Poder y Política


Manuel Cuadras

18/01/2011

 

 

La lectura del Informe


El pasado sábado se llevó a cabo la sesión de instalación de la LVIII Legislatura: una sesión atropellada para una Legislatura igualmente atropellada. Los detalles de la abrupta sesión ya se han detallado en todos los medios locales, sin embargo, vale la pena reseñarlos para mayor claridad.


Todo comenzó cuando la Legislatura pasada aprobó modificaciones a la Ley Orgánica del poder Legislativo para que Marín no se presentara ante la nueva Legislatura a rendir su último Informe y, en vez de ello, lo enviara únicamente por escrito ante la Legislatura saliente, lo cual era una evidente medida proteccionista. Los “nuevos diputados”, no obstante, se frotaban las manos diseñando una contra-estrategia para evitar que Marín saliera ileso de la crítica legislativa; para ello planearon una peculiar respuesta al Informe presentado, una respuesta a posteriori.


El plan estaba armado: los diputados entrantes harían uso de la palabra durante la sesión de apertura del Congreso, a manera de pronunciamiento, con la intención de dar respuesta al Informe de Gobierno, aunque fuera a destiempo. Si Marín creía que se había salido con la suya, estaba muy equivocado —pensaban algunos nuevos diputados—. Marín recibiría una lluvia de señalamientos y cuestionamientos por parte de un Congreso “diferente y autónomo”.


Pero como en política las cosas no son como debieran ser, un acuerdo cupular echó por la borda los deseos democráticos de dichos diputados; Marín y Moreno Valle tenían planes (y acuerdos) que rompían con ese espíritu parlamentario. Así, pues, Moreno Valle volvió a pactar protección para Marín y le garantizó seguridad en la instalación de la nueva asamblea legislativa. “Ningún pronunciamiento en contra de Marín”, fue la instrucción.


Así las cosas, llegó el famoso sábado. Para cumplir con el acuerdo los diputados “decidieron” que un representante “x” del PT hiciera una especie de pronunciamiento colectivo a nombre de todas las fracciones para “dar respuesta al Informe de Marín”, con ello se evitaba el debate y la confrontación de ideas. Obvio, el “pronunciamiento” del PT tenía que ser laxo y ambiguo. Un problema surgió de pronto (o mejor dicho, dos): no todos los diputados recibieron la indicación (línea), y algunos que la recibieron no estuvieron de acuerdo (caso concreto, José Juan Espinosa). Entonces comenzó la descomposición, nadie cumplió a lo que se comprometió. El diputado del PT (siempre sí) lanzó críticas a Marín, lo mismo que Héctor Alonso (Panal) y José Juan Espinosa (Convergencia). Todos estaban confundidos y molestos: José Luis Márquez por los “ataques” al marinismo; Guillermo Aréchiga por el protagonismo de su compañero Alonso (en realidad porque no lo pudo controlar), y Espinosa por el dichoso acuerdo entre Marín y Moreno Valle.


Hasta aquí, el recuento de los daños.


¿Cuál es la lectura de todo esto? Más allá del zafarrancho que se armó el sábado (que quedará para lo anecdótico), lo interesante es el fondo del asunto, y tiene que ver con tres aspectos:


1. La relación Marín-Moreno Valle
2. La relación Moreno Valle-diputados
3. La vigencia de la “alianza”


Moreno Valle y Marín —como se ha dicho— viven una auténtica luna de miel. Por parte de Marín es comprensible, está contra la pared, no lo queda de otra, sabe que su sobrevivencia política depende de ello, de su buen comportamiento con su sucesor; pero por parte de Moreno Valle, ¿cómo entender su comportamiento “amable” con su cuasi homólogo? Lo visto en las últimas semanas rebasa la cortesía política para rayar en la complicidad política. RMV ganó sin la ayuda de MMT, luego entonces, se suponía que tendría un margen muy amplio de acción, ¿o acaso hay cosas (acuerdos) que no sepamos?


Ahora bien, si la extraña relación entre Moreno Valle y Marín espanta, ¿qué decir de la actitud mostrada por RMV ante el poder Legislativo? Ya lo hemos dicho en este mismo espacio: uno de los peores aspectos que tienen a Puebla en el atraso democrático es precisamente la sumisión de los poderes Legislativo y Judicial ante el gobernador en turno (acrecentado en este sexenio a niveles grotescos). Moreno Valle aún no empieza (formalmente) su gobierno y ya ha dictado línea sobre dos Legislaturas, el acuerdo de protección para el “Informe” de Marín es muestra de ello. ¿Es sano para Puebla un Congreso abyecto y un gobernador omnipotente?

 

Por lo que respecta a la alianza, lo que se puede advertir es el inicio de un divorcio anunciado. Las evidentes diferencias ideológicas entre izquierda, derecha y limbo (Panal y Convergencia) comienzan a cobrar sus primeras facturas. ¿Fue una alianza exitosa? Sí, pero sólo en términos electorales (de hecho, nadie apostaba por su consolidación). Tenían un enemigo común y se aliaron para vencerlo; ahora que derrotaron al enemigo, ¿tendría algún caso mantener la coalición? No. La razón es muy sencilla: al vencer al PRI ganaron todos (PAN, Panal, PRD, Convergencia), porque TODOS ganaron posiciones, pero ahora, con la relación sumisa que parece proponerles Moreno Valle a los diputados, el único que gana es él, ¿o acaso ganan algo los partidos chiquitos siendo obedientes con RMV? No. El primero en entenderlo fue José Juan Espinosa, veremos cuánto tiempo tardan los demás en darse cuenta o, para decirlo en términos de Moreno Valle, veremos cuánto tiempo tardan en abrir los ojos

 



 
 

 

 
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