Poder y Política


Manuel Cuadras

31/05/2011

 

 

Eruviel y Peña Nieto son como Messi y Guardiola


Impresionante, apabullante, soberbio, magistral, enorme, sublime. Así juega el Barcelona, éste Barcelona, el que lleva cinco años comiéndose absolutamente todo lo que encuentra a su paso. Se podría escribir una enciclopedia completa (so pena de quedarnos cortos) para definir la filosofía que envuelve al Futbol Club catalán.


No es ésta una columna deportiva, así que no entraré en detalles de si es o no el mejor equipo de la historia, lo que es un hecho es que el Barcelona es mucho más que un simple equipo que juegue bien al futbol. El Barcelona es una institución con valores humanos, con principios, armonía, unidad, identidad y mística, algo que no muchos “equipos” podrían presumir.


Lo visto el pasado sábado sólo vino a confirmar todo esto que ya de antemano sabíamos (y que algunos nos negábamos a reconocer). El Barcelona fue infinitamente superior a su rival, de hecho, sólo fueron 17 minutos de “competencia”, lo demás fue un monólogo futbolístico, una ponencia dictada por Josep Guardiola titulada: “Cómo ganar una Champions con elegancia y contundencia”.


Por parte del Manchester, ¿qué podemos decir? Todo México lo vio por el morbo (deseo, ilusión, presentimiento) de ver un gol del “Chicharito” que no llegó (ni hubiera llegado jamás). En realidad el Manchester no se veía tan débil (me refiero hasta antes del partido), por el contrario, se veía un equipo sólido, equilibrado, sobrio, y por momentos hasta poderoso, todo parecía indicar que sería una final cerrada. ¿Qué fue lo que pasó, entonces? Nada, que frente al Barcelona todos los rivales lucen pequeños o, en el peor de los casos, desaparecen (como el caso que nos ocupa).


Todo este preámbulo futbolístico lo quiero llevar a una analogía: el Barcelona es tan superior a los demás equipos como lo es el PRI (en este momento) frente a los demás partidos políticos, al menos en lo que se refiere a la contienda rumbo al 2012.


Cierto es que el Barcelona no es solamente Messi o Guardiola, pero no se puede entender el crecimiento que ha tenido dicho club sin la participación de ambos personajes. En el PRI ocurre algo similar. El PRI es mucho más que un personaje carismático, pero tampoco se podría entender el posicionamiento actual de dicho instituto sin la participación de Enrique Peña Nieto, quien junto con Eruviel Ávila están haciendo lo mismo que Guardiola y Messi, es decir, aplastar a los rivales.


Todo le sale bien a Peña: impone candidatos, genera consensos, suma simpatías, atrae multitudes, vence a sus adversarios, incluso la decisión más difícil que ha tenido: designar a Eruviel (que no era de su burbuja) le salió bien.


Eruviel, por su parte, complementa el futbol armónico que requiere el PRI para regresar a Los Pinos. Es un trabajo en conjunto: Peña Nieto define la estrategia, Eruviel mete goles y con ello se fortalece la marca PRI, lo mismo que ocurre con el triángulo Guardiola-Messi-Barcelona.


Imparables, así parecen Peña y Eruviel, mientras que sus rivales, pequeños y con esfuerzos inanes por llegar (aunque sea) al área rival. Justo es decir que, al igual que el Manchester, Bravo Mena y Encinas (oponentes de Eruviel) no se veían tan débiles, pero frente a la aplanadora Peña-Eruviel cualquier rival luce indefenso.

 

Dicen que todo lo que sube tiene que bajar. ¿Cuándo comenzará el declive del Barcelona? ¿Cuando envejezca Messi? ¿Cuando salga Guardiola? ¿Cuándo llegará el declive de Peña? ¿Cuando pierda Eruviel? ¿Cuando el PRI postule a Manlio? Nada de eso va a pasar, ni el Barcelona se va a deshacer de sus astros, ni el PRI postulará a alguien que no sea Peña. Digo, salvo que algo extraordinario ocurra, porque tanto en el futbol como en la política, las fracturas existen.

 



 
 

 

 
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