Poder y Política


Manuel Cuadras

24/05/2011

 

 

El chavo de Calderón


En 1973, en plena cruda del “milagro mexicano”, con una incipiente crisis económica que presagiaba grandes males para el país, el presidente Luis Echeverría tomó la decisión (una de sus tantas decisiones populistas) de jugar con la mente de los mexicanos. Era urgente manipular la percepción ciudadana, que para ese momento ya se había acostumbrado a escuchar y decir palabras como: deuda, inflación, desempleo, etcétera.


Era justo la mitad del sexenio; atrás habían quedado los años de estabilidad y crecimiento, y la crisis era ya una realidad.


Fue entonces cuando el presidente le encargó un proyecto a su amigo Roberto Gómez Bolaños, mejor conocido como Chespirito. “Necesito que armes un programa (TV) en el cual se hable de la pobreza, pero desde otro enfoque. Que la gente no se sienta mal por ser pobre, al contrario, que la gente vea que se puede ser pobre y ser feliz…”, fue la idea (instrucción) que le dio Echeverría al creativo de la televisión.


Roberto Gómez Bolaños se puso a pensar, y después de algunos meses dio con el objetivo; diseñó un programa con todos los matices que el presidente quería:


-Un niño de la calle (El Chavo), sin padres ni familia.


-Una madre soltera (doña Florinda), protectora al extremo de su único hijo (Kiko), quienes tuvieron que mudarse a una vecindad, ya que la crisis los obligó a deshacerse de sus propiedades.


-Un hombre desempleado (don Ramón), que vivía en un modesto departamento con 14 meses de renta a cuestas, con su única hija (La Chilindrina) producto de un matrimonio fallido.


-Un profesor (Jirafales) que desempeñaba su profesión con mucho amor, pero con poca metodología.


-Un hombre que vivía de sus rentas (señor Barriga) que padecía los estragos que le hacían pasar sus inquilinos, quien, al igual que ellos, vivía al día, sin poder invertir para mejorar la infraestructura de sus condominios.


-Todo en el marco de una modesta vecindad, carente de servicios, presa de la inseguridad, de las que abundaron precisamente en la década de los años 70 del siglo pasado en nuestro país.


Sin embargo, el ambiente que se respiraba en aquella vecindad era de armonía, de fraternidad y felicidad. Más allá del humor fino (que hasta hoy en día seguimos disfrutando), Chespirito logró su cometido: que las familias mexicanas se vieran reflejadas en esa serie televisiva y que se sintieran orgullosas de su condición. “Qué bonita vecindad, qué bonita vecindad, es la vecindad del Chavo, qué bonita vecindad…”. Echeverría se sacó un diez, y Chespiritose inmortalizó.


Cuatro décadas más tarde, en plena cruda de la “guerra contra el narco”, el presidente Calderón ha tomado la decisión (populista, por cierto, ¿quién lo diría?) de jugar con la mente de los ciudadanos. Era urgente hacerlo, ya que la mayoría de los mexicanos nos hemos acostumbrado a escuchar y decir palabras como: secuestros, ejecuciones, atentados, etcétera.


Ante este panorama, el presidente Calderón, aquél que tanto criticó de “populista” a López Obrador, aquél que advirtió a los mexicanos que AMLO era una amenaza, hoy le ha encargado un proyecto a su amigo Emilio Azcárraga. “Necesito un programa en el que hables de la (in)seguridad, pero desde otro enfoque. Que la gente no se sienta mal por la violencia, al contrario, que sienta que somos mejores y que vamos ganando la batalla…”, eso debió decirle Calderón a Azcárraga, y éste a su vez a Pedro Torres, productor ejecutivo de la serie.


¿En qué consiste el programa? En presentar una visión heroica de la “guerra contra el narco”, mostrando cuerpos policiacos de élite, bien capacitados, bien armados, con jefes ajenos a la corrupción, peleando contra narcos mal organizados y temerosos de la ley, en fin, todo lo que Calderón tiene en su mente y que quiere convencernos que está sucediendo en el país.

 

Echeverría logró su objetivo parcialmente, ya que hoy la gran mayoría de mexicanos lo recuerdan como el iniciador de la crisis económica. Chespirito se fue a las nubes y es recordado con cariño y admiración por muchos. ¿Qué será de Pedro Torres y Calderón? El primero seguramente quedará bien con su jefe (Azcárraga) por atraer algunos puntos de rating a la empresa. ¿Y Calderón? Dudo que los mexicanos se crean su versión de los hechos que nos quiere vender. Lo más seguro es que termine en el mismo lugar que Echeverría. ¿A poco no es cierto aquello de que “la vida y el tiempo se encargan de poner a cada quien en el lugar que le corresponde…?”. ¿No?

 



 
 

 

 
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