiento de AMLO, algo similar a lo que le ocurrió a Cuauhtemoc Cardenas, quien de ser un “virtual ganador “ en 1988, paso a ser un balón ponchado para la elección de 1994. Si eso sucedia con AMLO, los perredistas correrían a pedirle a Ebrard que los abanderara para 2012.

 

Asi pues, Marcelo se imagino dos movimientos: uno ascendente (el de él), y otro en picada (el de AMLO). Al final, ni uno creció como creía, ni el otro se hundió como muchos esperaban.

 

Hoy, Andres Manuel supera 3 a 1 a Ebrard en simpatías al interior del PRD. En cuanto a la sociedad abierta, Ebrard tiene una ventaja marginal (para efectos practicos están empatados en este rubro).

 

Ante este panorama, los escenarios para Ebrard podrían ser los siguientes:

 

1. Apostarle a una imposición en el PRD, obligando a AMLO a ser candidato por Convergencia y PT (en este escenario ambos perderían).
2. Aceptar la candidatura por Nueva Alianza. Con esto solo dividiría el voto de la izquierda y le haría el caldo mas gordo al PANAL (la única ganadora en este escenario seria La Maestra).
3. Ser el candidato ante una eventual alianza PAN-PRD. Escenario poco probable, que aun concretándose, no le garantiza nada a Marcelo (dado que los panistas de cepa, difícilmente operarían a favor de un progresista).
4. Aceptar su realidad y sumarse a la candidatura de AMLO, formando un gran bloque de todas las izquierdas (este es el único escenario en el que ambos tienen posibilidades de ganar).

 

Como puede apreciarse, el único escenario en el que Ebrard gana, es el numero cuatro, pero implica una gran madurez, inteligencia y visión a futuro. Si AMLO gana, Ebrard será una pieza clave en el sexenio de Andres Manuel, y por supuesto, candidato natural a sucederlo. Y aun perdiendo, Ebrard saldría ganando, ya que, pude pactar con Obrador, su declinación, a cambio de un pase directo al Senado, lo cual, lo erigiría (ahora si) como líder moral indiscutible del PRD, y además lo posicionaría como el interlocutor legitimo de la izquierda (en su conjunto) con el nuevo gobierno. ¿Sabe lo que representaría eso? Una especie  de Manlio Fabio del actual sexenio (con todo el poder que ello implica).

 

Conclusion: Ebrard tiene en sus manos la decisión de, enfrentarse en una cruel batalla (que de entrada la tiene perdida) o bien, jugar con las circunstancias (esas que ahora la tienen contra la pared). Como diría el clásico: “Es mejor la graciosa huida, que la apasionada entrega, ¿no cree?

 



 
 

 

 
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