Poder y Política


Manuel Cuadras

22/04/2009

Dedicado a quien corresponda


Dentro del fascinante mundo de la literatura, existe una obra titulada El sobrino de Rameau escrita por Denis Diderot. En ella, el autor nos narra un extenso y exquisito diálogo entre un filósofo (que podría ser él mismo) y un hombre que vive la vida sin sistemas ni prejuicios de ningún tipo; un charlatán, un vival, un trotamundos, interesado, oportunista, bribón, prosaico, irrespetuoso, y por supuesto: bufón. Ese era el sobrino de Rameau, un tipo sin lealtades ni principios (y sin ganas de tenerlas) que contrastaba con la personalidad de su tío (Rameau) un músico célebre, culto, brillante, reconocido y respetado entre la más alta sociedad francesa.


La conversación ente el filósofo y el sobrino de Rameau, por sí misma es una joya y rebasa las barreras del tiempo y del espacio, ya que en todas las épocas y en todos los lugares se dan circunstancias como las que narran nuestros alegres protagonistas, y por supuesto que Puebla, sus políticos y algunos periodistas, no son la excepción. ¿A cuántos actores del gran teatro de la política poblana les quedaría el papel del sobrino de Rameau? Veamos.


Sobrino de Rameau (SR): Haría como todos los nuevos ricos; sería el más insolente canalla que jamás haya existido. Recordaría todo lo que me han hecho sufrir y les devolvería todas las sevicias que me hicieron. Me gusta mandar y mandaría. Me gusta que me adulen y me adularían… Luego unas cuantas mujeres. Inventaríamos calumnias. Nos entregaríamos a los más bajos instintos y a los peores vicios. Sería delicioso.
Filósofo (F): ¡Vaya! ¿Y defender a la patria?


(SR): ¡Vanidad! Ya no hay tal cosa de la patria. De un polo a otro no veo más que tiranos y esclavos.
(F): ¿Ocupar un cargo en la sociedad y cumplir con su deber?


(SR): ¡Vanidad! Desde el momento en que se aceptan tales cargos sólo con el fin de enriquecerse… Cumplir con su deber ¿a qué conduce? Hay que adular maldita sea, ¡adular!

(F): Sos muy digno de lástima si no comprendéis que no es posible ser feliz, si no estás protegido de buenas acciones.

(SR): Con esa clase de felicidad me sería difícil familiarizarme… pues estoy cansado de ver infinidad de gente honrada que no es en absoluto feliz, e infinidad de gente feliz que no es en absoluto honrada.

(F): ¿Eso os parece? Lo principal es buscarse un medio de subsistencia libre de toda servidumbre.

(SR): Libre o no, por lo menos el que yo me había buscado era el más descansado y el más indicado para mí, dado que soy un vago, un tonto y un inútil.

(F): De acuerdo.

(SR): Pues bien, si puedo lograr la felicidad mediante unos vicios que me son naturales, que he adquirido sin trabajo, que conservo sin esfuerzo, que armonizan con los hábitos de la nación, que están bien vistos por aquellos que me protegen (…) además ¿por qué con tanta frecuencia la gente devota se vuelve insociable? Eso no está hecho para mí, ni es lo que me piden mis protectores; tengo que ser alegre, adaptable, complaciente, divertido, como un bufón. La virtud se hace respetar, y el respeto es incómodo. La virtud se hace admirar, y la admiración no es divertida. Yo trabajo con gente que se aburre y a quien tengo la obligación de hacer reír. Pero sólo hace reír lo ridículo y enloquecido, por tanto, tengo que hacer el ridículo y el loco… y para acabar de una vez, os diré que no me gusta vuestra felicidad, ni la de otros visionarios como vos.


Hasta aquí el extracto de este increíble y envolvente diálogo.


¿A cuántas personas conoce como el sobrino de Rameau? ¿Cuántos políticos se habrán identificado con la frase de: “Recordaría todo lo que me han hecho sufrir y les devolvería todas las sevicias que me hicieron”.


¿Cuántos políticos conoce que están fascinados por los signos del poder (camionetas, helicópteros, ayudantía, guaruras, Ferraris, Rolex, viajes a Europa, ranchos, caballos, etcétera, etcétera)? ¿Qué tal la parte que dice “Me gusta mandar y mandaría. Me gusta que me adulen y me adularían” ¿Se acordó de algún político que construye obras faraónicas para ser el centro de los reflectores (y de las adulaciones)?


En fin, ¿a poco no es fascinante la obra de Denis Diderot? Espero les haya gustado y se diviertan encontrando parecidos con los políticos, empresarios y periodistas de nuestra entidad…

 



 
 

 

 
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